UN ESPEJO EN LA POESIA
Hace apenas unos meses,
en una de mis visitas habituales a la capital de Santiago del Estero y fiel a
mi afición por los libros, que más bien parece un trastorno compulsivo por la adquisición
de literatura y específicamente poesía, es que me encuentro en la Librería café
Utopía, con Salto a la Luna de Andrés
Navarro, a quien sigo desde hace algún tiempo por razones estéticas y gustos
personales respecto a la lectura. Mencionado ejemplar, fue publicado por Chernobyl ediciones en el año 2021 en Santiago
del Estero. El libro ostenta un diseño de tapa sugerente que invita a su
lectura. Personalmente sabía, que se trataba de una singularidad. Las obras de
arte, específicamente hablando de Literatura, son y serán por siempre un “artefacto”[1]
en el sentido formalista, singular.
Inmediatamente lo tomé
en mis manos y comencé a leer algunos versos, salteándome algunos fragmentos y
tal vez, uno que otro poema completo. Fue en la página 17, bajo el título: Un Puntito que encontré la justificación
perfecta para comprar el ejemplar y leerlo completo. La contemplación de la
tarde en su ocaso expresada en este fragmento: “perdérsele lejos, lejos hasta quedar hecha un puntito” Esta
construcción poética, provocó en mí, lo que provocan las trompetas antes de un
gran anuncio. Inmediatamente pagué el ejemplar y me dirigí a una de las mesas
del bar situado en el mismo local, para leer e infringirme una herida estética,
de esas que dejan cicatriz y placer.
El libro de Navarro,
nos invita a revisitar lugares, escenas cotidianas, miedos y certidumbres
desestabilizadas, en una intercalación precisa y respetuosa del género, entre
pequeñas narraciones y poesía. Lo cotidiano, se vuelve mágico y los objetos
pierden su automatización para convertirse en objetos desautomatizados cargados
de belleza estética, que provocan empatía e introspección que inquieta las
fibras más íntimas del alma.
En su poética
reflexiona sobre cosas simples y profundas, como el leguaje, se atreve a “teopoetizar”[2]
haciendo seños, guiñadas de ojos, en sentido figurado, sobre reflexiones
filosóficas profundas ya señaladas por filósofos y pensadores del
lenguaje.
El poeta tiene
responsabilidad estética, y en este sentido, se puede afirmar, que Andrés la
asume en su plenitud. Toma la inocencia de la niñez y la deducción ingenua de
la infancia, para provocar en los adultos un acontecimiento que no dudo en
nombrar como anamnesis, un viaje a las profundidades del ser dotando a ese
acontecimiento, de belleza y singularidad.
¿Cuáles serían las
razones para comprar y leer este libro? Supongo que serían de las más variadas.
Responde a todas las cualidades y atributos de la buena literatura, que no
busca hacer del ejercicio de escribir un sitio de auto-referencia egocentrista,
sino más bien, un hecho que repara en el lector, como ese otro, que se
encuentra con el “artefacto” para
hacerlo suyo y dotarlo de múltiples significancias, que provocan, denuncian,
reflexionan y elevan la experiencia estética a un lugar que no deja dudas de su
existencia.
Cada relato, cada verso
es el sitio de encuentro con una epifanía, con una proeza, con una utopía del
ser. Esto hace que cada pieza del libro pueda cobrar independencia de todas las
otras y también articularse al resto en una cohesión perfecta.
El libro de Navarro,
entretiene, empatiza y es de ágil lectura. En él se pueden encontrar
arrevesadas interpretaciones y también sencillas evocaciones a la cotidianidad
convertida en poesía. La palabra desprovista de excentricidades, es sin duda,
la materia prima de la que se sirve el escritor, en este caso, para crear un artificio
único y alcanzable para todos los lectores, independientemente de su extracto
social, franja etaria, género, o nivel de instrucción, el único requisito es
leer dispuestos a sentir.
Lo más interesante de
este libro es que su contenido podría resumirse en un pequeño fragmento del
poema de Jorge Luis Borges llamado Arte
Poética. Cito:
“A veces en las tardes una cara
nos mira desde el fondo de un espejo;
el arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara”
Es por ello que, puedo afirmar, sin lugar a dudas que, la poética de Andrés Navarro, nos regala ese espejo, que nos devuelve miradas que inspiran y provocan el goce.
[1] Concepto de los
Formalistas Rusos
[2] Teopoetizar: deslizar conceptos teóricos, filosóficos de forma poética, construcción inexistente en el idioma español, artilugio para referirme a una construcción poética que tiene sus raíces en conceptos teóricos. (Juárez Cabrera, Jóse 2022)