NOS TENEMOS EN LA MIRADA

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Viernes, 4 de Marzo del 2022

NOS TENEMOS EN LA MIRADA


¿Con la sangre de quién se crearon mis ojos?

Donna Haraway, 1995

 Es verano, mar, lentes polarizados y desde el privilegio de una reposera hablo con una una mujer que estoy conociendo en ocasión de amigues en común, que nos reúnen en vacaciones de verano. Es oftalmóloga, yo psicóloga, ya tenemos en común por ahora ser profesionales, mujeres, en el ámbito de la salud. No tardamos mucho en llegar a puntos óseos, por atajos, muy cómodamente:  Llegamos a preguntas frecuentes: ¿Que acción correcta nos debemos permitir para salir de la rutina?; por qué nos quedamos en espacios de trabajo donde el poder convive en forma de jefe, de pariente, de institución?; Cómo hacer más largos y redituables momentos placenteros y pocos rendidores? ¿Cuáles son las preguntas correctas que debemos hacernos?  Etcétera etcétera

Hablamos de la gimnasia del ojo, de que no garpa, porque no implica medicación que sí garpa; de la preparación del tejido del ojo que hace posible un trasplante; de que es posible prevenir dolencias de la mirada. Le pregunto si sus pacientes hablan sobre qué les da placer mirar. Me cuenta que con ella hablan del padecimiento orgánico y subjetivo, de que llegan con bolsas llenas de gotas y le siguen pidiendo “que les de lágrimas porque otra vez les lloran constantemente los ojos”. Que son ciclos. Mujeres que vuelven reiteradamente: “-doctora otra vez me llora”. Ella les dice: -“ en vacaciones no les va a llorar”. Y claro, se confirma la pre-visión.

La conversa nos pone en común. Tenemos pacientes que lloran y a las que les lloran sus ojos. Y a las que escuchamos. Y nos preguntamos a qué le estamos poniendo la mirada, también cuando escuchamos. Y nos reposiciona para pensarnos en cómo nos miramos en nuestra propia vida.

Nos suceden encuentros frecuentes donde ponerle la oreja a la otra, nos ubica en los mismos puntos pivotes donde vamos armando un escenario que nos pone a construir puntos de vista y otra posible escena por mirar, por atender.

Nos sucede porque el sentido de la mirada de muchas mujeres es cuidadosa y abarcadora y nos reapropiamos de esa lucidez.

Sin Perdernos de vista

Las conversaciones con varias de mis amigas de principio de año fueron muy coincidentes: Parar un poco. Cambiar el ritmo. Renunciar a algunas tareas. Hacer tracking una vez por mes., No amargarnos. Coincidencia de desilusiones. De hartazgo en espacios de militancias “-Te puedo pasar mi mejor meme que dice: “Te ofrezco mi servicio anticouch de vida:Te explico por qué la vida no tiene sentido”.

 Nos llevamos el apunte en esos registros parecidos. Queremos volver a nuestra adolescencia enlatada por un rato. El feminismo también a veces nos rompe los ovarios. A varias nos cansa la suposición constante de sororidad homogénea entre mujeres y/o disidencias. La ilusión de redes siempre amables, de alianzas seguras. Nos hemos chocado con muches con tremendas logísticas patriarcalizadas por todos lados. También seguimos aprendiendo los circuitos y modos de algunos feminismos organizados que hacen mucho bien y mucho mal.  Pero quiero decir que está bueno detenernos y hacer conciencia en las microposibilidades o micropotencialidades en lo que vislumbramos. Es ahí donde es que estamos en un universo común, donde podemos apoderarnos de una cosmovisión pragmática, que nos acompaña y nos salva, donde podemos cobijarnos al encontrar una experiencia pasada y una práctica de coincidencia. A veces más en las afectaciones que en los hechos, aun cuando entre nosotras pareciera que no tenemos "nada que ver". 

Nos la vemos venir.

¿Tal vez “el ojo” sea el terreno corporal menos conquistado? “Quien nos quita lo mirado”? Hay un registro afectivo cifrado en el cuerpo del padecimiento y del placer, ambos nos sirven para un saber seguir mirando colectivo e histórico.

