POESÍA Y CAPITALISMO
Jesús habla y multiplica los panes y los peces.
Una multitud come gracias al milagro de Jesús.
Esta parábola no solo narra el milagro
sino que también pone en escena la relación
entre la economía y el poder de las palabras.
Por derivación, esta escena es una teoría
anticipatoria del problema entre poesía y capitalismo.
¿Cómo puede la palabra esquivar la economía
o mejorar la economía? Jesús no se hizo esta pregunta
pero se deriva de su acto.
Juan Rodríguez
1
¿Qué es un poema en el “excesivo prosaísmo”
del mundo contemporáneo? ¿Cómo suena un poema en el ruido desopilante del
presente?
La poesía ha encontrado sus modos de
circulación. Hay que decir la verdad de Perogrullo: la poesía no avanza por los
canales oficiales. La poesía existe porque se inventa para sí misma los
circuitos.
Un poema es un invento de la lengua así como
un ensayo es una creación de la conciencia o como un teorema matemático es un
producto de la razón. Hay algo de terca imaginación en el poema, un rumor de artefacto autónomo. Y de ahí le
viene la lucha con la realidad, con la recarga de realidad virtual o realidad
real que vivimos día a día. Un poema es un artefacto fascinante, desplazado, marginal
y perfecto. Y un artefacto es un artificio. Es decir, un poema crea una zona
inexistente, del mismo modo que un teorema matemático lo crea. Poema y teorema gestan un futuro y se fundan en esa
invención dislocada del presente. Por eso la poesía es la zona utópica del
mundo moderno. Ya sabemos que hay poesía en una cierta canción o en una pintura
abstracta o en una fotografía o en el cine de Eisenstein. Pero el poema es la
concentración de la poesía y, por ende, es uno de los pocos artefactos
autónomos de nuestro mundo. Lo más parecido a un poema es el concepto de “idea”
de Platón o un teorema matemático. De ahí que al lector no entrenado le resulte
difícil leerlo desentrañarlo.
2
El poeta francés Yves Bonnefoy dice que el
verdadero poeta "es el que no se adapta a las imágenes del mundo que ha
edificado" (con su lengua)... "y esto (pasa) porque toda lengua...
sigue siendo abstracta... (A su vez, esto) priva al locutor de la realidad de
lo que esta tiene... de infinito"[i].
Para Bonnefoy un poeta crea un universo con la lengua y nunca alcanza a nombrar
la vasta infinitud de la realidad. La lengua siempre es abstracta y el poeta
lucha para convertir en personal esa lengua. Cuanto más personal es “su” lengua
menos abstracta es. Pero nunca el poeta alcanza una lengua o un conjunto de
imágenes que den cuenta de lo infinita realidad.
Lo que plantea Bonnefoy es que el poeta se
encuentra ante una imposibilidad: dar cuenta de la vastedad de lo real. Hay una
asimetría entre lengua y realidad. El mundo en sí es inalcanzable. Detrás de
Bonnefoy están Nietzsche, Fritz Mauthner y detrás de Mauthner están Borges y
Alberto Caeiro, el heterónimo de Pessoa[ii].
¿Todos pensamos que es así? Hay estéticas de
la poesía que sostienen lo contrario. Heidegger entiende que el poeta toca lo
real de una forma que no lo hace otro artista ni el filósofo. Schopenhauer
sostiene que la música –el genio
musical– roza la esencia del
mundo. Bonnefoy parte de un supuesto distinto: las cosas son inalcanzables y ni
el poeta ni nadie pueden anotar su
esencia o su infinitud.
3
Más allá de las concepciones escépticas de
Nietzsche, Mauthner o Borges, el filósofo Arturo Serna propone una hipótesis que
encuentra lo poético en los objetos y en ciertas acciones. No ve a la poesía
como un producto necesariamente humano que existe sólo en la relación entre el
lenguaje y las cosas:
También puede pensarse a la poesía como un
elemento de la realidad, es decir, como aquel componente extraño e inesperado
de las cosas o del encuentro de las cosas con los sujetos en ciertas
circunstancias. En ese caso, lo poético es un elixir de la realidad, un
elemento difícil de definir, un hálito de nada, un aire o un brillo o una
opacidad o un entresijo que aparece en ciertas situaciones. La poesía de la
vida o la maravillosa explosión de lo poético acaecen, a veces, sin que nadie
se lo proponga o, a veces, ocurre por la decisión esmerada de un artista de
circo o del trapecio. Me refiero a eso impensado y único que sucede cuando nos
deslumbra el horizonte, el paisaje de un aeropuerto o la velocidad de las
cosas. Lo poético es ese instante en el que el mundo estalla. O nosotros
sentimos que estallamos. Surge, o puede surgir, de la combinación de factores
que hacen del mundo un instante irrepetible[iii].
A partir de lo que dice Serna
aparecen interrogantes: ¿qué es lo poético? ¿Cómo se traslada? ¿Surge del
encuentro entre el sujeto y el objeto? ¿Sólo está en las cosas?
Para indagar en estos asuntos
es necesario pensar en cuál es la relación que tiene lo poético con la realidad.
Es decir, qué hace con lo real. ¿Lo desactiva? ¿Lo trastoca de alguna manera?
Podemos pensar que transforma y
amplifica lo que entendemos por real. Amplia el horizonte de lo posible[iv]
y, en cierta manera, nos ayuda a ver lo real con otros ojos, desde un punto de
vista diferente. Quizás por eso no puede ser destruido o aplazado por la fuerza
arrolladora del dinero.
