SINGS DE CHET BAKER
Era 1954, Baker ya había grabado con Charlie Parker y Stan Getz. Un año
atrás había formado parte del Cuarteto de Gerry Mulligan, con quien grabó
quizás la versión más conocida de My Funny Vallentine. Tras la
disolución del cuarteto de Mulligan, Baker firma un contrato con la
discográfica Pacific Jazz Records, para grabar un disco de baladas con la
colaboración de Russ Freeman en piano.
Baker tenía 25 años,
lo tenía todo, carisma, encanto, talento, una voz maravillosa que se deslizaba
como un halo de luz en la oscuridad del cine, elegancia y una intuición natural
que le permitía improvisar tanto con la trompeta como con su voz.
Sings es un camino que
va desde el enamoramiento a la amistad, de la amistad al recuerdo y del
recuerdo al abandono. Crea en el aire un lugar para ser revisitado cuando el
fin del amor llegue a tocar las puertas de tu casa. En ese momento Baker
susurra a tu oído “the thrill is gone”, nada puede sostenerse mientras
la voz suena, el aire se cubre de niebla, un perfume conocido se funde en el
ambiente, todo es recuerdo.
La belleza se construye acorde sobre acorde en una
cadencia por sobre todo triste, pero enriquecedora. Es un golpe directo al
corazón, tan apto para creer como para descreer en los encantos del amor. Una construcción sensorial ligada al
enamoramiento, una antesala del lugar que ocupará la amistad cuando todo lo
construido se disuelva en una nueva forma de sentimiento.
El tiempo después
del tiempo, el amor después del amor, pasiones heridas de los
amantes y canciones construidas de a dos en lugares solitarios.
Pasaron los años, Baker no tuvo el reconocimiento
merecido en Estados Unidos, canceló la grabación de otro disco con Pacific Jazz
Records y partió en una gira a Europa donde grabó varios discos en vivo, y fue
muy popular en Italia y Francia. Sin embargo nada de lo recaudado le era
suficiente, la vida de Baker transitaba otra senda, un camino de convulsiones,
mujeres, alcohol y por sobre todo heroína lo llevó a la autodestrucción. Perdió
la dentadura completa, tras una fractura de su mandíbula en un ajuste de
cuentas por deudas relacionadas con sus problemas de consumo. El artista debía
entonces reinventarse, un cantante y trompetista necesita de sus dientes para
ejecutar sus instrumentos.
Pasó un tiempo alejado de las drogas, acompañado
por su tercera esposa y su amigo Gillespie que lo ayudó a retomar el camino
musical. Baker cantaba con otro ritmo, con otra dicción, con pesadumbre y
belleza. De su penúltimo recital dejó una grabación a capella de “Almost
Blue”, que estremece al público. Baker pide antes de comenzar silencio
absoluto, porque es una de esas canciones que necesitan que el aire se
encuentre limpio para poblarlo con su voz.
Finalmente murió a los
58 años en circunstancias confusas en Amsterdam, luego de haber caído desde una
ventana. Había cocaína y heroína en su sangre, los tulipanes se marchitaron, el
río se secó y Baker se elevó a los cielos como un ángel maldito que solo sabía
sonreír con su voz.