Postales al abismo
Hablar sobre la escritura, tomar distancia del objeto o mejor de ese cuerpo complejo con huesos, órganos, que no nos animamos a diseccionar por temor a que nunca esté del todo muerto, del todo cadáver. La incomodidad de hacerle frente a algo que se mueve y de saber que no hay nada decible que se corresponda desconcierta. Pero a pesar de eso decimos un poco, como por ejemplo que existe una escritura bien funcional al mercado, bien pícara, tanto que quienes escriben a veces lo saben pero no siempre. Por otra parte, hay un decir otro, un hacer con el lenguaje que es difícil, por todo lo que en nosotros debe explotar antes de afirmar que ahí hay una bomba. Entonces hay una violencia en eso que creemos que tenemos para decir, que aparece como algo inesperado, inaugural, pero que al acercarnos se siente antiguo, sabemos que estuvo ahí escribiéndose durante años, construyendo su piel, sus huesos, sus manos, su olor, y que se asoma escurridizo, una verdad que se pliega y que la escritura pretende ordenar, aunque nos sobren uno, dos números. Y entonces digo más, que la escritura que a mi me importa es la que trabaja, la que se muestra como un ofrecimiento, como una promesa siempre en penumbras. No importa cuantas veces lea un libro, si la promesa se renueva seguramente hubo un buen esfuerzo. Mario Montalbetti afirma que el poema tiene la propiedad de un objeto apotropaico porque construye el abismo y al mismo tiempo te protege de no caer en él. Y creo que desde ese umbral se inscribe otra cosa, y esa inscripción es algo perdurable, la posibilidad de que operen otras formas de pensamiento, de nombrar lo que no sabíamos siquiera que existía, de hacer surgir algo que se parece al vacío pero que obra, un lenguaje intervenido, admirablemente engañado. Y agrega: Los poetas son los que se acercan al borde y envían postales con vistas al abismo. Desde ya que hacerle el juego al lenguaje es harto complicado pero mandamos postales a ese agujero negro para ponerle algún nombre al vertigo y tocar aunque sea a la distancia algo de eso que el lenguaje distancia, un vapor en la punta de los dedos que emana de la boca del volcán que nosotros mismos construimo