4
La poesía es un
género marginal, despreciado por el mercado capitalista. ¿De qué está hecho un
poema? Es evidente que no solo de palabras. Entre los versos, algo escapa al orden vigente: el texto cifra
algo que se fuga de la sociedad, encarna una expresión privada, intima; es un suceso que logra evadir las presiones de
lo social y de lo políticamente correcto. El poema es, en cierta medida, una
figura utópica, desobediente. ¿Por qué sobrevive la poesía en el prosaísmo
monetarista en el que estamos sumergidos? Sobrevive porque los productos del
mercado solo se miden en términos de rédito económico y la poesía está fuera del
círculo, es literalmente excéntrica. Un soneto o unos versos forman un punto
díscolo, una línea fuera de eje. La pregunta ¿cuánto cuesta? es una
interrogación ridícula. Quiero decir: un libro tiene un precio pero el poema,
lo poético, no responde a la demanda estrictamente económica, excede esa
demanda.
5
El poeta toma la tangente de la
demanda económica y, en cierta medida, de toda demanda, incluida la social. El
poema tiene un elemento que va en contra de la comunicación. En cierta medida,
descree del dogma de la comunicación. Un poema nos hace preguntar, de nuevo, ¿hacia
dónde nos conduce el exceso de medios comunicativos? ¿Para qué sirven? De
alguna forma, los dislates tecnológicos plantean una negación del misterio del
ser humano: nos brindan fórmulas, repeticiones, clichés. Las redes sociales
profundizan la superficie y el vacío de las comunicaciones sociales.
Un poema va en contra del río o
de la corriente híper tecnologizada. Instala un hiato, un pozo ciego, produce
un salto en el lugar común social de la comunicación tecnológica. Corta el
flujo ruidoso de la híper conexión virtual. Es una bomba en el supuesto
tecnológico contemporáneo. Hace saltar el cliché. Es una alarma, tiene una
función subversiva. Nos hace salir del monótono ritmo y nos ayuda a repensar y
ver nuestras manías.
El poema no es un narcótico
sino una clepsidra absorta que nos brinda la posibilidad del instante eterno o
una forma verbal que nos ayuda a ver, como un faro en la niebla.
[i] Bonnefoy, Ives. 2017. El
siglo de Baudelaire. Ed. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires.
[ii] No hay evidencia de un encuentro entre Nietzsche y Mauthner. Sin
embrago, existen notables resonancias entre el escepticismo de Mauthner y la
concepción de Nietzsche sobre el lenguaje. Si Borges leyó a Mauthner, habiendo
sido Mauthner discípulo de Schopenhauer, y habiendo sido Nietzsche también
discípulo de Schopenhauer, no es imposible pensar en ecos entre la filosofía
del lenguaje de Nietzsche y la teoría de Borges sobre el lenguaje. En su
juventud, Borges publicó un libro titulado El
tamaño de mi esperanza. Con los años, Borges abjuró de ese libro por
considerarlo una excesiva apología del criollismo. Pero más allá de las
defensas exageradas, Borges escribió en ese tomo una filosofía del lenguaje
(entre otras teorías que encontramos en el volumen) que merece ser considerada,
ya que esa teoría lo acerca a las ideas de Nietzsche. Escribió Borges: “El
mundo aparencial es un tropel de percepciones barajadas. Una visión de cielo
agreste, ese color como de resignación que alientan los campos, la acrimonia
gustosa del tabaco enardeciendo la garganta, el viento largo flagelando nuestro
camino, y la sumisa rectitud de un bastón ofreciéndose a nuestros dedos, caben
aunados en cualquier conciencia, casi de golpe. El lenguaje es un ordenamiento
eficaz de esa enigmática abundancia del mundo”. Borges sostuvo que el mundo es
diverso y abundante. Y agregó a estas cualidades del mundo el carácter
enigmático de la realidad. Escribió: “enigmática abundancia del mundo”. El
mundo no sólo es abundante sino que además esa abundancia es enigmática.
Recordemos lo que escribió Nietzsche en Sobre
verdad y mentira en sentido extramoral: el mundo es una x, es una cosa en
sí. Para Borges percibimos, como el sujeto de Berkeley, la infinita diversidad
de rasgos del universo. Y el lenguaje organiza el caos de las apariencias, el aparecer
azaroso de los fenómenos. Sin embargo, el orden que impone el lenguaje a las
cosas es artificial. Las cosas del mundo no poseen por sí mismas un orden
preestablecido. Como dijimos, Borges sostuvo que el lenguaje organiza el mundo,
le impone un orden, le inventa una organización.
[iii] Aunque no comparto las
posiciones filosóficas y políticas y el rechazo a los hijos de Arturo Serna, he
decidido citar este fragmento de su artículo sobre la relación entre capitalismo
y poesía. Serna es un autor dispar y un poco amargado. Es filósofo y no es poeta.
Por tanto, al hablar de poesía toca de oído. Como muchos filósofos se dedica a
estudiar asuntos que no practica o que directamente desconoce. A pesar de todos
los reparos, considero que no está del todo equivocado en lo que dice sobre
este aspecto del problema que nos ocupa.
[iv] La poesía amplia el
horizonte de lo posible. Incluso puede ir más allá: trabaja con lo que denomino el modo subjuntivo de la
creación literaria. La poesía y la ficción se llevan bien con el subjuntivo: es
el modo de la creación de un orden paralelo. Lo curioso es que funciona como
una investigación del pasado. No lo cancela (aunque parezca que el pasado está
cancelado). El subjuntivo nos permite explorar vías paralelas en el pasado y en
el presente. Es decir, nos permite crear realidades como virtualidades y
virtualidades escritas como si fueran realidades. El subjuntivo propone una
búsqueda de posibilidades donde la apertura de posibilidades aparentemente está
cancelada. La poesía y la ficción bucean en el enigma y proponen otros enigmas.
La narración y la poesía no afirman aunque afirmen. Solo brindan una luz
crepuscular en el escenario difuso de lo real.