MISHKY HUASI EN EL RIO

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Sábado, 8 de Agosto del 2020

MISHKY HUASI EN EL RIO

En todas las profesiones,  artes y oficios  hay ideales a seguir, modelos para replicar, pero también hay búsqueda,  según la curiosidad y la imagineria de cada cual se pueden abrir  caminos alternativos, laterales, tangenciales, algunos probablemente tengan más garantías que otros en la obtención de resultados, pero sin duda los desconocidos son mas vertiginosos y nos dan sorpresas que desafían el sentido común. El arquitecto  Anselmo Vezossi da testimonio de su búsqueda, de su ética y su estética profesional en la “Mishky Huasi” (Casa Dulce) se podrán plantear disquisiciones y análisis respecto de su hacer, lo que si se impone indiscutible es su convicción y su coherencia.

Anselmo, nació y se recibió de arquitecto en Santa Fe, a los vienititantos años se vino enamorado de la mano de una santiagueña, Marcela, con la que está casado hace más de 40 años. Se reconoce como un “santiagueño convertido”, gracias al amor de la familia que formo, a la literatura disfrutada y al monte que lo deslumbro desde la primera vez que vino. En sus primeros años por Santiago del Estero viajaba seguido para "Tuscayoj" un lugar cerquita de Loreto, iba con Marcela en el colectivo “La Unión” que paraba por entonces en la intersección de Alsina y Belgrano, poco después comenzaron los viajes de caza, pesca e investigación con “El pibe” y “Tutti” Delgado. La espiritualidad de la gente del monte, esa forma tan especial de transitar el dolor, el tiempo, la adversidad, fue a través de la cual  comenzó a sentirse parte de este territorio.

La “Mishky Huasi” es una síntesis de la trabajo desarrollado por Anselmo  junto al estudio Delgado-Vezzosi, esta obra condensa su lenguaje en el espacio, la persistencia de los oblicuos, los techos redondos, la integración de los espacios evitando las puertas, y privilegiando la interconexión de los lugares, “hay que evitar que la arquitectura este tan geometrizada, ortogonal las construcciones de hoy parecen del hombre de neandertal , la economía está en el diseño, por ejemplo, prefiero el cerámico en vez de un costoso porcelanato, elijo el poder expresivo del dibujo que se puede hacer” [1]. 

Para conocer la “Mishky Huasi” hay que llegar por la ruta 211 y cerca de la rotonda doblar en un estrecho camino de tierra hacia el río. El recorrido previo nada adelanta la  maravilla. Para ingresar hay un portón de hierro de dos hojas y luego la vegetación que se abre rodeando el ingreso a la casa, todo está en pleno crecimiento, especies arbóreas de Santiago retoñando un montecito. Hay itín, vinal, algarrobo, tipa, aguaribay, breas, ancoches, quebrachos. El viento fluye deshilachado entre los árboles y anuncia la cercanía del agua. Ante el descubrimiento del lugar la primera palabra que aflora es paz. Anselmo me dice “aquí no pasa el tiempo” y es verdad, aquí pasa el río. Todo el lugar exige contemplación, reposo, una percepción distinta de los sentidos.

Inicialmente  caminamos sobre lo que podríamos llamar la terraza de la casa, hay un mirador  custodiado por pencas, y un asiento improvisado en las alturas sobre la antigua estructura de un pupitre escolar, desde allí hay una hermosa vista del río y su anchura. A un costado está levantado el prototipo de la casa, una construcción redonda con un tamaño intermedio entre un gran horno de barro y uno horno de carbón, para levantar las paredes de la casa, los ladrillos se fueron apilando con la misma metodología de construcción de un horno, la diferencia radica en que la “Mishky Huasi” es el cuarto de una esfera, lo que en la arquitectura romana se conoce como “ábside”.

Una construcción se torna imponente cuando está fundida con el territorio, cuando todo lo edificado es un encuentro con lo pre existente, no se trata de un injerto grandilocuente sobre tierra arrasada sino una extensión de lo que el territorio florece,  esta casa tal como está concebida es un elemento más en la naturaleza, una continuidad entre los árboles y los pájaros.  Fueron cuatro años los que llevo la construcción, y trabajaron dos albañiles con paciencia de artesanos. “Yo no hago la obra, la obra se hace sola a sí misma” cuando Anselmo explica, dibuja con sus manos en el aire, luego cierra los ojos para bucear en su memoria y vacila hasta encontrar la palabra que mejor explique aquello que quiere decir... para ingresar a la casa propiamente dicha  hay que descender por un túnel paralelo al río, sugerencia del “señor que hizo la excavación”, sucede que la base de la obra es una suerte de pileta de 12×12x15, el túnel es un recorrido que necesita detenimiento, múltiples dibujos y expresiones, obsequios de estudiantes de bellas artes que pasaron por aquí a dejar su huella. 

 Frente al río, la casa es una pupila incrustada en una barranca, un ojo curioso a resguardo, en todo su frente tiene una mampara colorida de vidrios y una verja que se abre para bajar a la playa. Todas las paredes interiores  tienen dibujos y  detalles con tapitas, venecitas. Del techo cuelgan “caireles de basural”, botellas de plástico dispuestas en forma circular rodeando los focos. Todo es un gran juego de imaginación, un planteo distinto de morada, un espacio de reposo. Hay un lugar para la cocina, el baño, en el comedor hay sillas diversas alrededor de una pequeña mesa y al costado un atril que ilustra como fue la construcción, arriba, un entre piso, que no es un dormitorio sino un “dormidero”, hay unas camas y una panorámica soñada de la playa y el río.  La escritura se apropió de la poesía pero la poesía está en todas las artes[2] para subir hay una escalera que se levante sobre un larga viga, la baranda está sostenida sobre raíces de arboles de la zona, cada raíz conserva intacta sus características vegetales. Toda la atmósfera es poesía, aparte de lo que puedes ver y caminar, está lo sugerido, lo oculto y eso es mucho.

En el piso del centro de la casa junto a un prisma de apoyo que oficia de chimenea, estufa y asador hay unos mosaicos graniticosos originales que pertenecieron a una camineria de la costanera en la década del 60´ de aquello solo quedan algunas ruinas en estado total de abandono. El mosaico graniticoo rescatado es parte de  un dibujo del arquitecto Carlos David, dispuesto a lo largo de la vereda hacia reptar una serpiente bajo los pies del peatón, nada de eso se conservo y fue pisoteado por maquinas compactadoras de suelo, al menos una pequeña parte esta atesorada aquí.

Para Anselmo la arquitectura es una forma  de percibir la naturaleza y sus espacios. Esta comprometido existencialmente con lo que va creando, hay algo trascendental en su estilo que va más allá de lo mundano. Lo práctico esta  muchas veces junto a lo estético. La invención es una vocación que hay que ejercitar “Me jubile de docente pero soy Arquitecto y esa cuestión la llevaré hasta la tumba, la profesión no tiene que ser rutinaria, o al menos voy a intentar siempre buscar la novedad”[3].  Una novedad que en nada se parece a gritos de hierro, ni grises alturas que se calcinan de frente al sol. La  novedad de Anselmo sabe del barro y del ladrillo, pero sobre todo de la naturaleza que circunda.  De cuando en vez la Mayumaman ha de recostarse en el dormidero de esta casa para sonreír a la creciente.-

 

        Sebastian Barrionuevo Sapunar

 

 





[1] Anselmo Vezzosi textual

[2] Anselmo Vezossi textual.

[3] Anselmo Vezossi textual.

 



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