UN PUÑADO DE MONEDAS DE ORO, POESIA CIRCULAR
Con los últimos soles de
este año que atardece con lentitud, he recibido el envió de un libro: Antología
Poesía Circular. Un libro colectivo cuyas páginas prometen una
puesta al día de lo que se escribe en este medio en materia poética.
No sé si
Santiago será tierra de poetas –como, no sin vanidad, suele decirse–; me
permito por el momento poner esa afirmación en suspenso, me permito arrojar una
sospecha sobre cierta jactancia provinciana; creo, sin embargo, que este
territorio es morada experiencial de la poesía. El santiagueño habla y vive
poéticamente, porque habitamos un mundo de símbolos. Un mundo de
correspondencias luminosas.
En un conocido
texto, Rodolfo Kusch distingue la palabra común de la Palabra Grande. La
palabra común es aquella cuyo horizonte es la univocidad, la mayor precisión
posible del significado. La Palabra Grande es aquella que estalla en una
pluralidad incontenible de significaciones. La palabra común termina en la
ciencia, como aquel lenguaje de mayor eficacia instrumental. La Palabra Grande
termina en la poesía, como el lugar donde el lenguaje se inventa a sí mismo.
Las palabras abandonan su ropaje de herramientas y se convierten en símbolos
que brillan por la densidad de sus sentidos, en un brillo que se mira a sí
mismo.
Y entonces el poeta es un
orfebre que transforma el barro en oro. “Tú me diste barro y en oro lo troqué”,
dice Baudelaire en el epilogo a Las Flores del mal. La
poesía entonces funda templos resplandecientes, a donde solo había pantanos o
desiertos. El poeta no copia la realidad; el poeta la funda desde abajo. Es
hacedor de mundos.
El trueque del
barro en oro nos remite a aquella metáfora de Gadamer según la cual la poesía
es una moneda de oro, mientras que el lenguaje común es una moneda de hierro.
Esta última tiene el valor de una promesa, un acto de fe. Una moneda de oro, en
cambio, no necesita contar con esa promesa. Su valor descansa en ella
misma. Es el equivalente a lo que representa su propio peso. Quiere decir que
el sentido de la palabra poética está en ella misma, en el oro que ha creado a
partir del barro, a diferencia de las monedas de hierro con las que hablamos en
el mundo de la vida, donde el sentido se constituye desde fuera.
La Antología
Poesía Circular se me figura como un puñado de monedas de oro,
forjadas con los materiales que nos rodean: la ciudad, la tierra, nuestra
memoria, nuestros ancestros, las cosas que pueblan nuestra experiencia.
Poesía circular
es un colectivo de poetas santiagueños que comparte espacios de difusión en
redes sociales y en recitales poéticos colectivos. Es poesía que circula,
poesía en movimiento, poesía que sale de sí misma en busca de hacerse oír o
leer por el mundo. Hay que reconocer en este colectivo el mérito de haber hecho
de la poesía un culto y un oficio.
El movimiento
es a la vez una a-puesta y una puesta. Una apuesta en esa moneda de oro. Se
percibe la intención fundante de abrir un horizonte poético innovador, desde el
suelo mismo santiagueño. Y es además una puesta en movimiento de la poesía, la
poesía concebida como movimiento colectivo.
Cada poeta esgrime un
estilo con sus propias marcas de orfebrería, a la vez que aporta un reguero de
palabras al gran caudal de un suceso poético supraindividual.
De manera
directa o indirecta, el nombre se asocia al título de un poema –que no es parte
de esta antología- de uno de los autores, Francisco Avendaño, cuya Poesía
circular declara; “Yo lanzo mis flechas al cielo de esta noche / y espero
/ El día beberá de los pájaros abatidos”. Poesía circular entonces son “flechas
al cielo”. Probablemente en este título también se alojen resonancias de
aquella inolvidable Poesía vertical de
Roberto Juarroz.
Antología Poesía Circular es el nombre de una selección poética de siete
integrantes del movimiento: Francisco Avendaño, Gastón Merino, Ezequiel
Álvarez, Sebastián Barrionuevo Sapunar, Aníbal Costilla, Francisco Barrionuevo
Sapunar, Juan Santiago Avendaño. El libro está prologado por Félix Demasi,
integrante del mismo colectivo. En esas palabras define la propuesta como “el
sueño colectivo de un grupo” y levanta una exhortación a “dejarse ganar por las
palabras y a atreverse a recorrerlo con el vértigo”. La exhortación de Demasi,
presupone la necesidad de que el lector se descubra frente a algo que irrumpe
desde lo nuevo; algo diferente y colectivo, que el lector, en síntesis,
se deje atravesar por las “flechas al cielo”.
¿Qué tienen de común los
poetas que integran esta selección?
En principio
señalemos las coincidencias que surgen de datos objetivos.
