UNA EXPLORACION POR LAS FORMAS DE LA ESCRITURA
Lucas Daniel Cosci
ha escrito un conjunto de cuentos que superan la media y que conforma un orbe
literario notable, un libro para destacar. Los relatos combinan diversos
procedimientos narrativos. Uno de los cuentos, “Palabras que se rompen”, está
narrado en primera persona y reproduce el habla coloquial de un individuo
desquiciado y amable. Otro –“La cruz de Sabagasta”, el primero de la serie– trabaja
con un narrador en segunda persona que convoca tiempos y personajes paralelos
conectados por sucesos deleznables. En “Sonata y fuga” –el título alude a
formas musicales barrocas y clasicistas– desliza, con un uso de las variaciones
lingüísticas evocativas y melancólicas, el quiebre y el final de una relación.
En “Versión cero”, un periodista con nombre incógnito –como todos los
personajes del cuento– activa un procedimiento narrativo que devela la trama
del poder. En el último cuento, “La higuera del silencio”, el uso de la segunda
persona genera una atmosfera íntima y describe una horrorosa acción ocurrida en
la última dictadura militar: con pericia, el autor oculta el hecho violento y
coloca en primer plano el fraseo oral y poético del narrador, una evocación que
brinda el perfil del preceptor y que dibuja una zona no visitada del pasado
huidizo, un pasado que se desvanece, como todo.
Los asuntos de los
cuentos se orientan en diversas direcciones: la evocación de un cuento fallido
a partir de un argumento de Borges, el abuso sexual de un “negro” y de un indio
de la colonia, la vejez, la cruenta dictadura, las ultimas horas de un
reconocido dictador de Santiago, el suicidio de una mujer.
En uno de los cuentos
más logrados de la serie, Lucas Cosci imagina el encuentro entre un profesor y
un obsesivo estudioso y traductor de la novela Ulises, de James Joyce. El enfoque del
cuento es central: Jaume, un español radicado en Catamarca, es un lector que
aspira a tener una lectura total del Ulises. Jaume no es cualquier lector sino uno
delirante y erudito, alguien que aspira a hacer el recorrido inverso al de la
crítica académica habitual. Quiere recomponer el camino de creación de Joyce.
La operación de Jaume no es la de Pierre Menard, autor del Quijote (Borges
dixit). Jaume es más humilde que Menard y a la vez es más ambicioso como
lector. Aunque no es un escritor en sentido lato sí lo es al considerar a la
lectura tan digna como la escritura. La idea de que
Jaume viva en un paraje de Catamarca coloca al personaje en una geografía
extraña y, al mismo tiempo, hace pensar en un crítico desquiciado que se aleja
del mundo para urdir sus maquinaciones en un castillo-finca alejado de las
urbes europeas. Esta idea refuerza un elemento fundamental del cuento y del
personaje: el delirio.
Cincuenta pastillas contiene soltura sintáctica y humor, precisión en
la urdimbre múltiple y verbal. Cosci maneja las posibilidades del arco
lingüístico y crea su laboratorio de la escritura, como diría Ricardo Piglia. En
el cuento “Lejos, porque cerca ya no llego”, leemos la composición de una prosa
que no palidece ante el asombro que inventa la lumbre lírica:
“La mujer que ha
sido nombrada Elvira toma el Leopardi con resignado interés y busca leer,
sentada en el borde de la cama, con el libro justo debajo del cono del velador.
Una hoja manuscrita aparece entre las páginas. La mira sin leer. Esas hojas
están a la espera de una última luz que nunca llega.”
A través de una sinécdoque, Cosci sitúa la cifra del cuento en una metáfora: esa última luz que nunca llega, esa luz que está lejos porque cerca no llega y ya no puede rozar nada. Pero Cosci no se demora en un único procedimiento o recurso: en los diversos cuentos trabaja con el fraseo largo, la lengua oral, la frase corta y sentenciosa, el rumor sintáctico que se aproxima a una forma de la poesía, el registro menos acartonado y más libre. En este sentido, Cincuenta pastillas puede leerse como una exploración en las formas del habla y de la escritura, como un recorrido por los formatos posibles del cuento en el aire abarrotado y heterogéneo de nuestro tiempo.