UN ACTO DE AMOR QUE SE METE EN LAS TRIPAS.
Hacer teatro en Santiago del Estero es un acto de amor, no siempre
entendido o mirado como tal. Se ensayan obras en casas, baldíos, galpones,
plazas. Quienes lo hacen provienen de diversas profesiones y oficios. En
horarios inexplicables, cuando los mortales descansan, los artistas ensayan.
Sin embargo, en este año pandémico el amor por el teatro habitó un
plano letárgico. Han sido ocho meses de un sueño profundo, en el que si bien hubo
un viraje hacia lo virtual, la actividad disminuyó dramáticamente.
Para quienes vivimos este idilio, la utopía se convirtió en una
muralla enorme. Salas oficiales cerradas, salas independientes cerradas,
talleres cerrados, giras suspendidas, producciones detenidas, lo que nunca se
detuvo fueron los egresos.
Hay un deseo demoledor de hacer teatro: por latido, por pulsión,
por contención, por la necesidad misma de encontrarnos con un otro. El hecho
teatral implica un convivio[1],
un encuentro donde contamos una mentira y pactamos, con otros que nos creen.
Ese coexistir, en tiempos de pandemia, se detuvo. La pandemia nos enfrentó a un
amor mal habido.
Hoy, pese a la muralla pandémica, somos muchos más que antes,
estamos absolutamente seguros de eso. En Santiago del Estero se hace teatro, de
todo tipo y forma, ¿por dónde empezar?, por donde usted guste y si no le gusta,
busque otro, que teatro hay y se hace. Bueno o malo eso ya es otro tema.
Hacer teatro en Santiago del Estero es un acto de amor que va
contra todo, desde la escasa formación a la indiferencia institucional, desde
la falta de respeto al trabajo hasta el doloroso silencio de una sala.
Podríamos haber elegido muchas otras formas de ganarnos la vida (como si la
vida no fuese ya una ganancia), sin embargo, el teatro nos mueve el alma, se
nos mete hasta las tripas.
De la virtualidad
El 7 de marzo de 2020, al terminar nuestra segunda función del año
con “El Cruce de la Pampa”, nunca pensamos lo que se venía.
Al saber que se suspendían los eventos públicos comenzó un largo
proceso en el que el teatro, como muchas otras actividades; tuvieron que
transformarse, reinventarse (palabra usada ampliamente durante este año en toda
disciplina).
Lo que se reinventó fue la forma de transmitir teatro o de poder
acceder a ver una obra de teatro. Las nuevas formas y lenguajes del quehacer
artístico mostraron que la virtualidad nos habitada desde hace rato y le tocó
la hora de ser protagonista, pero nunca llegó a cubrir las expectativas o
sensaciones que puede generar un espectáculo vivo. El teatro es vivo presente,
es aquí, ahora con vos y conmigo.
En este transcurrir del año pandémico pudimos ver teatro virtual,
por streaming, pero también hubo teatro en la calle, arriba de bicicletas, en
peatonales y plazas, y hasta hubo teatro clandestino, metidos en una casa
deshabitada.
Porque nos es inevitable desarrollar nuestra profesión, con barbijos, alcohol en gel, añorando el contacto físico, hicimos teatro.
Cultura en emergencia
El teatro es parte del patrimonio inmaterial de Santiago del
Estero, pueblo en el que su mayor atractivo es la cultura. Una vez más, como
esa figurita repetida incambiable, cuando hubo que recortar, nos recortaron a
los artistas.
El teatro son directores, actores, sonidistas, iluminadores,
vestuaristas, diseñadores, comunicadores… infinidad de individuos que durante
ocho meses no tuvieron trabajo. La muralla fue gigante, sin puertas, con una
Santa Rita violenta imposible de trepar. La indiferencia de diferentes sectores
públicos hace que la utopía se parezca a un imposible. Y una vez más estamos en
emergencia. Una vez más debemos recordar que #El teatro es trabajo.
Reapertura.
Este año pandémico también nos dio la posibilidad de volver, y de reencontrarnos,
y de repente, el 10 de diciembre “El Cruce de la Pampa” estaba ahí de nuevo,
ocupando un lugar en la cartelera y en nuestras vidas.
Montar luces, sonido, meterse en los vestuarios, ser un otro,
ofrecer nuestra historia al público es sublime, y volvemos a empezar, en
emergencia, legitimando una vez más nuestro trabajo, siempre empezando, pero el
aplauso, la adrenalina, las conjeturas de los niños expectantes, el abrazo
embarbijado con el equipo de trabajo hace que nos dejemos elegir de nuevo por
el teatro.
En Santiago del Estero el teatro tiene todas las posibilidades de
no existir, pero existe, porque hacer teatro es un acto de amor, que se te mete
en las tripas.
El Yunque Teatro.
(Fernanda Ormaechea, Gonzalo Karam, Diego Palavecino, Luis Gallar, German Pizzi)

[1]"convivio" proviene del latin "convivium" y significa banquete.