PRESENTACION DE HISTORIA ARGENTINA
A
veces suele suceder que la poesía concentra toda su entrega de golpe como si
supiera que quien la escribe tiene poco tiempo de vida. Es lo que sucedió con
Marcelo Ahumada que estuvo, como decía Walter Adet en uno de sus poemas “
puesto a decirlo todo/ antes que el agua tenga sed de su boca”.
En Historia argentina” este libro póstumo
publicado gracias a la entrega generosa de Rodolfo Legname esa densidad da
sustento y vuelo a una obra que, estimo, será insoslayable en el registro de la
mejor producción poética de su generación.
En su
primer capítulo titulado Virreynato
hay una suerte de suplicio del presente para recibir esas inmolaciones. Escenas
de una historia lejana que le suceden al poeta como si fuera él la piedra del
sacrificio. Dice en uno de sus poemas :”recordarás
niños/cada vez/que sahúmen los cadáveres/en el patio/cuando toquen tus manos/
para besarlas/ y se terminen los siete años sin luz/la máquina de la vajilla
amarillenta/atigrada/hecha un gato/sobre la mesa tosca y liviana/entonada entre
patios”.
Esa
multiplicidad trágica, a veces se desencadena con una pulsión pánica y
terrible, como en el poema VIII, donde , me pregunto, si no es él mismo la
víctima propiciatoria. Lo leo:
Los indios fantasmas/ si rezamos/ nos dirán dónde anda la
manada/ a veces se escucha/ a los animales traer la oscuridad// el megatherium
despertará en cualquier momento/ del gesto de su quijada/ de los ojos
perplejos/ en una curiosidad/ el megatherium/ agazapado/ trabaja/en /una/
pregunta// para desenterrar del lodazal/ de la masa fangosa/ que lo atrapa/ en
la disposición de los miembros en conflicto/ la intensidad de los movimientos/
para salir del peligro/ se sostiene en las extremidades/ mientras se para/
manotea/ hundiéndose// (yo recuerdo todas las cosas/ un animal debajo del
pinchazo/ no alcanza dormir/ siempre está corriéndose/ como si despertara/ por
una providencia/ hundiéndome/ siempre/ en la paleontología irresistible de los
muertos.”.
Paralelamente,
dentro de esa combustión casi vertical, las montañas, los ríos, las nubes todo
se precipita y se transforma fuera de las leyes naturales. El paisaje sufre el
espacio malaventurado al que el poeta lo somete.
En el
segundo capítulo que lleva el nombre del libro el escenario en Santiago del
Estero en el siglo XVII . Su narrador Alonso Enríquez de Guzmán es quien cuenta, entre otros sucesos, la
profanación de un cementerio judío que Ahumada replica con un acto similar en
Colonia Dora. En una suerte de juego de espejos al relatar la historia describe
su intrahistoria, como cuando en una de las notas a ese poema escribe estas
líneas:”Mi hermano nunca saltó (yo sÍ)/ a
cambio se compró una vida en el infierno
(1980)”.
De ese
modo el conjunto de los sucesos se mueve como una nave de náufragos donde el pesar es una carga que no modifica el
tiempo.
Y es
que en este libro cuentan los sucesivos destierros de Ahumada: el destierro de
su familia: de Catamarca, su tierra natal y su destierro -in situ-inmóvil, en
Santiago del Estero.
Trasunta
en estas páginas también un juicio sumario a la sociedad que le tocó vivir. Mas
ese juicio no desciende a la imprecación o al resentimiento, sino que leuda
dentro de la masa de una alta poesía.
El
último capítulo se titula Kaddish,
que, como ustedes saben, es una oración judía para urgir el retorno del Mesías.
Y es en este poema, este gran poema, que él, con una piedad implacable condena,
mientras ora, al mundo familiar del que ha desertado.
No es
dable adjudicar al azar el hecho de que en la mejor poesía catamarqueña de los
últimos tiempos se repita una reacción frente al medio que les tocó vivir. Se
puede verificar, en unos tal vez más acentuada que en otros, en la obra de
Rosario Andrada, Leonardo Martínez, Alfredo Luna o Jorge Paolantonio, sin
olvidarnos del precedente libérrimo y fundamental de Luis Franco .Marcelo Ahumada
se suma a ellos con este libro precedido por una breve, aunque muy reconocida,
producción anterior.
Y con
él, una huella indeleble en la poesía argentina.