POESIA DEL ESTERO

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Miércoles, 17 de Noviembre del 2021

POESIA DEL ESTERO

El escritor Silvio Mattoni coordino dos talleres de poesía en Santiago de Estero durante el año 2020 y 2021, los mismos se realizaron de manera virtual con el auspicio de la Municipalidad de la Capital.

Resultado del trabajo compartido se editó una antología poética titulada “Poesía del Estero”. A continuacion compartimos  algunas de las poesías que integran el libro “Poesía del Estero”.

 

SABRINA BARREGO


 AHORA

Ahora que ya lo pusimos en palabras,

mientras hablábamos de trenes y

de tus dedos de pianista.

Ahora que las metáforas no sirven, no dicen nada,

recordé esa tarde en que leí frente a vos y

tan de cerca el poema número 11 y

nada me dijiste, y yo

no fui capaz de percibir en tu silencios y

éramos nosotros las mismas hierbas palideciendo y

es mi legua ahora la que se rompe y

no puede decir ni una palabra.

Ahora, que miro al amor distinto,

no puedo ofrecer más que

que los contados surcos de mis manos torpes y

decidí no ser la piedra

donde rompan y se deshagan quienes me amen.

 

Así como el otoño borra con su bruma

la línea de las montañas,

realmente no falta tanto para que estemos muertos.

 

Cuánto pesa, cuánto mide,

qué hacemos con el amor.

 

DOÑA ANA

 

Renacerás desde tus cenizas en un país extraño.

Los niños a quienes vestiste durante generaciones

se irán olvidando de tu nombre poco a poco,

las letras desdibujándose de a pares,

pero no así los números tatuados en tu muñeca.

 

No sé porque insisto con este juego cada vez más

brutal de recordar los detalles de esos días

que aparecen como cuerpos porosos

y mi madre rellena contenta ahora que le pregunto.

Nuestra memoria compartida se parece

a las hojas del otoño que se desprenden

mostrando su lado oculto.

 

*

Quiero escribir un poema que hable de vos

a los catorce años en un Campo cosiendo para los nazis,

salvando tu vida entre los tanques apenas con una aguja.

Quiero escribir un poema que hable de tu escape

casándote con un viejo por encargue a una empresa

de putas que traía chicas rubias a Sudamérica.

 

Cuando la guerra terminó estabas viva pero sola,

como quien ha estado en el infierno, ida y vuelta

muchas veces.

Recuerdo el color de tus ojos y el cabello blanco

asomándose por tu pañuelo,

esa puntada invisible que reúne a los recuerdos

con sus sombras.

 

-       DANIEL AUATT

 

UN ARCO DE SILENCIO

Un arco de silencio

solo duracion

agonia del lenguaje.

La ausencia sube como calor

ante azules y violetas tormentosos

luces submarinas

consumidas en sueños.

Y te mantienes ante el oleaje

de la distancia.

 

A VECES HABLAR NADA DICE

A veces hablar nada dice

a veces hablar

solo esconde con ruido

las notas del olvido que nutre

suerte que no puede

mas que mirar atrás.

 

Y las palabras pajaros ciegos

mirando al cenit del miedo

 

Entonces, algo sucede entre el viento

y esa especie de inmovilidad

que hace nacer la transparencia

 

La luz del son en tus cabellos.

 

-       GABRIELA ALVAREZ


BRILLO

 No quisimos ser otros

reconocer que existió el hambre
cuerpos en la rutina del miedo.
Hubo algo de dificultad
y  temperamento
la confianza de que no existía
otra atmósfera
mas que vanidad creciendo
en el brillo de nuestras piernas.

 

DESCUIDO 

 No sé cuidar a un hombre, le digo a Lucía. 

Apenas lo veo doblado sobre mis piernas 

le acaricio el pelo con golpes torpes. 

Acomodo sus cejas con mi dedo índice 

y luego espero a que abra los ojos 

o que mencione algo de lo que vio.

 

¿En el sueño? 

No, en mí. 

 

El hombre está dormido

le muevo los dedos

como tocando las teclas de un piano.

