NO OLVIDEMOS. PUDO NO HABER SUCEDIDO.
En el marco del día Nacional de la Memoria, la Verdad y la Justicia compartimos el discurso pronunciado por la Lic. Gladys Loys, en ocasión del acto oficial realizado el día 27 de marzo de 2023 en la Universidad Nacional de Santiago del Estero. El mismo estuvo organizado por la Cátedra Libre de DDHH y el Área de DDHH de la UNSE. Buenos días. Saludo la presencia de quienes se encuentran hoy 24 de marzo de 2023, por el DIA NACIONAL DE LA MEMORIA POR LA VERDAD Y LA JUSTICIA en la Universidad Nacional de Santiago del Estero. (...) Cuando más adelante en el tiempo, las instituciones de este siglo se desvanezcan en el venidero, y de este presente sólo quede la memoria de lo que hoy, aquí, hacemos, y ella se guarde en relatos; querríamos hacer de este quehacer, legado. Que se recuerde que también fuimos parte de lo instituyente para que el 24 de marzo sea en el calendario académico una fecha para conmemorar, como lo indica la Ley de la nación N° 25633/2002, en todo el territorio argentino, a las víctimas del auto llamado proceso de reorganización nacional; la dictadura militar que usurpó el gobierno del Estado Nacional argentino desde 1976 hasta el 10 de diciembre de 1983. Los sobrevivientes del genocidio del siglo XX en Argentina, somos sus testigos. Con gestos, palabras, actos y narrativas, intencionales o espontaneas damos testimonio. Llamativamente, sin acuerdos, pero de forma coincidentes con sobrevivientes de tiempos y latitudes distantes, como un deber de memoria: hacemos saber, hacemos saber a qué se sobrevivió y como lo logramos. Cuando esta universidad, un siglo más tarde, con éste su presente, actúe como memoria, con lo que hoy hicimos, ¿Qué irrupciones de futuro provocará en ese por venir? SABEMOS que, si hay acto por la consolidación de la democracia y la defensa del estado de derecho, es porque en nuestro actual estado de derecho cabe su contrario, aquel golpe a la constitucionalidad. ¿Quiénes se harán destinatarios de esta composición, que como universidad somos en medio siglo de educación superior pública y de pluralidad territorial conquistada? Universidad que no quiere olvidar QUE el proceso que convirtió el poder de libertad en poder arbitrario e ilimitado para cometer crimen contra la vida, y al Estado en una máquina de coerción y exterminio, sembrando el terror y cegando la vida para provecho de minorías, un genocidio, el genocidio pudo no haber sucedido. Y, que frente al hecho de que pudiendo no haber sido, FUE, tiene un reclamo que pende para el presente, un pasado a develar, una advertencia contra la indiferencia, contra el desconocimiento. Un deber moral, una responsabilidad para hacerle justicia, el de otorgarle al pasado el derecho que le faltó. Para que lo que pudo no haber sido, fuera. Para que así ocurriera, las universidades fueron blanco de la abolición de derechos consagrados desde la Reforma Universitaria, y sus docentes cesanteados, exiliados, y junto a estudiantes detenidos, asesinados y desaparecidos. Para que lo ocurrió no siga actuando, Tenemos una cita moral con el pasado Una oportunidad de conocimiento y sensibilización. Si no dejamos que el sufrimiento nos equivoque creyendo que todo el dolor humano nos duele necesariamente igual a todos…..Si no ilusionamos con que contar tal como fueron los hechos universalizará el sentido de democracia y sin olvidar lo poroso de sus significados históricos, no saturados. Aun así: esperamos, que para todos, la democracia no se sienta democracia hasta tanto y si no en tanto estemos todas y todos incluidos de manera justa en los repartos de los bienes que producimos y en los que nos genera la tierra; y reconocidos en igualdad de respeto ciudadanos; lo diverso, lo distinto, todos, todos y todas defendiendo que nunca mas la universidad, y la población Argentina pague con vidas su conciencia y