POESÍA Y CAPITALISMO

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Domingo, 5 de Noviembre del 2023

POESÍA Y CAPITALISMO

Jesús habla y multiplica los panes y los peces.

Una multitud come gracias al milagro de Jesús.

Esta parábola no solo narra el milagro

sino que también pone en escena la relación

entre la economía y el poder de las palabras.

Por derivación, esta escena es una teoría

anticipatoria del problema entre poesía y capitalismo.

¿Cómo puede la palabra esquivar la economía

o mejorar la economía? Jesús no se hizo esta pregunta

pero se deriva de su acto.

Juan Rodríguez 

 

 

1

   ¿Qué es un poema en el “excesivo prosaísmo” del mundo contemporáneo? ¿Cómo suena un poema en el ruido desopilante del presente?

   La poesía ha encontrado sus modos de circulación. Hay que decir la verdad de Perogrullo: la poesía no avanza por los canales oficiales. La poesía existe porque se inventa para sí misma los circuitos.

   Un poema es un invento de la lengua así como un ensayo es una creación de la conciencia o como un teorema matemático es un producto de la razón. Hay algo de terca imaginación en el poema, un rumor de artefacto autónomo. Y de ahí le viene la lucha con la realidad, con la recarga de realidad virtual o realidad real que vivimos día a día. Un poema es un artefacto fascinante, desplazado, marginal y perfecto. Y un artefacto es un artificio. Es decir, un poema crea una zona inexistente, del mismo modo que un teorema matemático lo crea. Poema y teorema gestan un futuro y se fundan en esa invención dislocada del presente. Por eso la poesía es la zona utópica del mundo moderno. Ya sabemos que hay poesía en una cierta canción o en una pintura abstracta o en una fotografía o en el cine de Eisenstein. Pero el poema es la concentración de la poesía y, por ende, es uno de los pocos artefactos autónomos de nuestro mundo. Lo más parecido a un poema es el concepto de “idea” de Platón o un teorema matemático. De ahí que al lector no entrenado le resulte difícil leerlo desentrañarlo.

 

2

   El poeta francés Yves Bonnefoy dice que el verdadero poeta "es el que no se adapta a las imágenes del mundo que ha edificado" (con su lengua)... "y esto (pasa) porque toda lengua... sigue siendo abstracta... (A su vez, esto) priva al locutor de la realidad de lo que esta tiene... de infinito"[i]. Para Bonnefoy un poeta crea un universo con la lengua y nunca alcanza a nombrar la vasta infinitud de la realidad. La lengua siempre es abstracta y el poeta lucha para convertir en personal esa lengua. Cuanto más personal es “su” lengua menos abstracta es. Pero nunca el poeta alcanza una lengua o un conjunto de imágenes que den cuenta de lo infinita realidad.

   Lo que plantea Bonnefoy es que el poeta se encuentra ante una imposibilidad: dar cuenta de la vastedad de lo real. Hay una asimetría entre lengua y realidad. El mundo en sí es inalcanzable. Detrás de Bonnefoy están Nietzsche, Fritz Mauthner y detrás de Mauthner están Borges y Alberto Caeiro, el heterónimo de Pessoa[ii].

   ¿Todos pensamos que es así? Hay estéticas de la poesía que sostienen lo contrario. Heidegger entiende que el poeta toca lo real de una forma que no lo hace otro artista ni el filósofo. Schopenhauer sostiene que la música –el genio musical– roza la esencia del mundo. Bonnefoy parte de un supuesto distinto: las cosas son inalcanzables y ni el poeta ni nadie pueden anotar su esencia o su infinitud.

 

 

3

   Más allá de las concepciones escépticas de Nietzsche, Mauthner o Borges, el filósofo Arturo Serna propone una hipótesis que encuentra lo poético en los objetos y en ciertas acciones. No ve a la poesía como un producto necesariamente humano que existe sólo en la relación entre el lenguaje y las cosas:

 

   También puede pensarse a la poesía como un elemento de la realidad, es decir, como aquel componente extraño e inesperado de las cosas o del encuentro de las cosas con los sujetos en ciertas circunstancias. En ese caso, lo poético es un elixir de la realidad, un elemento difícil de definir, un hálito de nada, un aire o un brillo o una opacidad o un entresijo que aparece en ciertas situaciones. La poesía de la vida o la maravillosa explosión de lo poético acaecen, a veces, sin que nadie se lo proponga o, a veces, ocurre por la decisión esmerada de un artista de circo o del trapecio. Me refiero a eso impensado y único que sucede cuando nos deslumbra el horizonte, el paisaje de un aeropuerto o la velocidad de las cosas. Lo poético es ese instante en el que el mundo estalla. O nosotros sentimos que estallamos. Surge, o puede surgir, de la combinación de factores que hacen del mundo un instante irrepetible[iii].

 

   A partir de lo que dice Serna aparecen interrogantes: ¿qué es lo poético? ¿Cómo se traslada? ¿Surge del encuentro entre el sujeto y el objeto? ¿Sólo está en las cosas?

   Para indagar en estos asuntos es necesario pensar en cuál es la relación que tiene lo poético con la realidad. Es decir, qué hace con lo real. ¿Lo desactiva? ¿Lo trastoca de alguna manera?

   Podemos pensar que transforma y amplifica lo que entendemos por real. Amplia el horizonte de lo posible[iv] y, en cierta manera, nos ayuda a ver lo real con otros ojos, desde un punto de vista diferente. Quizás por eso no puede ser destruido o aplazado por la fuerza arrolladora del dinero.

