UN RECORRIDO POR EL PAÑO EDITORIAL SANTIAGUEÑO. HACIA UN DIAGNOSTICO CR ...

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Sábado, 9 de Abril del 2022

UN RECORRIDO POR EL PAÑO EDITORIAL SANTIAGUEÑO. HACIA UN DIAGNOSTICO CRITICO.

Mario Lavaisse integrante de la editorial UMAS nos comparte sus reflexiones en torno al encuentro de editorxs sucedido en La Fiera a comienzos del mes de marzo. 

El reinicio de las actividades está entre quienes integramos distintas editoriales independientes. Primero fue con timidez, a fines de 2021, como quien asoma la cabeza por la esquina jugando a las escondidas, y ya más decidido, digamos de cuerpo entero, desde principios de 2022. Las ganas no faltan. Se imaginarán que si el sector editorial ya venía gateando hacia el 2020, la pandemia lo dejó inmóvil, además de a gatas. Ahora pretende ponerse de pie. Todavía hay nudos que desatar.

Desde la Feria Provincial del Libro en octubre de 2021, participamos con varios sellos santiagueños en una feria en Nueva Esperanza (S. del E.), también en octubre del 21; luego Agua de Oro (Cba.), en diciembre del 21; luego la FEI3 (Tuc.) a fines de febrero, y por último, La Fiera, de nuevo en Santiago y a principios de marzo. Son cinco ferias en menos de seis meses. Y otras dos más a las que hicimos llegar los libros, pero sin poder asistir por la proximidad entre ellas. Frías y Catamarca, a fines del año pasado. Un muy buen ritmo, si me preguntan, al que no estamos acostumbrados. Ojalá se sostenga, ojalá lo sostengamos, mejor dicho, porque no se sostiene solo.

En "La Fiera", feria surgida de la iniciativa de un grupo de artistas gráficos, diseñadores y emprendedorxs, se hizo un conversatorio editorial en el que participaron casi todos lxs editorxs de los sellos de producción vigente. Importante decir que la actividad recibió el acompañamiento tanto de la Dirección de Cultura de Municipalidad, en especial de Francisco Avendaño, así como  como del público general. Resultado del intercambio sucedido es que podemos empezar a pensar un diagnóstico de la situación de las editoras en Santiago y en la región. 


Hacia un diagnóstico crítico.


En primer lugar estuvimos de acuerdo en que compartimos una precariedad en las condiciones para la producción. La sustentabilidad de los proyectos es un gran tema. Casi nadie tiene un modelo de negocios. El incipiente mercado editorial en la ciudad es pequeño, aunque se muestra en crecimiento. Las responsabilidades están divididas. Falta apoyo y acompañamiento estatal y, del lado de los productores, formación y visión. “Muchas veces somos publicadores más que editores”, dice Pablo Tasso, editor de Barco, en relación a las tiradas cortas y a las estrategias de comunicación y distribución deficientes. Editamos poemas y nos quejamos de que se vende poco y de que no hay público. Podemos decir esto que dicen las pequeñas editoriales de buen gusto –como dijo Daniel Link, aunque equivocadamente, sobre el destino de la obra de Jorge Baron Biza–: “No busco el gran público, creo en este proyecto de escritura y por eso le doy cabida”. Ahí se cae muy pronto en la autocomplacencia.

¿Debemos pensar a la literatura también como una mercancía? ¿Cómo producto cultural que pueda circular fuera de Santiago? Algo de esto se discutió de costado en plena pandemia, con el asunto de los PDF que circularon de Gabriela Cabezón Cámara y la que se armó cuando expresó su recelo a que circulara gratuitamente. Hubo argumentos de los dos lados y significó una linda actualización pública y online de la ley 11723 de propiedad intelectual, aquella que prohibía fotocopiar libros y todavía hoy podemos encontrar en los legales de muchos libros. Creo que la mayoría de los reunidos tenemos una visión más afín a la libre circulación de los productos culturales. Estamos más enfocados en el aspecto inmaterial del libro. De ahí que tomemos a bien que circulen versiones “piratas”. Aunque esta es una intuición. No hablamos con precisión del asunto, y tampoco de la profesionalización como aspiración. Son hilos que quedan para seguir siendo estirados.

