QUE EN EL DIA DE LA INDUSTRIA SE HABLE DE FEMINISMO
De Andrea Castronuovo y Camila Pereyra “Es necesario que en la República se trabaje y se produzca algo más que pasto” decía Carlos Pellegrini en uno de los tantos debates en torno al proteccionismo y libre cambio a finales del XIX, en un contexto caracterizado por la división internacional del trabajo y el sistema de patrón-oro, donde el ya formado Estado argentino ingresó al capitalismo de la mano de sus materias primas. Es que, enarbolar las banderas de la industria nacional no ha sido el fuerte de nuestro Estado Nación, ubicado en la escala productiva mundial como el proveedor de materia prima, como el granero del mundo, con algunos destellos de industrialización liviana a lo largo del S.XX. Hablemos de la fecha en concreto, según se datan registros, un 2 septiembre de 1587 zarpó del fondeadero del Riachuelo, que hacía las veces de puerto de Buenos Aires, la carabela San Antonio con rumbo al Brasil. La San Antonio llevaba en sus bodegas un cargamento proveniente de la Región del Tucumán. Se trataba de tejidos y bolsas de harina producidos en nuestra Ciudad de Santiago del Estero. También consta en actas con posterioridad a dicha operación mercantil, una denuncia del gobernador del Tucumán, Ramírez de Velasco, mencionando que entre el cargamento habrían viajado camuflados varios kilos de barras de plata provenientes del Potosí, cuya exportación estaba prohibida por Real Cédula. De esta historia, pocxs saben. O mejor dicho, ha sido deber de santieguñxs nacidxs y criadxs, transmitir que “el día de la industria es porque se han exportado tejidos y harina de los pagos” como me decía mi abuela desde niña hasta ayer. Lo que más se recuerda, fuera de la provincia, de aquel 2 de septiembre es el hecho del tráfico ilegal del metal. Denunciado por Ramírez de Velasco. Sin embargo nada se dice de la trayectoria de las productoras, las dueñas de las manos que tejieron esas mantas y molieron esa harina. Estas imágenes sociales ancladas en lo masculino hegemónico, siguen generando diferencias simbólicas y materiales entre los sexos, ya que se vuelve a anular al sujeto femenino como aportante de trabajo y del intento de la construcción de un nuevo modelo productivo para el país. En este sentido, las imágenes de lo masculino circulan en la vida social y, en este caso, en los registros históricos, suprimiendo al género femenino su reconocimiento en el hacer la historia. Tomar al proceso histórico de la comercialización de harinas y tejidos provenientes de nuestra Ciudad como archivo histórico para señalar el día de la Industria, nos abre las puertas para debatir en torno múltiples tópicos. Por ejemplo, lo que respecta a la desestructuración del sistema de rutas comerciales y actividades productivas de la incipiente industria del Antiguo Virreinato del Perú. Pero también podemos indagar respecto a las hacedoras del objeto de nuestra primer producción industrial. “Tejidos y harinas realizadas por mujeres santiagueñas” como entidad capaz de materializar las prácticas sociales de la industria santiagueña del S.XVI. Resumiendo, mujeres haciendo trabajo, industria y, por lo tanto, nuevos modelos productivos para el país. En el caso de las mujeres, estas debieron alterar sus roles de madres y trabajadoras, que se deben encargar del cuidado de sus hijos, de las tareas cotidianas de limpieza y cocina. Esta enorme masa de trabajo, históricamente realizada gratuitamente por ellas, es un trabajo invisible que se lleva a cabo para otros y siempre es en nombre de la naturaleza y del deber maternal. Pero, ¿dónde está el “deber maternal”, la “tarea natural de las mujeres” de contribuir a hacer “ingresar al país” dentro de las redes de exportación, “al mundo”? Pensamos, e invitamos a pensar, esta última pregunta en torno a la historia de lxs que, son sus manos, han construido el Estado Nación, el país. Aquellxs que dejaron su vida bajo el proyecto de hacer un país de “blancos”, de “progreso”. Dice Diana Lenton que el Estado Nación se ha abierto lugar a través de un “genocidio constituyente”, es decir, a lo largo de la historia se ha eliminado (y se elimina) al sujeto interno que molesta, que no combina con los proyectos nacionales soñados. A esto, para sumar, constituir un Estado Nación a partir de eliminar a los enemigos internos a lo largo del tiempo (indígenas, militantes, villerxs, etc,. ¿Dónde quedan lxs no asesinadxs, pero si eliminadxs de esta construcción? Constituir un Estado Nación, realizar el paso a “ingresar al mundo” de las exportaciones, es necesario que logremos rescatar, desde la conciencia de la fecha y los tiempos actuales de corren, que ha sido de las manos de las mujeres tejedoras y moledoras de nuestros territorios rurales. Hoy 433 años después, el capitalismo neoliberal que se expresa en las maquilas, nos permite considerar que la desigualdad e invisibilización que seguimos viviendo las mujeres en la actualidad no era algo personalizado, sino que derivaban de procesos estructurales o sistemáticos donde las que más aportan(mos) a la economía, son las que menos reciben. 