Los autores
pertenecen a una misma generación. Casi todos han nacido entre los años 80 y
90. Publican en libros y en antologías aproximadamente a partir de 2010 hasta
la fecha. Un dato que llama la atención es que casi todos ellos son de
profesión abogados. Sin embargo, se reconocen y se piensan a sí mismos como
poetas, casi no cultivan otros géneros. En el terreno literario tienen una
trayectoria reconocible como finalistas de concursos, integrantes de antologías
y autores de libros. Si bien es cierto no todos han publicado poemarios,
tienen, sin embargo, una obra poética nutrida, difundida en antologías, en
redes sociales, en recitales poéticos y en diversos canales alternativos. Es
decir, todos han lanzado flechas al cielo. Son nombres que resultan conocidos
en los círculos literarios santiagueños.
En lo estilístico, se
observa un justo equilibrio entre lo individual y lo colectivo. La propuesta
muestra algunas convergencias reconocibles en sus poéticas, que se modulan en
matices propios de casa propuesta individual.
Como
convergencias, puede observarse cierta cadencia narrativa en los poemas, una
búsqueda de equilibrio entre la austeridad y el esplendor de la forma, la
conjunción de tradición y modernidad, el tono melancólico, la situacionalidad
del habla poética, una mezcla de elementos de poesía conceptual con el rescate
de lo cotidiano, sumado a un repertorio de temas comunes, como la ciudad, las
voces de la infancia, los efectos simbólicos de la pertenencia a esta tierra,
las costumbres.
No hay costumbrismo, ni
paisajismo, ni lo que podría denominarse poesía regional. Lo local en este
caso, trasciende como lenguaje, como lugar de enunciación. Son poetas que han
hecho propio el horizonte simbólico local y recuperan en registro poético el
habla de nuestra gente.
En lo
individual cada propuesta se recorta con un estilo y temas que son propios:
Francisco
Avendaño nos ofrece una poesía de alta densidad conceptual, autoreflexiva, por
momentos filosófica, que poetiza entre otras cosas el acto de escribir en sí
mismo y los emplazamientos del autor: “y acaso sucedan /rauda / la hermosura. /
De cualquier modo, / todo es tan fortuito / que los poemas /no debieran ser
firmados”.
Gastón Merino, presenta
una poética como trabajo de la memoria, en que se recupera la infancia, la
reconstrucción de un credo roto, el canto a la propia tierra y a sus creencias,
su folklore, sus costumbres, y la memoria de aquella ciudad en llamas que arde
en nuestro pasado colectivo entre el canto de charatas y coyuyos de un
diciembre ya lejano.
Ezequiel
Álvarez nos presenta en sus poemas los “melcoches” de una ciudad oculta
que nos reconecta con nuestro pasado, la muerte como experiencia
existencial “Soy un muerto que desvive”, la salvación por la lluvia.
Sebastián
Barrionuevo Sapunar nos invita a visitar la nostalgia de una experiencia del
tiempo proyectado sobre los seres, el lenguaje preliminar del llanto, la
sospecha sobre nuestras normalidades; “La normalidad lo cubre toda las mañanas
y él hace / de aquella ceremonia un justo entierro”, el pasado que regresa.
Aníbal Costilla recupera
en su poesía la memoria de la infancia en las voces de entrecasa, los juegos
infantiles, la presencia de los muertos insepultos, el avance sigiloso de la
muerte en el medio de la vida: “Es la muerte quien te encima las cobijas, / te
cuida, te ceba el sueño, goza / verte dormido, como si estuvieras / preparado
para no despertar”.
Francisco
Barrionuevo Sapunar arroja una sospecha sobre nuestra “mirada” de
autoadscripcion provinciana, “me estremece el puntiagudo orgullo de la
pertenencia”, y la interpelación de una ciudad otoñal que convoca a la poesía.
Juan Avendaño,
por último, ensaya una poetización sobre la lengua como experiencia propia,
arraigada en el suelo y en el tiempo. Esta lengua “huérfana de historia”,
“lengua de ruta sudamericana”, las disputas entre la vida y la muerte, el
quiebre de todas las correspondencias.
La antología invita a
asumir la circularidad del verso, a través de un recorrido por la voz de cada
uno de los poetas. Nos convoca al conocimiento de un segmento importante de la
poesía de Santiago. Una muestra de la producción de una generación, que se
encuentra en su etapa más fecunda y que en este medio ha señalado un camino
posible, junto a otros.
Antología Poesía Circular es, finalmente, un libro que existe
desde siempre, ya que sus autores lo vienen girando por el mundo antes de
encerrarlo entre sus páginas. Las monedas brillaban por sí solas.
Estamos invitados. Entremos al círculo.
¡ATENCIÓN!
En este comienzo de año, queremos tomar impulso para seguir haciendo crecer este proyecto que nos encuentra a cada rato escribiendo y leyendo junto a vos. Queremos que seas parte de nuestra mesa, invítanos un cafecito para que Mundar siga creciendo.
https://cafecito.app/revistamundar2022

El libro se encuentra a la venta en "Utopias librerias y cafe" o por mensaje privado a Revista Mundar.