SINGS DE CHET BAKER

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Lunes, 7 de Septiembre del 2020

SINGS DE CHET BAKER

                  Era 1954, Baker ya había grabado con Charlie Parker y Stan Getz. Un año atrás había formado parte del Cuarteto de Gerry Mulligan, con quien grabó quizás la versión más conocida de My Funny Vallentine. Tras la disolución del cuarteto de Mulligan, Baker firma un contrato con la discográfica Pacific Jazz Records, para grabar un disco de baladas con la colaboración de Russ Freeman en piano.

                Baker tenía 25 años, lo tenía todo, carisma, encanto, talento, una voz maravillosa que se deslizaba como un halo de luz en la oscuridad del cine, elegancia y una intuición natural que le permitía improvisar tanto con la trompeta como con su voz.

                Sings es un camino que va desde el enamoramiento a la amistad, de la amistad al recuerdo y del recuerdo al abandono. Crea en el aire un lugar para ser revisitado cuando el fin del amor llegue a tocar las puertas de tu casa. En ese momento Baker susurra a tu oído “the thrill is gone”, nada puede sostenerse mientras la voz suena, el aire se cubre de niebla, un perfume conocido se funde en el ambiente, todo es recuerdo.

La belleza se construye acorde sobre acorde en una cadencia por sobre todo triste, pero enriquecedora. Es un golpe directo al corazón, tan apto para creer como para descreer en los encantos del amor.  Una construcción sensorial ligada al enamoramiento, una antesala del lugar que ocupará la amistad cuando todo lo construido se disuelva en una nueva forma de sentimiento.

                El tiempo después del tiempo, el amor después del amor, pasiones heridas de los amantes y canciones construidas de a dos en lugares solitarios.

Pasaron los años, Baker no tuvo el reconocimiento merecido en Estados Unidos, canceló la grabación de otro disco con Pacific Jazz Records y partió en una gira a Europa donde grabó varios discos en vivo, y fue muy popular en Italia y Francia. Sin embargo nada de lo recaudado le era suficiente, la vida de Baker transitaba otra senda, un camino de convulsiones, mujeres, alcohol y por sobre todo heroína lo llevó a la autodestrucción. Perdió la dentadura completa, tras una fractura de su mandíbula en un ajuste de cuentas por deudas relacionadas con sus problemas de consumo. El artista debía entonces reinventarse, un cantante y trompetista necesita de sus dientes para ejecutar sus instrumentos.

Pasó un tiempo alejado de las drogas, acompañado por su tercera esposa y su amigo Gillespie que lo ayudó a retomar el camino musical. Baker cantaba con otro ritmo, con otra dicción, con pesadumbre y belleza. De su penúltimo recital dejó una grabación a capella de “Almost Blue”, que estremece al público. Baker pide antes de comenzar silencio absoluto, porque es una de esas canciones que necesitan que el aire se encuentre limpio para poblarlo con su voz.

                Finalmente murió a los 58 años en circunstancias confusas en Amsterdam, luego de haber caído desde una ventana. Había cocaína y heroína en su sangre, los tulipanes se marchitaron, el río se secó y Baker se elevó a los cielos como un ángel maldito que solo sabía sonreír con su voz.

 



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