 

4

   La poesía es un género marginal, despreciado por el mercado capitalista. ¿De qué está hecho un poema? Es evidente que no solo de palabras. Entre los versos,  algo escapa al orden vigente: el texto cifra algo que se fuga de la sociedad, encarna una expresión privada, intima; es un suceso que logra evadir las presiones de lo social y de lo políticamente correcto. El poema es, en cierta medida, una figura utópica, desobediente. ¿Por qué sobrevive la poesía en el prosaísmo monetarista en el que estamos sumergidos? Sobrevive porque los productos del mercado solo se miden en términos de rédito económico y la poesía está fuera del círculo, es literalmente excéntrica. Un soneto o unos versos forman un punto díscolo, una línea fuera de eje. La pregunta ¿cuánto cuesta? es una interrogación ridícula. Quiero decir: un libro tiene un precio pero el poema, lo poético, no responde a la demanda estrictamente económica, excede esa demanda.

 

5

   El poeta toma la tangente de la demanda económica y, en cierta medida, de toda demanda, incluida la social. El poema tiene un elemento que va en contra de la comunicación. En cierta medida, descree del dogma de la comunicación. Un poema nos hace preguntar, de nuevo, ¿hacia dónde nos conduce el exceso de medios comunicativos? ¿Para qué sirven? De alguna forma, los dislates tecnológicos plantean una negación del misterio del ser humano: nos brindan fórmulas, repeticiones, clichés. Las redes sociales profundizan la superficie y el vacío de las comunicaciones sociales.

   Un poema va en contra del río o de la corriente híper tecnologizada. Instala un hiato, un pozo ciego, produce un salto en el lugar común social de la comunicación tecnológica. Corta el flujo ruidoso de la híper conexión virtual. Es una bomba en el supuesto tecnológico contemporáneo. Hace saltar el cliché. Es una alarma, tiene una función subversiva. Nos hace salir del monótono ritmo y nos ayuda a repensar y ver nuestras manías.

   El poema no es un narcótico sino una clepsidra absorta que nos brinda la posibilidad del instante eterno o una forma verbal que nos ayuda a ver, como un faro en la niebla.

 

 

 

 

 



[i] Bonnefoy, Ives. 2017. El siglo de Baudelaire. Ed. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires.

[ii] No hay evidencia de un encuentro entre Nietzsche y Mauthner. Sin embrago, existen notables resonancias entre el escepticismo de Mauthner y la concepción de Nietzsche sobre el lenguaje. Si Borges leyó a Mauthner, habiendo sido Mauthner discípulo de Schopenhauer, y habiendo sido Nietzsche también discípulo de Schopenhauer, no es imposible pensar en ecos entre la filosofía del lenguaje de Nietzsche y la teoría de Borges sobre el lenguaje. En su juventud, Borges publicó un libro titulado El tamaño de mi esperanza. Con los años, Borges abjuró de ese libro por considerarlo una excesiva apología del criollismo. Pero más allá de las defensas exageradas, Borges escribió en ese tomo una filosofía del lenguaje (entre otras teorías que encontramos en el volumen) que merece ser considerada, ya que esa teoría lo acerca a las ideas de Nietzsche. Escribió Borges: “El mundo aparencial es un tropel de percepciones barajadas. Una visión de cielo agreste, ese color como de resignación que alientan los campos, la acrimonia gustosa del tabaco enardeciendo la garganta, el viento largo flagelando nuestro camino, y la sumisa rectitud de un bastón ofreciéndose a nuestros dedos, caben aunados en cualquier conciencia, casi de golpe. El lenguaje es un ordenamiento eficaz de esa enigmática abundancia del mundo”. Borges sostuvo que el mundo es diverso y abundante. Y agregó a estas cualidades del mundo el carácter enigmático de la realidad. Escribió: “enigmática abundancia del mundo”. El mundo no sólo es abundante sino que además esa abundancia es enigmática. Recordemos lo que escribió Nietzsche en Sobre verdad y mentira en sentido extramoral: el mundo es una x, es una cosa en sí. Para Borges percibimos, como el sujeto de Berkeley, la infinita diversidad de rasgos del universo. Y el lenguaje organiza el caos de las apariencias, el aparecer azaroso de los fenómenos. Sin embargo, el orden que impone el lenguaje a las cosas es artificial. Las cosas del mundo no poseen por sí mismas un orden preestablecido. Como dijimos, Borges sostuvo que el lenguaje organiza el mundo, le impone un orden, le inventa una organización.

[iii] Aunque no comparto las posiciones filosóficas y políticas y el rechazo a los hijos de Arturo Serna, he decidido citar este fragmento de su artículo sobre la relación entre capitalismo y poesía. Serna es un autor dispar y un poco amargado. Es filósofo y no es poeta. Por tanto, al hablar de poesía toca de oído. Como muchos filósofos se dedica a estudiar asuntos que no practica o que directamente desconoce. A pesar de todos los reparos, considero que no está del todo equivocado en lo que dice sobre este aspecto del problema que nos ocupa.

[iv]   La poesía amplia el horizonte de lo posible. Incluso puede ir más allá: trabaja con  lo que denomino el modo subjuntivo de la creación literaria. La poesía y la ficción se llevan bien con el subjuntivo: es el modo de la creación de un orden paralelo. Lo curioso es que funciona como una investigación del pasado. No lo cancela (aunque parezca que el pasado está cancelado). El subjuntivo nos permite explorar vías paralelas en el pasado y en el presente. Es decir, nos permite crear realidades como virtualidades y virtualidades escritas como si fueran realidades. El subjuntivo propone una búsqueda de posibilidades donde la apertura de posibilidades aparentemente está cancelada. La poesía y la ficción bucean en el enigma y proponen otros enigmas. La narración y la poesía no afirman aunque afirmen. Solo brindan una luz crepuscular en el escenario difuso de lo real.



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