MISHKY HUASI EN EL RIO
En todas las profesiones, artes y oficios hay ideales a
seguir, modelos para replicar, pero también hay búsqueda, según la curiosidad y la imagineria de cada cual se pueden
abrir caminos alternativos, laterales, tangenciales, algunos probablemente
tengan más garantías que otros en la obtención de resultados, pero sin duda los desconocidos son mas
vertiginosos y nos dan sorpresas que desafían el sentido común. El arquitecto Anselmo Vezossi da testimonio de su búsqueda, de su ética y su
estética profesional en la “Mishky Huasi” (Casa Dulce) se podrán plantear
disquisiciones y análisis respecto de su hacer, lo que si se impone indiscutible
es su convicción y su coherencia.
Anselmo, nació y se recibió de arquitecto en Santa
Fe, a los vienititantos años se vino enamorado de la mano de una santiagueña,
Marcela, con la que está casado hace más de 40 años. Se reconoce como un “santiagueño
convertido”, gracias al amor de la familia que formo, a la literatura
disfrutada y al monte que lo deslumbro desde la primera vez que vino. En sus
primeros años por Santiago del Estero viajaba seguido para "Tuscayoj" un lugar cerquita
de Loreto, iba con Marcela en el colectivo “La Unión” que paraba por entonces
en la intersección de Alsina y Belgrano, poco después comenzaron los viajes de
caza, pesca e investigación con “El pibe” y “Tutti” Delgado. La espiritualidad
de la gente del monte, esa forma tan especial de transitar el dolor, el tiempo,
la adversidad, fue a través de la cual comenzó
a sentirse parte de este territorio.
La “Mishky Huasi” es una síntesis de la trabajo desarrollado por Anselmo junto al estudio Delgado-Vezzosi, esta obra condensa su lenguaje en el espacio, la persistencia de los oblicuos, los techos redondos, la integración de los espacios evitando las puertas, y privilegiando la interconexión de los lugares, “hay que evitar que la arquitectura este tan geometrizada, ortogonal las construcciones de hoy parecen del hombre de neandertal , la economía está en el diseño, por ejemplo, prefiero el cerámico en vez de un costoso porcelanato, elijo el poder expresivo del dibujo que se puede hacer” [1].
Para
conocer la “Mishky Huasi” hay que llegar por la ruta 211 y cerca de la rotonda
doblar en un estrecho camino de tierra hacia el río. El recorrido previo nada
adelanta la maravilla. Para ingresar hay
un portón de hierro de dos hojas y luego la vegetación que se abre rodeando el
ingreso a la casa, todo está en pleno crecimiento, especies arbóreas de Santiago
retoñando un montecito. Hay itín, vinal, algarrobo, tipa, aguaribay, breas,
ancoches, quebrachos. El viento fluye deshilachado entre los árboles y anuncia
la cercanía del agua. Ante el descubrimiento del lugar la primera palabra que
aflora es paz. Anselmo me dice “aquí no pasa el tiempo” y es verdad,
aquí pasa el río. Todo el lugar exige
contemplación, reposo, una percepción distinta de los sentidos.
Inicialmente
caminamos sobre lo que podríamos llamar la
terraza de la casa, hay un mirador custodiado por pencas, y un asiento
improvisado en las alturas sobre la antigua estructura de un pupitre escolar, desde allí hay una hermosa vista del río y su anchura. A
un costado está levantado el prototipo de la casa, una construcción redonda con
un tamaño intermedio entre un gran horno de barro y uno horno de carbón, para
levantar las paredes de la casa, los ladrillos se fueron apilando con la misma
metodología de construcción de un horno, la diferencia radica en que la “Mishky
Huasi” es el cuarto de una esfera, lo que en la arquitectura romana se conoce como “ábside”.
Una
construcción se torna imponente cuando está fundida con el territorio, cuando todo
lo edificado es un encuentro con lo pre existente, no se trata de un injerto
grandilocuente sobre tierra arrasada sino una extensión de lo que el territorio
florece, esta casa tal como está
concebida es un elemento más en la naturaleza, una continuidad entre los
árboles y los pájaros. Fueron cuatro
años los que llevo la construcción, y trabajaron dos albañiles con paciencia de
artesanos. “Yo no hago la obra, la obra se hace sola a sí misma” cuando
Anselmo explica, dibuja con sus manos en el aire, luego cierra los ojos para
bucear en su memoria y vacila hasta encontrar la palabra que mejor explique
aquello que quiere decir... para ingresar a la casa propiamente dicha hay que descender por un túnel paralelo al
río, sugerencia del “señor que hizo la excavación”, sucede que la base de la
obra es una suerte de pileta de 12×12x15, el túnel es un
recorrido que necesita detenimiento, múltiples dibujos y expresiones, obsequios
de estudiantes de bellas artes que pasaron por aquí a dejar su huella.
Frente al río, la casa es una pupila
incrustada en una barranca, un ojo curioso a resguardo, en todo su frente tiene
una mampara colorida de vidrios y una verja que se abre para bajar a la playa.
Todas las paredes interiores tienen
dibujos y detalles con tapitas,
venecitas. Del techo cuelgan “caireles de basural”, botellas de plástico
dispuestas en forma circular rodeando los focos. Todo es un gran juego de
imaginación, un planteo distinto de morada, un espacio de reposo. Hay un lugar
para la cocina, el baño, en el comedor hay sillas diversas alrededor de una
pequeña mesa y al costado un atril que ilustra como fue la construcción, arriba,
un entre piso, que no es un dormitorio sino un “dormidero”, hay unas camas y
una panorámica soñada de la playa y el río. La escritura se apropió de la
poesía pero la poesía está en todas las artes[2] para
subir hay una escalera que se levante sobre un larga viga, la baranda está
sostenida sobre raíces de arboles de la zona, cada raíz conserva intacta sus
características vegetales. Toda la atmósfera es poesía, aparte de lo que puedes
ver y caminar, está lo sugerido, lo oculto y eso es mucho.
En
el piso del centro de la casa junto a un prisma de apoyo que oficia de
chimenea, estufa y asador hay unos mosaicos graniticosos originales que
pertenecieron a una camineria de la costanera en la década del 60´ de aquello
solo quedan algunas ruinas en estado total de abandono. El mosaico graniticoo rescatado es parte de un dibujo del arquitecto Carlos David, dispuesto a lo largo de la vereda hacia reptar
una serpiente bajo los pies del peatón,
nada de eso se conservo y fue pisoteado por
maquinas compactadoras de suelo, al menos una pequeña parte esta atesorada
aquí.
Para Anselmo la arquitectura es una forma de percibir la naturaleza y sus espacios. Esta comprometido existencialmente con lo que va creando, hay algo trascendental en su estilo que va más allá de lo mundano. Lo práctico esta muchas veces junto a lo estético. La invención es una vocación que hay que ejercitar “Me jubile de docente pero soy Arquitecto y esa cuestión la llevaré hasta la tumba, la profesión no tiene que ser rutinaria, o al menos voy a intentar siempre buscar la novedad”[3]. Una novedad que en nada se parece a gritos de hierro, ni grises alturas que se calcinan de frente al sol. La novedad de Anselmo sabe del barro y del ladrillo, pero sobre todo de la naturaleza que circunda. De cuando en vez la Mayumaman ha de recostarse en el dormidero de esta casa para sonreír a la creciente.-