El apoyo estatal que falta es estrictamente editorial. Por ejemplo, de las cinco ferias mencionadas, por lo menos tres se hicieron con fondos nacionales provenientes de un programa de apoyo a ferias del libro.  Eso llevó a muchos editores a gestionar ferias. A hacer malabares diferentes a los malabares acostumbrados. Ya dejamos asentado que la sustentabilidad es una aspiración más que una garantía. Y también el Estado volvió a comprar libros argentinos después de una era de oscuridarks. Esto lo marco para hacer el punto de que tampoco estamos a la intemperie. Algo intentan los funcionarios estatales, aunque tal vez la accesibilidad no sea la deseada, en consecuencia, tampoco el impacto.

Tal vez un fomento a la producción local podría ser clave en este momento de ebullición. De la más de una decena de sellos hoy vigentes, hace diez años, solo dos existían, y con tiradas chicas y casi sin salir de Santiago. Esto nos llevó a problematizar la auto edición y el amiguismo. ¿Necesariamente TIENE QUE publicarse obra santiagueña? ¿Se está produciendo obra en Santiago? ¿Hay obra publicable? No saber responder a esas preguntas es otra deficiencia de los productores.

También discutimos una facilitación para la distribución. Algo se habló sobre el correo argentino como posibilidad y como estrategia. Creo que tampoco se trata de enrostrarle responsabilidades al Estado, porque es cierto que la proliferación de editoras es reciente. ¿Por qué tendría que haber alguien competente en resolver problemas que recién notamos y discutimos? No sé si alguna vez en Santiago hubo tantos sellos publicando en simultáneo. Puede que estemos, en este mismo momento, en una primavera de la producción editorial. Eso no quiere decir que exista inmediatamente obra abundante disponible, pero otra vez, seguro una mejor que hace diez años.

Otro asunto que discutimos: la dificultad afectiva para sobrevivir a los grupos. Y esto lo digo como psicólogo, je. Una recurrencia en los relatos fue la desintegración parcial o total de los equipos de trabajo. Y sucede que hay una lógica de construcción de identidad que es estructural y por lo tanto, ineludible. No comulgar con aquel, diferenciarme en otro espacio, me da identidad. La historia del cortarse solo que podemos encontrar en todos los ámbitos. Y no se trata solo de los productores sino también de los early followers. No convoca el arte, convoca la rosca social, el ambiente. Un ejemplo, Marito modo chimentero activado: en Tucumán hay un festival de literatura internacional y luego otro, intergaláctico. No conozco la interna la verdad, pero uno puede imaginar que hay uno que exhibe una aspiración y luego otro que justamente se posiciona como alteridad, en este caso de forma satírica. Y capaz que el que tuvo la iniciativa del nombramiento irónico se fue muy pronto del grupo. Pero el resentimiento queda. De ahí se entiende que luego a Fulano ni se le ocurre aparecer. Por añadidura tampoco van Mengano, su novia y las amigas, y mucho menos Zultano y sus cómplices. No es fácil despegarse de la propia producción. Tomar a ofensa personal la crítica al propio proyecto. Existe de esto en Santiago, por supuesto, porque es algo estructural y que estuvo siempre y seguirá estando. Está por verse qué es lo que puede hacerse con y en la diferencia.

Alguien más dijo que podríamos juntarnos a llorar todo el día, lo que me hizo gracia y por eso lo apunto. Mejor que eso sería volver a encontrarnos para pensar el rédito que podemos obtener de la misma reunión. Compartir calendarios, proyectos, seguir pensando en las dificultades en común y en cómo lidiar con eso. La integración regional como estrategia es algo a discutir y ya existen intentos más o menos consolidados. Hay ganas de encontrarse, en tiempos de producción, y eso hace que el panorama sea alentador.



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