Poesía radioactiva: Daniela Rafael & Ignacio Ratier

Cookies

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios.

Lunes, 28 de Junio del 2021

Poesía radioactiva: Daniela Rafael & Ignacio Ratier

“¿Esto es un poema?”, es una pregunta que se hace el yo lírico en uno de los poemas pertenecientes a “Un sapo aplastado en la avenida San Martín”, el poemario de Daniela Rafael, incluido en la Colección SIAMESA publicada a fines de febrero de este año por la editorial Chernobyl. En ese mismo libro, acorde a la idea de siamés que plantea la colección, se encuentra el poemario de Ignacio Ratier titulado “Edificio en llamas” en donde pueden leerse los siguientes versos: “Porque si la poesía no se trata/ de dar todo el amor que quisimos/y no pudimos entregar/ yo ya no sé/ yo ya no entiendo”. Me gusta pensar en ese diálogo poético como una puerta de acceso a este libro. Una de las preguntas que los autores parecieran hacerse es, entre otras cosas: ¿De qué manera se teje la escritura de poesía? Lo interesante es que a la respuesta a esa pregunta llegan, más que teorizando, escribiendo. Proponiendo un viaje a través de sus poemas.

            Este libro objeto, que desde el vamos seduce a la vista con su presentación, propone dos recorridos. De un lado, los poemas de Daniela Rafael. En “UTP”, uno de los poemas que se encuentra hacia la mitad del poemario, se lee: “Es un puema, digo/como ir de la vida hacia la muerte/”. Quizás haya ahí una pauta de lectura. Es ese el viaje que proponen estos poemas: De la vida hacia la muerte. Desde el poema “Antes del desorden” en el cual el yo lírico se recuerda en su infancia junto a su abuelo esperando que pase el tren “puedo estar en este poema/ínfima, ínfima”, pasando por el poema que le da título a su poemario, en el cual el yo lirico es ya una abogada litigante que quiere escribir poesía y se pregunta si lo que escribe es un poema: “Le escribo a un amigo. /Pregunto: ¿Esto es un poema? /”. Pregunta que ella misma se encarga de contestar en el poema que le sigue, ahora ya en el rol de madre, cuando dice: “Ser poeta puede ser simplemente/estar sentada en un sillón, de noche/ mientras mi hijo mira el celular”. Una madre que le lee a su hijo un poema de Wislawa Szymborzka mientras este apoya la cabeza en su hombro. Una de las imágenes más hermosas del libro y que recuerda a los poemas de Sharon Olds. Hay, también, en estos poemas, la posibilidad para el yo lirico de estar en otro lugar. El mar y su visión como el lugar que se anhela: “Lo que he querido toda mi vida/ es abrir la ventana/ y ver el mar”. Este viaje cierra, de la vida hacia la muerte, con “Q.E.P.D”, un poema que comienza así: “Cuando por fin muera/voy a vengarme” y también dice “Será todo impredecible/igual que el ánimo en este poema”. ¿Qué dejamos tras nuestra partida? Un desorden tan grande que no pasa desapercibido y posible de ser ficcionalizado. Ficción donde entran todas las vidas que no vivimos y que podríamos haber vivido, parece contestar el poema.

