UN LAZO INFINITO

Cookies

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios.

Domingo, 7 de Julio del 2024

UN LAZO INFINITO

Hace unas semanas en el bar la “Buri Buri” de “Utopía Libros y Café”, se realizó una lectura de poesía en la que participaron Elisa Piccoli, Juan Avendaño, Pia Cabral, Julio Salgado y Pancho Avendaño. En el encuentro se celebró el reconocimiento a la labor poética de Julio Salgado, quien recibió un premio Konex de las letras del año 2024. Hoy publicamos las palabras que compartió Sebastian Barrionuevo Sapunar en la apertura.

 

Muchos pensadores de este tiempo dicen que los vínculos hoy son más bien entre mercancías, o entre cosas, pero difícilmente entre personas. A propósito de ello, Silvio Rodriguez canta: “Martí me hablo de la amistad y creo en el cada día, aunque la cruda economía ha dado luz a otra verdad”. Alude el trovador a los inmortales versos del poeta que siguen rezando: “Cultivo una rosa blanca en julio como en enero/ para el amigo sincero que me da su mano franca/ y para el cruel que me arranca el corazón con que vivo/ cardo ni ortigas cultivo/cultivo una rosa blanca”.

Me gusta hablar en estos encuentros del vínculo que se construye en torno a la poesía. Un dialogo fundante que tiene desde su inicio la dislocación del lenguaje, los símbolos dispuestos para lo otro, para lo indecible, para lo que va contraluz, y quizás se abra como un prisma. El lazo que nos une en la poesía nos propone una provisoriedad y una continuidad diferente en la vida. Nos acercamos y nos revelamos en una conversación que nada tiene de progresiva y lineal. De las personas conocemos muchas veces apenas un perfil, un costado, algunas maneras de existir y compartir en determinados escenarios. La poesía desordena todo aquello, porque nos encuentra y nos descifra. Dice Maria Negroni: “en el poema - verdadero inutensilio, según Paulo Leminski- las palabras se niegan a servir para algo, solo aspiran a la inadhesión, exhibiendo de ese modo, su rechazo a cualquier doxa”. Un caleidoscpoio que nunca dejamos de hacer girar. Nos expone distintos y nos revela, dice Juan Avendaño, “el poeta, piloto desorientado vulnerado por la catástrofe /literaria de su creación jamás podrá evitar que todos sus elementos digan su realidad.

El encuentro surgió por la alegría que nos produjo saber del justo reconocimiento que recibió Julio Salgado, con un premio Konex de las letras del año 2024. A quienes disfrutamos de su obra nos pareció una idea justa la de reunirnos y compartir poesía para celebrar.

A Julio lo conocí en el patio de la casa donde vivía Francisco Avendaño, hace ya 10 años. Esa noche de verano ellos conversaban y yo escuchaba. Pancho preguntaba y Julio respondía con citas y nuevas preguntas. Con su especial tono de voz, iba puliendo las estrellas que se derramaban en el patio. “El patio, aquel declive por donde se derrama el cielo en la casa” diría Borges.  En esa misma constelada mesa abrí “Frias, Catabasis”, y desde aquel encuentro tuve otros ojos para seguir mirando, sintiendo y pensando a la ciudad de Frias. En el inicio de aquel libro Julio Salgado recuerda la historia que le supo contar su abuelo: “el 16 de Enero de 1939 en el calor del alba un tren cayo al Rio Albigasta, por mucho tiempo los pasajeros se confundieron con troncos y animales arrastrados por la corriente del rio, así es que Julio dice más adelante, “y en llamitas mis ojos aprenden de un año que no he visto”.

Así como los ojos de Julio aprendieron de la voz de su abuelo de un año que no había visto. Así aprendí también yo historias de Frías de años que no había visto, pero que la voz de mi abuela me enseñó a ver. Fue el tren el que agrupo a mucha gente que ya andaba dispersa por el territorio. Historias que pre existían a las vías, pero que asumieron aquel trazado como una marca para construir una comunidad, para que también otras personas llegaran allí, y así, se fue configurando lo que se conoce hoy como ciudad de la amistad.

Dice Maria Negroni “La poesía piensa al interior de la poesía misma. Preserva algo de la infancia antes de la palabra”. En Frias, desde el umbral de la casa de mi abuela cuando niño vi muchas veces con curiosidad al final de la calle el paredón del alto nivel, esa costura de metal y ladrillos que desde lejos parecía dividir la ciudad. Más aquí en el tiempo supe que la unidad de esas orillas estába sostenida por un correntoso río llamado Tren, que alguna vez también supo fundirse con el Albigasta. Pía Cabral, dice en un verso “busco mi cuerpo en la corriente de un rio que no está, mi cuerpo es el que corre no el rio”. 




Sucedieron otras reuniones con Julio Salgado, quizás no tantas como intensas. Lo invitamos a presentar el libro que habíamos editado con un grupo de amigos, así fue que generosamente se hizo parte “Antología poesía circular”. Compartimos también una caótica presentación en la feria del libro de Buenos Aires en el espacio de Santiago.  Estuvimos leyendo y conversando, bajo un permanente juego de luces de colores en el escenario y éramos el interludio de unas guitarras que esperaban ansiosas que nosotros termináramos para largar furiosamente el rasguido.  Hablábamos nosotros adentro de una concentración que se parecía a un gran cono de silencio, bajo el espanto. Conservo una hermosa fotografía de esa experiencia inolvidable. Nosotros estamos sonrientes. En ese mismo viaje pudimos conocer su casa, a su compañera y compartimos el dialogo, y reconocimos allí, una vez más, el lazo de la poesía que une fraternalmente de una forma indescriptible. Luego recibimos en casa de mis padres a Julio y nos contó emocionado el alumbramiento de la poesía en su vida. El recuerdo de un profesor de escuela que lo invito a un encuentro de poetas y que costeo los gastos para que ese niño que se asomaba a la poesía, siguiera discurriendo su camino.  Presentamos luego “Fractura” en Utopía. Julio se hizo parte del libro de Elisa Piccoli, “Parabellum”. Nos acompañó con su palabra en la presentación y también en el libro. Hace unos meses estuvimos en Buenos Aires y fue el uno de los que llevo a cabo la presentación de “Agón, cuaderno a María Adela Agudo” en la biblioteca nacional. Cuento y reviso rápidamente lo que fuimos forjando con Julio a través de la poesía a donde los silencios compartidos también cobran otros sentidos. Como dice Elisa Piccoli “Mientras flotes, sereno y pavoroso, se irán prendiendo uno a uno los ciegos ojos del silencio”.  O como dice mi hermano Francisco Avendaño “el silencio que también es blanco, está hecho de tiempo, horas acumuladas en callar lo esperado, dentro de su sueño, cada silaba de papel regresa a su sonido”. Una vez más adentro de la Utopía, compartimos la lectura y los silencios de esta ceremonia infinita que nos une y como nos dijo en el cierre el maestro Julio Salgado “Todavía existe la buena Poesía, juntémonos a su alrededor y oigamos lo que dice. El volcán ruge, si viene la lava nos encontrará en nuestro mejor momento”.

 



Categorías

Autores