QUEREMOS TANTO A CLEMENTINA
Por Susana Alonso En la altura intangible donde la habíamos exaltado, la preservaríamos de la caída, sus fieles podría seguir adorándola sin mengua; no se baja vivo de una cruz. Julio Cortázar, Queremos tanto a Glenda Este 20 de septiembre se cumplen cuarenta años del fallecimiento de Clementina Rosa Quenel, una oportunidad para leer o releer se sobre su obra, reivindicar su lugar en el campo literario y, en consecuencia, el papel de las escritoras, en la historia de la literatura de Santiago del Estero. Clementina Rosa Quenel nació en Santiago del Estero el 22 de agosto de 1901 y murió el 20 de septiembre de 1980 en su ciudad natal. Desde muy joven, y en un mundo literario predominantemente masculino, integró el grupo cultural La Brasa. La Asociación Cultural La Brasa se impulsó en 1925 por iniciativa de Bernardo Canal Feijóo. El Manifiesto que constituye tal asociación lo firman: Bernardo Canal Feijóo, Ciro Torres López, Manuel Gómez Carrillo, Emilio Wagner, Orestes Di Lullo, Emilio A. Christensen, Oscar Juárez, Carlos Abregú Virreira, Pedro Cinquegrani, R. Ponce Ruiz y Santiago Dardo Herrera. Dice entre otras cosas que La Brasa quiere ser lo que hace falta en Santiago, un centro de pura actividad espiritual. No es una sociedad de beneficencia, no es una empresa comercial de corretajes artísticos. Es una inquietud, un problema de porvenir planteado entre muchos. “La Brasa” no se propone redimir a nadie, no pretende hacer de un leño una antorcha, no ofrece dulces mentiras para curar a nadie de su amarga verdad. “La Brasa” quiere ser lo que hace falta por ahora y nada más: un problema serio propuesto a todo aquel que sea capaz de recogerlo. Quenel fue una de las seis mujeres que integraron la Asociación en diferentes momentos. Fue productora de un discurso que habla de Santiago con una “dramática sensualidad en el fondo de la existencia de nuestro pueblo”, según lo señala su amigo Bernardo Canal Feijóo. Sus obras, a mediados del siglo XX, exploran la perspectiva narrativa de sujetos subalternos como, “los de la tez curtida, la peonada vencida” entre otros. Quenel reconstruye los lugares de enunciación de roles plurales que despliegan los personajes de mujeres en sus relatos, poesías, novelas y piezas de teatro. Las mujeres son los personajes protagónicos de sus relatos y piezas dramáticas: María Silvestre en El bosque tumbado “montaba como un varón” . Recuerda La Guada, de L’ alma mula inmóvil, “que calla. Es mujer, tiene estrategias, sin carestía de instinto. Humilla la vista, pero el pecho se le agita” La Agucha de Enflorecida “es la huahua que ha criado la mujer de Don Cruz. Chiquita cuando todavía hocicaba el suelo, quedo botada, y fue la patrona quien la hizo atetar en pechos mercenarios. De lástima seguramente al verla tan tiernita” Rasgos y facciones de mujeres que esperan inútilmente el regreso de sus hijos ausentes, de esposas maltratadas o castigadas, de niñas nacidas para el dolor. En contraparte en su obra de teatro El retablo de la gobernadora (2017), Quenel recrea una versión femenina del episodio del infructuoso matrimonio de Ventura Saravia y el gobernador Juan Felipe Ibarra, un hombre al que Ventura no ama. Ventura Saravia desde Clementina Rosa Quenel muestra dramáticamente la negación a aceptar los discursos y destinos fijados por los hombres para las mujeres. El entramado social de la maternidad en sus protagonistas nos habla de una histórica construcción social del género femenino. Entramado que se constata en las enunciaciones (dichos) de los personajes en sus relatos como “los hijos con tata y los hijos sin tata”, para quienes la orfandad paterna constituye una proyección identitaria que es un rasgo de la contingencia trágica del bosque santiagueño. En la narrativa de Quenel, es frecuente la alternancia de las voces hispanas