            “Fuego”, la canción de la banda “El Mato A Un Policía Motorizado”, comienza de la siguiente manera: “Desde el pueblo más lejano de acá/ Siguiéndote /Vamos esta noche puede ser mejor/ Mirándote”. Esta canción podría encajar perfectamente como la musiquita que suena en la cabeza de uno al leer el poemario de Ignacio Ratier “Edificio en llamas”. Un par de preguntas para empezar: ¿Qué representa el edificio que se incendia en el título? ¿La familia? ¿El hogar? ¿La pareja? ¿Uno mismo? ¿Todo eso junto? Sea cual sea la respuesta, pareciera ser necesario para el yo lírico tomar distancia. En el poema titulado “Llueve” podemos leer “Llueve/ estoy lejos de casa, /hace dos horas/estoy sentado/sobre esta piedra/molida por el mar, /un humo negro/planea/encima de la ciudad”. Hay un viaje, hay un mar y también literatura. El poema nombra y enumera: libros de Parra, de Berlín, de Ferreyra, quizás, igual de importantes que la estampita del Gauchito Gil en esa travesía. Y también una marca temporal: “Hoy murió Nicanor” nos dice (Son las vacaciones de enero de 2018). El viaje sigue, como pasaba con los poemas de Daniela, aquí también los poemas dialogan entre ellos. En el poema siguiente titulado “A veces tengo diálogos telepáticos que terminan mal” el yo lírico corta el teléfono y contempla un paisaje modesto pero hermoso: “Casa, chalets, arboles parcos/ladridos agudos y niños jugando” para concluir diciendo “Pensé en lo frágil que soy/ y en que puedo endurecerme/hasta estallar. Los poemas fluyen y tienen ritmo. Ritmo, entendido como esa inscripción particular que cada sujeto hace de su historia. En el poema “A veces camino sin rumbo”, observamos dos cuestiones: Una poesía que tiende hacia lo narrativo y la potencia de todo lo que queda implícito, de lo no dicho. Dividido en dos partes, podría pensarse como un pequeño cuento escrito en verso. La primera parte, después de un derrotero por la ciudad siguiendo a personas random, concluye de la siguiente manera: “Me senté en un cantero a pensar/ ¿en qué? / a pensar, nada más que eso”. En “Mama está rota” el yo lírico hace repaso de su familia: “Mamá está rota/papá está roto/[...]mis hermanos también están rotos […]/ […] cuando te conocí, me lo dijiste, /estoy completamente rota/ y yo, querida/ no puedo hacer nada./. Mientras que en “Un bolsillo en la mochila” nos encontramos con algunos de los versos más hermosos del poemario, los citados al principio: “Porque si la poesía no se trata/ de dar todo el amor que quisimos/y no pudimos entregar/yo ya no sé/ yo ya no entiendo”. Uno los lee y siente sonar en loop en la cabeza los versos finales de la canción de “El Mató” que dicen: “Ahora soy mejor, ahora soy mejor, te juro soy mejor”. Como sucede en el poemario de Daniela, el viaje que nos propone Ratier en “Edificio en llamas” también termina con un poema referido a la muerte que se titula “Un cartel que diga todos vamos a morir”. El poema arranca proponiendo poner dichos carteles en las salas de neonatología y después la enumeración se expande cada vez más abarcando diversos lugares y momentos de una vida, con un ritmo y un lenguaje que recuerdan a los poemas de Mariano Blatt, pero esta enumeración no es caprichosa, termina diciendo Un cartel que diga que todos vamos a morir “En los chistes de la Revista Barcelona que compraste al mediodía cuando te dijeron que el abuelo no pasaba la noche”. La muerte y el dolor son tan grandes que ahora extienden su manto a todo lo anterior y lo resignifican. La enumeración funciona aquí como la frase latina “Memento Mori”.

            Para concluir, podríamos decir que, frente a la pregunta inicial “¿De qué manera se teje la escritura de poesía?”, tanto Daniela como Ignacio parecen contestarla, por medio de sus poemas, con lo siguiente: a través de una escena que se vuelve a mirar desde otro lugar, de aquello cotidiano que se desfamiliariza, de un instante ínfimo que se elige privilegiar, como también de un detalle en el cual se hace foco para decir y adquiere ambigüedad. Todo esto es posible observarlo en la escritura de ambos, como lo vimos anteriormente. Pero no solo eso, hay también en ellos una sinceridad brutal: en “UTP”, el poema de Daniela Rafael, el yo lírico piensa en el término “Crisis económica” y tiene deseos de vengarse, hacer mucho daño, ponerlos en fila y ser la más inmoral de todas. Y en esta sinceridad brutal no hay pretensiones de escándalo, hay una búsqueda maniática por encontrar la verdad. Lo mismo sucede en el poema “El Barrio” de Ignacio Ratier. Leemos ahí los siguientes versos: “Preguntate quién te lleva al barrio/ por qué te lleva al barrio/ para qué quiere el barrio/ después, no lo dudes, anda al barrio/.  Pero después del desencanto, de la sospecha, de descubrir los chanchullos que siempre existen entre los compañeros que se aprovechan de esos espacios, el mismo yo lírico que nos puso en guardia al comienzo termina casi gritándonos: “TOMATE BIEN EL PALO/ volvé a tu casa/y deja que el tiempo te prepare/ para escribir un poema/ sobre por qué el barrio se llena de giles/ que vienen de afuera”. Con todo esto nos encontramos en la Colección SIAMESA editada por Chernobyl. Poemas sinceros y sentidos con la fuerza de un “Cross” a la mandíbula, como quería Arlt.



Categorías

Autores