UN TAL DESCARTES

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Lunes, 7 de Septiembre del 2020

UN TAL DESCARTES

Podría comenzar diciendo que Descartes, más allá de la duda metódica, la afirmación de la subjetividad ante todo y, con ello, el punto de despliegue de la modernidad, que venía  forjando  su sistema de acumulación (capitalista) a partir de tres carabelas desembarcando en la América india, publicó una serie de artículos donde desarrolló algunos análisis referidos a  política y  estrategia, los cuales fueron compartidos en el diario democracia entre los años  1951 y 1953. En esos escritos el autor  desplegó un repertorio de frases embarradas,  que más que asociarse a la solemnidad y método de un gran filósofo, se hermanaban con alguien que te habla a la par, en un lenguaje llano y sencillo. Cito algunos ejemplos: “La avaricia rompe el saco”; “quien pretenda alcanzarlo todo, a menudo termina por no lograr nada”; “si me engaña una vez, lo maldigo; dos veces, lo maldigo y me maldigo; si tres, me maldigo”; “quien le da de comer a perro ajeno, se queda sin el pan y sin el perro”; “quien siembre vientos no puede sino recoger tempestades”.

Este mismo pensador nos explicara en una de sus notas algo que está muy  emparentado a  nuestra realidad política actual (año 20 del siglo 21),  y es la sostenida y muchas veces absurda facultad de oponerse a todo en el plano  de la política; objetar por el solo hecho de objetar, el famoso no a todo, algo que, sobra decir, nada tiene que ver con el nihilismo revolucionario.  Para ejemplificar, descartes recurre (como no podía ser de otra manera) a  un cuento: “Tenía un amigo a quien nada le conformaba del todo… Asistió un día al circo. Allí un equilibrista ponía sobre una mesa una silla; sobre ella, una botella; apoyando la cabeza en la botella, hacía la vertical; con las piernas sostenía un arpa, que tocaba con las manos. ‘¿Qué te parece?’, le preguntó el amigo. ‘No me gusta cómo toca el arpa’, le contestó”.

El lector desprevenido  estará pensando y descubriendo una  faceta campechana del famoso filosofo que se animó a patear el tablero del pensamiento occidental, y habrá otros más atentos  que recurrieron al método de asociar  frases y visiones para desembocar en el inconfundible rostro del hombre que le puso signos de preguntas, dudas metódicas,  o mejor dicho meteóricas, al viejo sistema conservador de la política nacional, y le agregó respuestas tajantes que no fueron del agrado de las elites.

Si, basta de vueltas, el mismísimo, grítalo,  en voz alta mientras lees, y vas a ver como alguien te responde: ¡Viva!

Juan Domingo Peron publicó numerosos artículos con el pseudónimo de Descartes, igual que el filósofo Francés, en el diario mencionado en las fechas citadas. Estos escritos fueron el canal comunicacional a través del cual el dirigente compartió desde el anonimato muchas de las reflexiones que ya venían planteadas en algunos de sus libros como la comunidad organizada, manual de conducción, Doctrina, y también constituyeron en si un nuevo material bibliográfico.

Sobre los motivos por los  cuales  Peron uso el pseudónimo de Descartes, existe una  explicación  muy divertida y es la siguiente: en 1643, Descartes (el filósofo) en comunicación dirigida al Consejo de la ciudad de Utrecht, agregó a su patronímico su calidad de “seigneur du Perron” (título nobiliario);  entonces, afirman que Peron manifestó: “si Descartes firmaba como Perón, ¿por qué yo no voy a  firmar como Descartes?”

Resulta una paradoja singular que un título de nobleza  haya sido el apoyo lingüístico  para quien ascendió en las esferas del poder, hasta su máximo posible, combatiendo con ferocidad a todo aquel que se animaba a esgrimir privilegios de cualquier naturaleza.  

El paso del tiempo ha construido un lugar común en la discusión política, aquella en la cual si a un militante  peronista le hablas de otro pensador/a  relevante, por más que sea de otro tiempo, país,  o continente, el siempre responde: ¡también es peronista!

En ese sentido podemos afirmar con contundencia que Descartes, sin humos,  también fue Peronista.

"Arte en Cuarentena", obra de Daniel Santoro.

 

 

 



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