POESIA DEL ESTERO
El escritor Silvio Mattoni coordino dos talleres de
poesía en Santiago de Estero durante el año 2020 y 2021, los mismos se
realizaron de manera virtual con el auspicio de la Municipalidad de la Capital.
Resultado del trabajo compartido se editó una antología
poética titulada “Poesía del Estero”. A continuacion compartimos algunas de las poesías que integran el libro “Poesía del Estero”.
SABRINA
BARREGO
AHORA
Ahora que ya
lo pusimos en palabras,
mientras
hablábamos de trenes y
de tus dedos
de pianista.
Ahora que
las metáforas no sirven, no dicen nada,
recordé esa
tarde en que leí frente a vos y
tan de cerca
el poema número 11 y
nada me
dijiste, y yo
no fui capaz
de percibir en tu silencios y
éramos
nosotros las mismas hierbas palideciendo y
es mi legua
ahora la que se rompe y
no puede
decir ni una palabra.
Ahora, que
miro al amor distinto,
no puedo
ofrecer más que
que los
contados surcos de mis manos torpes y
decidí no
ser la piedra
donde rompan
y se deshagan quienes me amen.
Así como el
otoño borra con su bruma
la línea de
las montañas,
realmente no
falta tanto para que estemos muertos.
Cuánto pesa,
cuánto mide,
qué hacemos
con el amor.
DOÑA ANA
Renacerás
desde tus cenizas en un país extraño.
Los niños a
quienes vestiste durante generaciones
se irán
olvidando de tu nombre poco a poco,
las letras
desdibujándose de a pares,
pero no así
los números tatuados en tu muñeca.
No sé porque
insisto con este juego cada vez más
brutal de
recordar los detalles de esos días
que aparecen
como cuerpos porosos
y mi madre
rellena contenta ahora que le pregunto.
Nuestra
memoria compartida se parece
a las hojas
del otoño que se desprenden
mostrando su
lado oculto.
*
Quiero
escribir un poema que hable de vos
a los
catorce años en un Campo cosiendo para los nazis,
salvando tu
vida entre los tanques apenas con una aguja.
Quiero
escribir un poema que hable de tu escape
casándote
con un viejo por encargue a una empresa
de putas que
traía chicas rubias a Sudamérica.
Cuando la
guerra terminó estabas viva pero sola,
como quien
ha estado en el infierno, ida y vuelta
muchas
veces.
Recuerdo el
color de tus ojos y el cabello blanco
asomándose
por tu pañuelo,
esa puntada
invisible que reúne a los recuerdos
con sus
sombras.
- DANIEL AUATT
UN ARCO DE
SILENCIO
Un arco de
silencio
solo duracion
agonia del
lenguaje.
La ausencia
sube como calor
ante azules
y violetas tormentosos
luces submarinas
consumidas
en sueños.
Y te
mantienes ante el oleaje
de la
distancia.
A VECES
HABLAR NADA DICE
A veces
hablar nada dice
a veces
hablar
solo esconde
con ruido
las notas
del olvido que nutre
suerte que
no puede
mas que
mirar atrás.
Y las
palabras pajaros ciegos
mirando al
cenit del miedo
Entonces,
algo sucede entre el viento
y esa
especie de inmovilidad
que hace
nacer la transparencia
La luz del
son en tus cabellos.
- GABRIELA
ALVAREZ
BRILLO
No quisimos ser otros
reconocer que existió el hambre
cuerpos en la rutina del miedo.
Hubo algo de dificultad
y temperamento
la confianza de que no existía
otra atmósfera
mas que vanidad creciendo
en el brillo de nuestras piernas.
DESCUIDO
No sé cuidar a un hombre, le digo a Lucía.
Apenas lo veo doblado sobre mis piernas
le acaricio el pelo con golpes torpes.
Acomodo sus cejas con mi dedo índice
y luego espero a que abra los ojos
o que mencione algo de lo que vio.
¿En el sueño?
No, en mí.