y nativas. En su libro de retablos Los ñaupas (1967) se revela la única melodía del narrante anónimo y la dirá para todos los que buscan conocer y comprender las historias de los pueblos. El índice de este libro dispone curiosamente una ordenación que enumera los nueve retablos por orden de aparición en el libro. En el final en la página cuarenta y cinco se presenta curiosamente las consideraciones de “Noticia de la voz regional”. Palabras ordenadas alfabéticamente, a modo de glosario, que nombran y reconstruyen el significado de voces que la autora denomina regionales. Hija de Jorge Clemente Quaneille que vino a Argentina de Boulogne Sur Mer, Francia en 1891, y de Rosa Gramajo nacida en Silípica, Santiago del Estero, Quenel recordaba desde siempre haber sido escritora. Su literatura probablemente se enmarca en la prosa modernista de comienzos del siglo XX. La prosa modernista encuentra atracción por el estilo preciosista de excesiva sutileza y refinamiento, que se advierte en autores como Leopoldo Lugones y Horacio Quiroga. La salida del Modernismo se da de forma paulatina y conduce a la “novela de la tierra”. Se abandona la prosa de temas fantásticos para ceder el lugar a una narrativa de carácter social que, o se centra en sucesos históricos del momento o en la marginación de los indígenas. En 1920 Quenel egresó del Colegio Nacional Absalón Rojas de Santiago del Estero. Ella misma se percibe ya como una chica un poco extraña, no vinculada a sus compañeros. Residió en Buenos Aires entre los años 20 y 30 realizando estudios de derecho que no completó. Ingresó al mundo literario de la capital escribiendo relatos en las revistas femeninas de la época. El Hogar, Mundo Argentino, Estampa, Aquí Está, Chabela, Maribel publican sus relatos y artículos de opinión. Publicaciones destinadas a lectoras (mujeres) que conjugaban recetas de cocina, técnicas de bordado, tejido y moldería, y asombrosos anuncios publicitarios de cosméticos y artículos de belleza y productos para el hogar. Allí también se incluían novelas por entregas o textos de escritores como Conrado Nalé Roxlo, Evaristo Carriego, Manuel Puig y otros. Al comienzo de los años 30 Quenel regresa a Santiago del Estero y comienza a sentir una notoria afinidad con las ideas de La Brasa. Por ese tiempo también acompaña a su hermana, que se desempeña como maestra en Matará, villa ubicada en el Departamento Juan Felipe Ibarra de la provincia de Santiago del Estero. En la década del 40 dirigió la sección de Sociales del diario El Liberal de Santiago del Estero, donde también publicó sus relatos hasta poco tiempo antes de su muerte. Juan Figueroa sacó a la calle la primera edición de El Liberal, el 3 de noviembre de 1898. Este diario, que apareció como uno más de los tantos que se habían editado hasta entonces en Santiago, fue el único en hacer el paso del periodismo militante, que caracterizó al siglo XIX, al periodismo empresarial, que caracterizó al siglo XX. En 1940 la autora integró junto a Bernardo Canal Feijóo, Mariano R. Paz, Horacio Rava, Blanca Irurzun la Agrupación El Coyuyo, que se orientó hacia la organización de conferencias relacionadas a temas de las artes plásticas. A El Coyuyo se unieron el dibujante paisajista Bruno Comay y la pintora Chela de Piaggio, y fue un antecedente importante que impulsó la creación del Museo de Bellas Artes. Por esos años Quenel se sostiene económicamente con su empleo en el Museo de Bellas Artes de Santiago del Estero, cuya creación en 1942 fue impulsada por Ramón Gómez Cornet. El Museo de Bellas Artes de Santiago del Estero fue creado por decreto del 26 de agosto del año 42, a instancias y gestión del célebre artista plástico santiagueño Ramón Gómez Cornet. Proveniente de una generación de notables santiagueños, Gómez Cornet dedicó su vida a impulsar el desarrollo de las diversas