PIO MONTENEGRO Y EL DECRETO DE LA LLUVIA

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Sábado, 26 de Septiembre del 2020

PIO MONTENEGRO Y EL DECRETO DE LA LLUVIA

Pío Montenegro fue gobernador entre 1936 y 1939. La historia oral lo describe como “niño bien”, queriendo decir familia de alcurnia; alto, ilustrado, elegante, y un humorista nato. Su decreto de la lluvia figura entre una veintena de anécdotas igualmente imperdibles que  circulan en los círculos memorialistas y en la narrativa[1]. Mantuvo una actitud un tanto indiferente ante la sequía, que consideraba magnificada por la prensa. “La sequía es un invento de los Castiglione…” (cit. por Carol 1991). También manifestó hostilidad hacia la campaña de ayuda solidaria a nivel nacional, afirmando que el Estado no la solicitaba y que dañaba la imagen de la provincia colocándola en una actitud mendicante. Gracias al relato de los familiares de Palumbo, así como de las especies que circulan en el cuento popular pude reconstruir la escena de ese día. Esa mañana nublada y ventosa Montenegro recibió la visita de una delegación de agricultores y criadores de Silípica y Loreto que venían a plantearle las graves dificultades que enfrentaban por la falta de agua, pues en algunas zonas ya habían pasado ocho meses desde la última lluvia, no habían podido sembrar, y ahora sus animalitos se morían al borde una represa seca. Como solución proponían la canalización del Nambí, un antiguo brazo del río Dulce, que les permitiría un alivio, y hasta se ofrecían para hacer el trabajo. Conociendo las dificultades para realizar esta obra, proponían el mejoramiento del Canal San Martín. Agregaron que recibirían agradecidos cualquier ayuda que el funcionario pudiese dispensarles. El gobernador se sintió conmovido por la ansiedad de sus comprovincianos, y les dijo que ya se ocuparía de los canales de riego, pero que estaba dispuesto a hacer algo más, y haciendo una seña a su secretario, que aguardaba junto a una máquina de escribir, artefacto novedoso del que solo disponían los empresarios y los organismos del Estado, le dictó lo siguiente: -Visto el problema de los pobladores de Silípica y Loreto aquejados por la sequía reinante. Y considerando la alta responsabilidad de nuestro gobierno, siempre sensible a los reclamos de la comunidad y de la patria toda; y que corresponde asistir con medidas urgentes y necesarias que demuestren sentido social. Por ello, en uso de este ministerio público, decreto:

Artículo 1º: Prodúzcase una lluvia general en toda la zona afectada por la sequía.

Artículo 2º. De forma. Comuníquese a los interesados. Cumplido, archívese. Pío Montenegro, Gobernador.

Después de firmarlo y entregarles copia, los despachó entre risas y abrazos, y quizá logró aflojar los tensos rostros con su insólito decreto de la lluvia, que podría figurar en la novelística latinoamericana, pródiga en situaciones ligera o absolutamente fantásticas. Sin embargo, se trata de un caso real, que he registrado en el anecdotario a través de varias fuentes.[2] Los “cuentos” de Pío Montenegro figuran ya en la literatura santiagueña y en la prensa de la época. Al citar este caso a través de una versión literaria, no lo hago sólo para ilustrar el humor santiagueño, sino para mostrar uno de los muchos procedimientos que componen el repertorio de las políticas ambientales. La historia de Santiago del Estero es pródiga en ejemplos que vinculan la administración de las fuerzas naturales a un poder superior. Retornando al humor del gobernador, vemos que al dictar su decreto asume un papel mesiánico que en el imaginario popular se esperaba que representase, aunque deformándolo en la parodia. Dado que los procedimientos para pedir la lluvia incluían cultos ancestrales, religión institucionalizada, así como tecnología y ciencia “modernas”, no debe asombrarnos que el Estado figurase también entre los poderes a que convenía acudir. Pero ese año los campesinos no pedían magia sino canales.

Jordán Yleret: “El informe de la seca”. Primera mención en la Bienal Sala Federal en el rubro novela, Consejo Federal de Inversiones, B


[1] Cfr. José M. Sánchez Díaz: “El rancho del mate del sol de febrero”, Cuentos de la ciudad vieja, Barco Edita, 1996, pp. 45-62.

[2] Entrevistas a Jorge Rosenberg, Horacio Demóstenes Chazarreta, José María Sánchez Díaz, Orlando Medina y Ricardo Sgoifo. 92

 

Gob. Pio Montenegro



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