libres del temor de ser arrojados al mar si disentimos. Este es, también, un Acto para traer el pasado como acción restitutiva de la humanidad que nos faltó entonces….Podría decirse que el mar se solidarizó con este propósito, cuando el 20 de diciembre de 1977 trajo a la costa de Santa Teresita los cuerpos desnudos, atados con soga y alambre, golpeados y con sus cabezas cubiertas con bolsas de arpillera? ¿alcanzó? Siguió faltando, hubo que marchar 28 años más, aun, para ver cómo la ciencia con su tarea de plenificar la vida, sumó su conocimiento y al identificar los cuerpos y éstos recuperaron su nombre. Luego continuo el acto moral de restituirles derecho de identidad, 46 años después. Nora Cortiñas, Madre de la Plaza, fue quien les dio sitio en la memoria colectiva, al decir quiénes son y que hicieron: son tres madres, que secuestradas juntas, 2 en la iglesia de la Santa Cruz, volvieron juntas, las identificaron juntas y están de vuelta en el solar de la memoria donde descansan, regresan al mismo lugar de donde las llevaron, juntas, juntas vuelven a decir que fue un plan, siniestro, y con esa verdad indiscutida a proponer el camino para encontrar justicia. Cada 24 de marzo tenemos una cita con el pasado, no podemos olvidar lo que pudiendo no haber ocurrido ha sucedido. Ocasión para saber qué lo hace posible, reflexionar sobre esas pervivencias que quedan y que persistiendo pasarían al futuro, repitiéndose en las generaciones venideras las citas con su pasado. Les dejaríamos el peso de restituir dignidades y derechos por lo que nosotros hoy en el presente dejemos sin hacer. ¿Con que silencios y olvidos se compone la lógica de este joven señor, quien, mientras concreta el despacho de mi compra de limones y manzanas, aboga “para que vuelvan lo militares a poner orden”? Argumento con información en contra de su deseo, y él me aclara que sí sabe lo que hizo la junta militar, pero justifica su violencia genocida, algo le dice a él, que esas vidas valen menos, que no cuentan como muertes. Para él no equivalen las vidas, esas muertes no le duelen. Para él solo cuenta la violencia política. La del Estado está justificada. El horror tomó dimensiones inauditas, con actos de inimaginable crueldad, tan siniestros, tan arteros, que aquella parte de la población que no reaccionaba buscando, demandando, reclamando, denunciando cerraba todos sus sentidos para no ver, no escuchar, no saber. Para lograr el cometido de hacer parecer bueno y legitimo un proceso de violencia ilegal, de atropello y abolición de toda norma constituida para la convivencia de la Nación Argentina, de entrega de nuestros recursos económicos y valores democráticos, se necesitó dejar el cuerpo de los que lo resisten afuera de los parámetros de aceptabilidad ciudadana, para descargar en ellos- como antes ocurrió con los judíos, los armenios, los pueblos originarios-, la culpa de todos los males sociales. Así hacer de la sanción, que tomó forma de exterminio humano, necesaria y aceptable. Tuvieron a la mano lo construido como enemigo interno, éste privado de derechos, restado de su condición de ciudadano, deja de ser persona, y apelando a ello, a un acumulado que nos precede en siglos, que se transmite y emplea como útil herramienta para tener el control del país en forma absoluta, emprendieron su plan siniestro. Pero lo que creyeron impune: apoderarse absolutamente y sin límites de la vida y de la forma de muerte del otro, es un fondo oscuro NO asimilable, por lo que no salieron victoriosos, no lograron arrastrarnos a la aceptación complaciente, ni por todos ni por siempre, no lograron esa versión de nosotros, el genocidio es inaceptable No hay historia exterior a uno mismo, somos parte de ella, hay un fondo irreductible que nos recuerda lo humano y cada 24 de marzo nos comprometemos en todo el territorio nacional para no olvidarnos de ello.