QUE LOS PLATOS LOS LAVEN OTROS

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Domingo, 14 de Febrero del 2021

QUE LOS PLATOS LOS LAVEN OTROS

Desde el nacimiento del país la ciencia ocupó un lugar destacado. El conocimiento que se obtiene en las actividades científicas resultan claves para el desarrollo de políticas públicas que den respuesta a las necesidades y demandas de la gente y mejoren su vida. El Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) es el ente clave para ello. Desde su creación viene promoviendo la investigación científica en el país ayudando a crear una visión estratégica para el desarrollo nacional. Desde su primer presidente, el premio Nobel Bernardo Houssay, a la actual presidenta Ana Franchi ha pasado mucha agua bajo el puente. Sabemos que la comunidad científica, en casi todos los países del mundo, experimentan enormes dificultades para poder realizar su trabajo como investigadores. Nuestro país no es la excepción. Las mujeres investigadoras que pertenecen al CONICET han venido recorriendo un arduo camino, que hoy muestra algunos cambios, que buscan generar paridad con los investigadores.   

El 11 de febrero se celebra el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, la fecha fue establecida por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y pretende “generar conciencia sobre la desigualdad de género en el ámbito de la ciencia”. Por ello hablamos con Celeste Schnyder[i], Investigadora Asistente del CONICET después de una cálida conversación esto es lo que nos ha contado. La nota directamente va con las respuestas porque mejoran la lectura y le dan frescura a la misma.

Las mujeres y la ciencia

Las científicas y científicos nos dedicamos a plantearnos preguntas que consideramos relevantes desde el punto de vista de las ciencias y de lo social, de cara a la resolución de problemas, buscando que poder dar respuestas concretas a problemas de la sociedad. Sobre todo pensando que, desde las ciencias sociales, y esto se ha visto mucho en este año pandémico, tratamos de generar conocimiento que permitan diseñar respuestas estatales mediante políticas publicas pertinentes a los contextos en los que se desarrollan  para las distintas demandas. Nos dedicamos a producir preguntas, elaborar conocimiento y proponer soluciones que esperamos que sean innovadoras y socialmente relevante. También nos dedicamos a formar a otras personas que se van iniciando en la práctica de la investigación y trabajamos en la comunicación y divulgación del conocimiento que producimos, entre un monto de cosas más. Una tarea nueva que desarrollamos en estos últimos años en Argentina y en la región, consiste en buscar otro tipo de vinculaciones de las universidades con nuestra comunidades de pertenencia, de forma colaborativa, donde nos ocupamos de hacer actividades de transferencia tecnológicas.  

Ahora como mujeres hacer ciencia se vive de un modo diferente. Creo que aún en nuestra comunidad científica operan los estereotipos vinculados al género. Nosotras nos formamos tanto como los varones pero se siente la diferencia a la hora de llevar adelante la carrera científica. Hay compañeras que hablan del techo de cristal, sugiriendo que las carreras tienen un tope para las mujeres[ii]. Las estadísticas confirman la poca presencia de mujeres en los cargos de relevancia en actividad. Para mí más que un techo veo como un laberinto. Yo siento que en el día a día nos toca desarrollar actividades con un conjunto de condicionamientos que hacen que en algún momento se viva la disyuntiva de “o hago carrera o me dedico a la familia”. Es muy complicado hacer convivir la vida familiar, con las responsabilidades de cuidado que implican, con la profesional ya que es terrible la exigencia que tiene nuestra actividad. En ese sentido no hay demasiadas previsiones o mecanismos que colaboren a que hagan que las mujeres podamos disponer de la misma dedicación que nuestros compañeros varones. Llega un punto de vuestra vida que la carrera se empieza a ralentizar porque la dedicación de las tareas de cuidado, en nuestras familias, pero también las prácticas de reproducción y cuidado que desarrollamos dentro de las universidades (risas), hacen que te vayas quedando[iii]. En mi caso recuerdo el consejo de mi director de tesis al sugerirme que piense bien en que momento iba a ser mamá. “Progamalo, me ha dicho, porque si quieres poder concluir el proceso del doctorado, tal vez la maternidad te haga que demores más”. Son también esas pequeñas cosas, que no están en las limitaciones formales, las que hacen que nuestros recorridos se vuelvan más difíciles. Eso por un lado. Por otro hay ciertas discriminaciones que existen dentro de todas las instituciones, se siente la presión de tener que estar todo el tiempo demostrando tus credenciales. Hoy las mujeres nos animamos más a tomar la palabra públicamente, a intervenir en los debates, pero también siento que para hacer eso tenemos que estar más pertrechadas de nuestras credenciales para sustentar lo que decimos porque hay cierto sesgo a subestimar las opiniones de mujeres. A la hora de concursar cargos docentes por ejemplo, a mí me ha pasado de haber recibido como crítica negativa que me digan: “vos estas sobrecalificada para este cargo.” Esas son cosas que operan en el orden de lo simbólico que son difíciles de explicar, que no pasan con los hombres y que las vivimos en el día a día.

De Estereotipos y otros desafíos

Hay una cosa que hay que entender, una cosa es lo formal de la carrera, a nosotros nos evalúan igual que a los varones. Es cierto que el CONICET, en estos últimos años, ha establecido normativas por la cual las mujeres que somos madres, tenemos licencias por maternidad que se traducen en tiempo de prorroga en los resultados que se esperan. Pero, junto con eso, en la rutina diaria, operan estas estereotipaciones que hacen que nosotras nos sintamos por ejemplo obligadas a retardar, por ejemplo, nuestra maternidad y esto, una vez que somos madres, hace que destinemos una mayor parte de nuestro tiempo y de nuestros ingresos a tejer esa red de cuidado para ver con quien dejamos a nuestros hijos e hijas, que no es una preocupación de nuestros compañeros porque tiene en quien delegar, ya que tienen una compañera en la casa.

