PANDEMIA Y LAZO SOCIAL

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Domingo, 19 de Abril del 2020

PANDEMIA Y LAZO SOCIAL


La gravedad que ciertos acontecimientos sociales plantean nos interroga, por un lado, acerca de la posición del analista en esta situación y por otro, respecto de nuestra responsabilidad como sujetos. ¿Acaso los analistas no tenemos algo que decir de la extraordinaria situación que vive nuestro planeta y la consecuente modificación de la vida cotidiana que ha impuesto?

 

Es preciso tejer respuestas y propiciar la circulación de la palabra para que no nos gane el goce de la alienación, y el arrasamiento subjetivo. Aferrarnos a algún enlace simbólico, rescatar nuestra dignidad subjetiva y tratar de que este presente que nos toca vivir no sea un destino inexorable.

 

Esta pandemia, como ninguna otra situación que nos haya tocado vivir, nos coloca en una relación directa a las tres fuentes, descriptas por Freud en El Malestar en la Cultura, desde las que nos acecha el sufrimiento: desde el cuerpo propio, que destinado a la ruina y la disolución no puede prescindir del dolor y la angustia como señales de alarma; desde el mundo exterior, que puede abatir sus furias sobre nosotros con fuerzas hiperpotentes, despiadadas, destructoras; por fin desde los vínculos con otros seres humanos.

 

En este mismo texto, describe también los fenómenos de desamparo, desesperación y desolación como miseria psíquica de las masas. La fuente subjetiva de esta miseria es la angustia experimentada por los integrantes de una sociedad cuando las condiciones de la realidad vulneran seriamente sus expectativas de bienestar. Esta situación extraordinaria que nos toca vivir dificulta la inscripción significante y simbólica exponiendo al derrumbe subjetivo.

 

Pero fundamentalmente esta pandemia atenta contra el lazo social… nos dicen que es necesario un aislamiento social preventivo… es decir prevenirse del encuentro con el otro. Sabemos que el lazo social esta teñido de amor y odio, que es ambivalente y hemos visto expresiones de estas dos tendencias en estos días de encierro. Desde sujetos que pusieron en peligro a su familia y su comunidad hasta hermosos gestos de apoyo y solidaridad.

 

Lacan dice en el Seminario De un Otro al otro: "El prójimo es la inminencia intolerable del goce". (Entendiendo desde el Psicoanálisis al goce como un empuje que dista mucho del disfrute y el placer) ¿De qué goce se trata? El que el otro puede ejercer respecto del sujeto y el que el sujeto puede ejercer respecto de él. En el encuentro no hay garantías de lo que pueda suceder. ¿Pero por qué inminencia intolerable del goce? En el encuentro con el otro, el sujeto ocupa determinada posición que podrá conducir a la creación de algo inédito o a un destino de fatalidad inexorable. Dos caminos opuestos, uno el de la tensión agresiva, el de Caín y Abel, el otro, por el contrario, propiciatorio para el surgimiento de un acontecimiento, la apertura a nuevos significantes y nuevos entramados. Los lazos horizontales están hechos de solidaridad y de rechazo. En el campo social, no hay otra posibilidad que la ambigüedad, la masa es capaz en un momento de gestos de solidaridad y renuncia, en otro momento es capaz de discriminación y aplastamiento del otro. Depende de las posibilidades que ofrezca el Otro de lo social y del encuentro que cada sujeto pueda hacer de su singularidad y de sus marcas. Actos tales como las expulsiones que se generaron en varios edificios hacia los “agentes contaminantes” (personal de salud, de seguridad) por un lado y gestos de solidaridad tales como creación de barbijos, múltiples ofrecimientos de jóvenes para realizar comprar a personas mayores. Mirar al otro no para espiar o denunciar sino para estar ahí y poder tender una mano.

 

Entonces frente al “aislamiento social” la salida seria la invención de nuevos lazos, la creación de espacios que habiliten la producción de subjetividad. Acción transformadora de un sujeto arrasado en alguien capaz de hacer lazo y oponerse a aquello que lo destrama y desubjetiviza. Capaz de armar con otros, modos novedosos de habitar el lazo social. En psicoanálisis hablar de subjetivación es hablar de palabras, de lazo, de circulación deseante, de invención para poder hacer con lo que insiste fuera de la trama significante.

 

Sin duda contribuye a las posibilidades de invención de otro lazo social, el resurgimiento de un Estado que apuesta a legislar y regular, que pacifica al romper la tensión agresiva. Estado que recoge el guante de la historia y entre la falsa dicotomía entre la bolsa y la vida elige ubicarse en el plano ético y admitir la única salida posible para defender un valor supremo.

 

Si la suspensión de los lazos sociales lleva a la melancolización y a la apatía, es necesario entonces un movimiento de oposición para promover la recomposición subjetiva. Propiciar entonces actos que pongan fin a la pasividad, nacidos del lugar mismo de la angustia, que permitan hacer advenir el deseo del sujeto. Actos de resistencia que representen un corte, una invención.

 

Es necesario encontrar las formas de sostener los encuentros. Que el avance de lo real de la época (eso que paraliza y arrasa, el covid que nos arranca de lo conocido) no configure lo posible. Que eso sea siempre, algo, acerca de lo que tengamos que decir. 



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