¿Adivinas la música?, le pregunto.

Flexiona sus rodillas 

gira, no abre los ojos 

descansa. 

 

(¿Y si lo despiertas?) 

 

En otro momento hubiera deseado

que levante sus manos 

y lleguen hacia mis ojos.

 

Ahora se posan en la ventana

en las calles

observan la sensualidad 

en el movimiento de un árbol 

en los pájaros de mañana

o en el puñado de tierra

que ondula como olas de calor 

sobre el cemento. 

 

-       BELEN NAVARRO

 

PLUMA

 El enjaula sus pies blancos en el agua detrás de los míos

hay barro de sangre en esa playa donde sueño

que una pluma de cóndor en sus manos sube

que en las mías, un pájaro simple

y la cicatriz del atardecer

 

en esa montaña cabe la inmensidad del viento

en el agua de mi boca la suya se congela

vela la belleza de ojos redondos que nos miran

desde un pequeño cuerpo de yin y yang

un arcoíris de colores terrosos

turbio y agobiante

sobre su cabeza nevada

 

puedo imaginarlo sobre mi

en el rincón

que han pisoteado los caballos

puedo escuchar una promesa que se llame águila

tan quieta y ausente como el resto de este día

 

pareció abrazar mi cuello con solo la mirada

pareció ahorcarme en el paisaje

hizo que perteneciera mi alma a la misma coordenada

donde intentó amar la naturaleza

donde hubo fantaseado que fuéramos eso

lo inagotable

 

le presenté vida y muerte en el mismo roce

demandó que pintara dos colores en la sombra

porque no podía verme

escribimos nombres en el río, siendo aún nosotros

y quisimos encajar

realmente quisimos encajar los pies

en las huellas de ese cóndor

entre sus patas unidas y fuertes

 

logramos mirarnos, con un iris oscuro y el ojo único de Dios,

preexistieron al desvelo

y al minuto mismo en que el sol

iluminó nuestro cadáver acostándose a dormir

en la tumba del segundo día

 

Permanece un lugar en mi recuerdo donde he soñado

que la sangre corría por mis plumas

que un cóndor se abrazaba de dolor.

       

-      -  TRANSMUTACIÓN

 

Flor del oblonga del cydonia del membrillo

en el jardín de la primavera

 

quintilla de seda sobre la nariz

y un chorro de acuarela rosa

limpiando vapor de sus ojeras

 

se zambulle con fuerza

en ese día incompleto

doce membrillos para saborear

lo que hubo de ser dulce

 

un jardín de primavera

que no pasea nadie

juega a la escondida

con fantasmas que viste el sol

 

y la observa omnipresente

adentro del cydonia:

alas mujer

arcángel mujer

grifo mujer

espectro mujer

 

cabellos dulces, oxidados

sentado en una rama, adentro de la copa

 

primavera del suicidio, le llaman

juega con la suerte a ser alas de pájaro

 

y en ese bosque corona de seda

volar a ninguna parte

 

besar la gravedad

fundirse con el suelo

hacer raíces

comer tierra

tierra

tierra oscura.


SEBASTIAN BARRIONUEVO 


Llanto


Antes de que el niño haga suya la palabra,

el llanto es una pronunciación recurrente en sus ojos, 

a veces, es una inundación que enceguece todo,

las lágrimas de un diluvio que no busca germinar respuestas,

sobre la deriva puede desconocer la escucha hasta ahogarla.

 

Estos desencuentros primitivos 

no se hacen con la sustancia sonora que se derrama

ni con las telarañas sordas de las respuestas.


 Quien solo pretende guarecerse del desconcierto,

le encuentra siempre un nombre equivocado al deseo,

 diques con paredones rotos,

ventanas que en vez de abrirse están tapiadas.


Antes de que las sílabas y los acentos alambren los sonidos

el alma canta su animal,

algunos silencios resisten hasta la muerte su condición indómita, 

la naturaleza toda sacudiendo su instinto,

ese temblor indescifrable que calla y nos descubre



 

 



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