Hay muy poca comprensión en las instituciones en relación a lo inestable que se vuelven los vínculos laborables cuando sos madre de niños pequeños porque somos las que nos quedamos a cuidar a nuestros hijos cuando se enferman o porque ha pasado algo. O cuando te dan un permiso extra empieza la mirada de tu poca profesionalidad o la ponen en duda.

En mi caso, y ya en el plano personalísimo, por las funciones que me toca, de coordinación de grupos de trabajo, siento que a veces debo masculinizarme, adoptar un tipo de liderazgo de características más propias de los varones. Yo, en mi forma de ser, tengo cierta tendencia a manifestar mis emociones, mostrar mi lado más humano y en cuanto eso pasa aparecen los estereotipos. 

En este tiempo, creo que las conquistas del movimiento de mujeres han impactado en las condiciones desde que estoy en el CONICET, bueno, Dora Barrancos ha estado en los espacios directivos. Ahora como becaria se ha incorporado la posibilidad de licencia por maternidad, y que el informe que debemos presentar se aplace un año más. En igual sentido se ha prorrogado el límite de edad para postularse a los concursos de becas, un año más por cada hijo. También tenemos un adicional por guardería. Son herramientas desde lo institucional que buscan equiparar las situaciones de desigualdad.

En relación al trato con los compañeros varones en el trabajo, creo que estamos transitando un momento de cambio muy importante en la Argentina en la tarea de visibilizar y sensibilizar. El movimiento de mujeres ha tenido fuerte impacto y estos han producido cambios en las relaciones de pares. Se ve con mayor nitidez en los compañeros más jóvenes, por lo menos esta conciencia de que las cosas no pueden seguir así. Por supuesto con toda la complejidad que implican los cambios culturales. Tal vez las estereotipaciones están más cristalizadas en los compañeros mayores. Nuestra carrera es muy jerárquica y son lugares donde los cambios tardan más.

Creo en la importancia de la formación en género y para este año está prevista la capacitación en el marco de la ley Micaela, que el año pasado no pudimos concretar. No obstante, también es cierto que, construir un ambiente laboral libre de violencias, no se logra ni resuelve solo con capacitaciones. Ahí quiero destacar la tarea de las compañeras becarias e investigadoras que hace años que vienen planteando la discusión en el seno del INDES (Instituto para el Estudio del desarrollo social), que creo que es lo más efectivo porque es lo que permite ir cuestionándonos en el día a día. Pero no nos tenemos que olvidar que estamos hablando del Instituto, que forma parte de la Facultad, que está dentro de la Universidad, que tiene diferentes estamentos y heterogeneidad de actores y lo que muchas veces se puede hacer, parece ínfimo, pero de a poco vamos logrando los cambios.

Para todas las niñas que quieran ser científicas

La Universidad y la comunidad científica nos permite acceder a roles de incidencia social y política, ya que al producir conocimiento de carácter científico nos permiten proponernos preguntas relevantes para resolver los problemas más importantes de nuestra sociedad. Así, desde la ciencia, se pueden acercar herramientas para buscar soluciones e incidir en los cambios. Si una niña/o tiene la intención de participar, si quiere involucrarse en los cambios, la ciencia te da herramientas que permiten proponer soluciones, construyendo diagnósticos para conocer los problemas, trabajando a la par de los grupos sociales y transmitiéndolo lo más fidedignamente posible. Es una tarea apasionante y lejos de estar aislada de lo que ocurre estamos en la calle, estamos muy cerca de los grupos de la sociedad y se nos abren otras miradas que nos dan otras posibilidades para intervenir. Para ser científica es necesario saber que esta te demanda esfuerzo en la formación y estar dispuesta a llegar a la meta en cada carrera que tengamos y esa meta puede ser la investigación en ciencias y es muy gratificante porque lo poco que vos has podido hacer en tu trabajo puede cambiarle la vida a la gente.

 

 

 



[i] Investigadora Conicet y Coordinadora del Equipo de Estudios Sociales en Derechos Humanos del Instituto para el dessarrollo (Unse-Conicet). Profesora Adjunta en la Licenciatura en Trabajo Social (FHCSyS)

[ii] Las Estadísticas del Conicet en 2019 muestran que, si bien el numero de investigadoras ha crecido exponencialemente, las paridad de género se da en los grados mas bajos de la carrera de investigador y se ve el claro predominio de varones en las escalas superiores de la carrera. Asi sobre un total de 2930 investigadores adjuntos 1799 son mujeres y 1131 varones y sobre un total de 208 investigadores superiores 51 son mujeres y 157 son varones. Fuente: https://cifras.conicet.gov.ar/publica/detalle-tags/03.

[iii]  «Los 10 años más complicados de la trayectoria laboral son entre los 25 y los 35 -señala-. En esa etapa, hay que competir muchísimo y dedicarse con mucha intensidad al trabajo científico. La coincidencia con el período reproductivo de las mujeres hace que la mayoría postergue la maternidad o directamente no se la plantee». De hecho, en la década del 90, el 75% de las investigadoras superiores eran solteras, mientras que solo el 25% de los varones eran solteros. «Los varones no tenían que renunciar a una familia para dedicarse plenamente a la ciencia», indica Diana Maffía. Fuente http://dianamaffia.com.ar/dia-internacional-de-la-mujer-en-la-ciencia-como-impacta-la-desigualdad-con-los-hombres/ 



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