expresiones del arte plástico; a valorar sus cultores y a contribuir en forma permanente a su aprendizaje y difusión. La Luna negra fue editada en la antología El cuento argentino 1930-1959. Cuya selección, prólogo y notas fue obra de Eduardo Romano. La creación del Centro Editor de América Latina a cargo de Boris Spivacow en el año 1966, tuvo como propósito propiciar la tarea de la crítica orientada a la autocomprensión y se concentró la elección (para publicación de textualidades no centrales (periféricas al campo legítimo de la centralidad literaria) La Municipalidad de Santiago del Estero edita en el Cuaderno de Cultura año II N°3 en el mes de Julio del año 1971. El propósito del Director de Cultura en esa época el profesor Ricardo Dino Taralli era abrir las páginas de los cuadernos a los escritores santiagueños con el fin de recapitular y divulgar el patrimonio cultural que le pertenece a Santiago. En este número se publican textos ensayísticos, comentarios y poéticos entre otros de: Luis Alen Lascano, Bernardo Canal Feijóo, Horacio G. Rava, Orestes Di Lullo. Nicandro Pereyra, María Adela Agudo, Juan Carlos Martínez, Olimpia l. Righetti, Roberto Castro, Alberto Tasso, Luis Manzione, Carlos Artayer, Domingo Bravo, Eduardo P. Martínez Bertolí, Clementina Rosa Quenel. La poesía que se incluye de la autora es Carta junto a las hojas caídas. Para Juan Tierra, en página 25 y sucesivas. En el pie de página se indica que este poema pertenece al libro inédito de Quenel “Carta forestal”, y que ha sido distinguido con el Segundo Premio en el Certamen El Bosque, auspiciado por la dirección General de Bosques en 1970. Es una carta poética situada desde el pueblo, lugar de enunciación de Quenel siempre. En el pedido al personaje Juan Tierra en los últimos versos refiere a la angustia de ver el territorio como un esqueleto arrasado, se vuelve promesa de retornar a la vida que se ha perdido. “Mira Juancho, tú que eres el hijo forestal, mira amigo de salvar cómo te digo pulgada a pulgada con la pala o con el grito con la ingle o la semilla estas selvas mías, por la garza de mi espalda. Durante los años 1956 y 1962, varias de las poesías de Quenel son publicadas en Dimensión, revista de cultura y crítica dirigida por Francisco René Santucho. La revista publicó ocho números cinco en 1956, el sexto en 1959, el séptimo en 1961 y el último en 1962. Contó desde los inicios con el apoyo de los sectores intelectuales de la época, y la participación y colaboración de autores locales entre los que está Clementina Rosa Quenel. En los primeros tiempos Juan Carlos Martínez fue su secretario de redacción. Martínez tuvo un proyecto editorial con Quenel en el año 1961. Denominado Grupo Editor y auspiciado por el Fondo Nacional de las Artes, estuvo afincado en la calle Chaco 491. En el número 6 años III de 1959 se publica el poema Alguien de Quenel. La poeta designa una sucesión de palabras que se encadenan a la última palabra VIDA, así escrito con mayúsculas. “Eso de dónde vengo: VIDA”, es el verso final que condensa, en suma, una cuestión de origen. La poesía reivindica la vida en el reconocimiento de la dignidad de alguien. Los versos finalizan con el uso repetido del gerundio (habitándome, tejiéndome, alcanzándome, mandándome, explicándome, atravesándome). En el número 7 año V, mayo de 1961 se publica un breve poema titulado “Apuntes” Iban a los Chacos repite cinco veces, perfiles de hombres en alusión a aquella invisibilidad del que se ve forzado a emigrar. “Iban embotellando el sueño bajo cielo de verano, los dolores y los sueños a resguardo mientras parten a destino” En el número 8 años VII, mayo de 1962 en una página con ilustraciones de Ana María Villareal es editado el poema Bando de Juan Balumba; en alusión al indio de Savogasta, que en 1676 fue condenado a castigo por vestir ropas de