La historia de las luchas revela que las mujeres miramos en profundidad. Que al registro de la mirada le quepa ser enigma, que pueda ser singular, que nos lo permitamos, que esté despejado el campo visual de ordenamientos, que podamos despojarnos de lo propio en la mirada, que sea una entrega, que las secuencias de lo que se pretenda ver sean únicas y delirantes, tendrá que ver con esa latencia empática, donde podemos suspendernos en lo propio para poder leernos entre nosotras. Reanimar el poder de leernos en lo que es importante para ampliarnos el mundo.

¿Cuál es la mirada que permite otro mundo, o en otro sentido, en dónde se enfoca la escucha? ¿Qué hace la diferencia?, Qué mirada posibilita el despliegue de una subjetividad? ¿Qué desregula y visibiliza lo velado? Nos estamos preguntando por nosotras y por las otras, nos estamos descifrando, ese es el movimiento: una misma fuerza de vivencias enmarañadas históricamente que nos lanzan al encuentro. Todas nos hemos escuchado en narrativas sobre experiencias de violencias y en las que “nos la veíamos venir” o en lo que presumimos la violencia, aunque nos agarró estáticas, pudiendo luego ponerle signo, a una intuición que luego hace insight repentinamente. Nos pasamos la caja de herramientas para saber hacer con eso. Muchas veces la simulación, la actuación o mensajes en códigos que podemos captar y darnos rescate. Un legado que es saber latente ante la otra que está allí, que puede darse permiso y constituirse como un indicador, porque hay también otros miles en el mismo cuerpo trémulo ante el peligro.

Tenernos en la mira

Llamo a una colega a quien conozco de vista y necesito comunicarme. Intento dar explicaciones de quien soy, luego de una reunión con una especie de jefe atropellador de turno. Me dice repentinamente: ·-“Ya se quien sos vos!!, -estabas con el barbijo, nos miramos y con esos ojitos indignados me dijiste todo!!· Y nos reímos un montón.

En situaciones cotidianas y espontáneas, nos percibimos en un trasfondo de posibilidades que implican no sentirnos solas. También lo estamos, Y lo sabemos. Más aún en los momentos bisagra por donde hemos pasado desde que fuimos niñas y ya no lo somos, donde somos madres o no los somos, donde somos pareja o no lo somos, donde trabajamos y donde no podemos trabajar, etc, Es decir, donde la tirantez binaria nos tensa, siempre. 

Pienso que decimos que nos tenemos, porque nos sentimos afectadas en una zona de entendimiento. Porque podemos ponerle el ojo atento a la otra porque estamos atravesando o hemos pasado por las mismas miradas inquisidoras y mandonas. A veces vislumbrando fugas que, aunque no las hayamos tomado aún, las tenemos en la mira. Las intuimos, las construimos y alguna nos indica la dirección cómplice hacia la aliviante zona de indefiniciones.

-“Será por esa frase que nos gustó tanto a las feministas la película del libro de Ferrantes: La Hija Oscura. ¿Cómo era? ¿La atención es la forma más rara de la generosidad? o las más pura? ¿O las dos?

Si la atención conlleva un saber, es un saber que no intenta definir ni desestimar qué es un padecimiento o un placer. La mirada en ese saber comprensivo pero que además conlleva la posibilidad de abrir paso a la pregunta y no cierra sentidos. Comprender desde el gesto; en el pie para la palabra, en la sorpresa, en el descubrimiento de la complicidad, en advertir la angustia en la otra, el momento opresivo, la dificultad ante el imperativo, la incomodidad en la piel, en generar el espacio, la puertita de salida, en indicar la llave, en señalizar el refugio, en dar el lugar que alivia. Es un saber que subyace en un espacio de resonancia, encontrando bifurcaciones inéditas, aunque sin saber qué es “ser resueltas”, saber seguir con el problema en el sentido más noble, nos dice Donna Haraway.

Una Óptica es una política de posicionamiento, una ética del cuidado. Entonces allí cabe vernos en la ambigüedad y la mezcla sin definiciones. En la magia de sentirnos acogidas al mirarnos, sin tanto requisito.



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