El hombre está dormido
le muevo los dedos
como tocando las teclas de un piano.
¿Adivinas la música?, le pregunto.
Flexiona sus rodillas
gira, no abre los ojos
descansa.
(¿Y si lo despiertas?)
En otro momento hubiera deseado
que levante sus manos
y lleguen hacia mis ojos.
Ahora se posan en la ventana
en las calles
observan la sensualidad
en el movimiento de un árbol
en los pájaros de mañana
o en el puñado de tierra
que ondula como olas de calor
sobre el cemento.
- BELEN
NAVARRO
PLUMA
El enjaula sus pies blancos en el agua detrás de los míos
hay barro de sangre en
esa playa donde sueño
que una pluma de cóndor
en sus manos sube
que en las mías, un
pájaro simple
y la cicatriz del
atardecer
en esa montaña cabe la inmensidad
del viento
en el agua de mi boca
la suya se congela
vela la belleza de ojos
redondos que nos miran
desde un pequeño cuerpo
de yin y yang
un arcoíris de colores
terrosos
turbio y agobiante
sobre su cabeza nevada
puedo imaginarlo sobre
mi
en el rincón
que han pisoteado los
caballos
puedo escuchar una
promesa que se llame águila
tan quieta y ausente
como el resto de este día
pareció abrazar mi
cuello con solo la mirada
pareció ahorcarme en el
paisaje
hizo que perteneciera mi
alma a la misma coordenada
donde intentó amar la
naturaleza
donde hubo fantaseado
que fuéramos eso
lo inagotable
le presenté vida y
muerte en el mismo roce
demandó que pintara dos
colores en la sombra
porque no podía verme
escribimos nombres en
el río, siendo aún nosotros
y quisimos encajar
realmente quisimos
encajar los pies
en las huellas de ese
cóndor
entre sus patas unidas
y fuertes
logramos mirarnos, con
un iris oscuro y el ojo único de Dios,
preexistieron al
desvelo
y al minuto mismo en
que el sol
iluminó nuestro cadáver
acostándose a dormir
en la tumba del segundo
día
Permanece un lugar en
mi recuerdo donde he soñado
que la sangre corría
por mis plumas
que un cóndor se
abrazaba de dolor.
- - TRANSMUTACIÓN
Flor del oblonga del
cydonia del membrillo
en el jardín de la
primavera
quintilla de seda sobre
la nariz
y un chorro de acuarela
rosa
limpiando vapor de sus
ojeras
se zambulle con fuerza
en ese día incompleto
doce membrillos para
saborear
lo que hubo de ser dulce
un jardín de primavera
que no pasea nadie
juega a la escondida
con fantasmas que viste
el sol
y la observa
omnipresente
adentro del cydonia:
alas mujer
arcángel mujer
grifo mujer
espectro mujer
cabellos dulces,
oxidados
sentado en una rama,
adentro de la copa
primavera del suicidio,
le llaman
juega con la suerte a
ser alas de pájaro
y en ese bosque corona
de seda
volar a ninguna parte
besar la gravedad
fundirse con el suelo
hacer raíces
comer tierra
tierra
tierra oscura.
SEBASTIAN BARRIONUEVO
Llanto
Antes de que el niño haga suya la palabra,
el llanto es una pronunciación recurrente en sus ojos,
a veces, es una inundación que enceguece todo,
las lágrimas de un diluvio que no busca germinar respuestas,
sobre la deriva puede desconocer la escucha hasta ahogarla.
Estos desencuentros primitivos
no se hacen con la sustancia sonora que se derrama
ni con las telarañas sordas de las respuestas.
Quien solo pretende guarecerse del desconcierto,
le encuentra siempre un nombre equivocado al deseo,
diques con paredones rotos,
ventanas que en vez de abrirse están tapiadas.
Antes de que las sílabas y los acentos alambren los sonidos
el alma canta su animal,
algunos silencios resisten hasta la muerte su condición indómita,
la naturaleza toda sacudiendo su instinto,
ese temblor indescifrable que calla y nos descubre
