UN ESPEJO EN EL TIEMPO
..."No hay verdad mas armada que la pura inocencia"...
Juan Gelman
Estoy
buscando algún espejo que al mirarme en su fría y despiadada imagen me refleje,
me lleve, me transporte automáticamente y pueda tener enfrente la imagen de
aquella niña que fui a los 11 años. Quiero
hablarle, quiero verla. Necesito mirar esa imagen que mi mente aún recuerda
vagamente, aquella niña asustada, sorprendida y muy confundida. Pienso miles de
cosas, pienso en cómo debería actuar frente a ella, pienso cuál sería la forma
más adecuada de hablarle para que no sienta más temor, más miedo.
Creo
que empezaría por tomarme unos minutos, unos largos minutos para abrazarla
fuerte, muy fuerte, en silencio, que ni el más mínimo respiro se interponga a
este sublime episodio. Creo que después de ese hermoso abrazo la haría reír a
carcajadas fuertes, haciéndole cosquillas en la panza como a ella le gustaba, hasta
que diga basta, ya me duele la panza. Sé
que a ella le gustaría mucho jugar conmigo a las muñecas porque la conozco muy
bien y sé que cualquier cosa que encuentre la transformara en muñecas. Estoy
segura que a ella le produciría una enorme felicidad el que las dos juguemos.
Entre
los juegos y las risas, sin dejar de abrazarla, sin dejar de mirarla ni sonreír
le diría “todo va a pasar, hermosa” y creo que aun así me quedaría corta. Muy insuficiente,
con esa frase. Porque soy consciente y sé que nada podría hacer para evitarle
los dolores que le esperan. La indiferencia incomprensible de sus seres amados,
las heridas del insulto callejero constante, el desprecio directo y descarnado de
quienes la acompañen en su paso por la educación y la soledad. Esa soledad con
la que seguramente se harán muy compinches, por mucho tiempo.
Digo
más, creo que cualquier demostración de afecto sería insuficiente para esa niña
que fui a los 11 años, cualquier demostración de afecto sería extremadamente
poco, casi nada, para su pequeño corazón tan sano, tan inocente. Miro el reflejo del espejo sin parpadear y la
verdad no sé de qué forma, no sé cómo puedo ayudarla para que esté prevenida y pueda
enfrentar al mundo que todavía no está preparado…siendo ella tan distinta, la van
a considerar anormal, le gritarán que es enferma, le dirán pecado.
Sigo
pensando y quizás solo le diría “que tenga confianza en sí misma, porque se lo
fuerte que va a ser”. Esa confianza en sí
misma le servirá para no perderse en círculos corrompidos que muchos esperan y
que ya le auguran, confianza para no creerse el cuento machista patriarcal
donde no tiene cabida. Confianza para
construirse día a día a sí misma, como pueda, como quiera, como le salga, como
la dejen…ser.
Al
final y después de pensarlo varias veces creo que no podría decirle nada,
muchas veces las palabras sobran, solo le daría un largo beso bien exagerado,
ruidoso, de esos que le han de faltar tantas veces y sin decirle nada me iría
de su lado dejándola vivir la etapa más bella, que es la niñez pura, antes de
que sus ojos sean abiertos a esta realidad violenta y cruel que le espera a lo
largo de su vida.
Antes
de alejarme del espejo y mientras su imagen se va esfumando le diría: “yo confió en vos, mi amada LUISA. Confió en que no vas a ceder.
Confió que no vas a renunciar a tu ser, a tu sentir, a tus sueños. Sé que
tendrás un montón, y a medida que pasen los años se cruzaran con otros nuevos
sueños. Estoy más que segura que vas a encontrar la forma de hacer que esos
sueños de niña se cumplan. Que aunque ese proceso sea muy extenso, muy cruel y
despiadado, sé que ese camino que auto percibes, nadie en este mundo podrá
quitártelo”.