españoles. “Porque yo te digo Señor que Juan Balumba no ha pecado” es la jaculatoria de reivindicación al indio. Yo te lo digo que soy blanca y Quenel, “porque puedo oír el silencio en este kilómetro original de Américas, mírale y habla que Juan Balumba no ha pecado” La participación de Quenel en los espacios de La Brasa y Dimensión, no solo es el de la figuración social, el lugar decorativo y ornamental que algunas veces se destinó a las mujeres de cierta clase acomodada. Ella es activa intérprete de los intereses intelectuales y las demandas culturales de esta época. Sus fatigadas lecturas, su presencia constante en los diferentes espacios literarios y su accionar en el Museo de Bellas Artes, la ubican en el lugar de productora cultural. Los productores culturales, término abstracto y neutral para Raymond Williams (1994), se definen como quienes se han organizado a sí mismos, es decir, su trabajo intelectual o cultural y sus formaciones. En este sentido el escritor, el impresor, el compositor y el escultor “se encuentran en un conjunto de relaciones específicas, vinculados de forma directa y manifiesta a la naturaleza de sus medios inmediatos de producción”. Su narrativa como la de Libertad Demitrópulos, Héctor Tizón, Carlos Hugo Aparicio y de otras y otros autores de la región, comienza a mostrar una nueva versión del paisaje social y otra concepción de la literatura. En 2016 Eduvin, la Editorial Universitaria de Villa María, en la colección Narradoras Argentinas dirigida por María Teresa Andruetto, Juana Luján y Carolina Rossi publica la Narrativa completa de Clementina Rosa Quenel (2016). En el prólogo Mempo Giardinelli recobra la intertextualidad coloquial engarzada por Quenel, que subraya en virtud de la fiel reproducción de las formas dialectales del indigenismo. Los cuentos de La luna negra hoy se leen como piezas de literatura fantástica, a pesar de haberse gestado como literatura regional o costumbrista. En el texto la autora se detiene en los detalles de las tramas e inscribe su propia lentitud. En el cuento Enflorecida se evidencia una prosa poetizante que da cuenta de un paisaje que setenta años después ya no existe más. “En la Santiago del Estero actual-duele confesarlo-ya casi no hay quebrachos ni bosques y todo es llanura sojera, aridez, salinas, y una indigna miseria en los poblados”. Para Giardinelli son cuatro temas los que atraviesan la obra queneliana: la geografía y el arrasamiento del monte, la recuperación lexical y onomatopéyica de sus pobladores, los seres solitarios y aislados, el amor y la condición femenina. Ojalá este esfuerzo editorial sirva para consagrar, a destiempo, una de las más notables narradoras del siglo XX en Argentina. Sus obras de teatro La Telesita y Una boda para Ventura Saravia fueron publicadas en 2017 por la Subsecretaría de Cultura de la Provincia de Santiago del Estero. La edición fue coordinada por Marta Graciela Terrera, desde la Editorial de la Subsecretaría de Cultura de la Provincia. Con ilustraciones de Elda María Isabel Munar, y el prólogo de José Andrés Rivas. El camino recorrido por la obra literaria de Clementina Rosa Quenel, se encuentra con el abordaje de cuestiones sociales acerca de la desigualdad genérica expresada en el discurso femenino. Las ideas de Simone de Beauvoir en El segundo sexo (1949) y Virginia Woolf en Un cuarto propio (2012), exponen un registro constante de la proyección masculina en torno a lo femenino. Ideas que discuten a los discursos producidos por el hombre para construir una visión de la mujer, que son asumidos o impuestos entre las mujeres. Entre el análisis de las proyecciones masculinas, el discurso literario femenino y sus interrelaciones con la coexistencia de múltiples identidades en su ámbito social es una presencia constante en los textos de Quenel. Hoy podemos leerla sin prisas.
