UNA NOVELA Y BASTA
Jorge Barón Biza(JBB) acaba
de servirse el ultimo vaso de un whisky que encontró en los recovecos de la
biblioteca de su padre. Atardece, y los últimos rastros de sol dejan ver
arremolinarse la hojarasca del pequeño balcón. Hace horas deambula entre el
comedor, el living y la minúscula oficina abarrotada de libros, donde su padre
se resguardaba del mundo que abominaba. No sabe bien qué es lo que busca. La
caminata ensimismada intenta desanudarse del pasado, o resolverlo como quien
sopesa concienzudo las partes de un rompecabezas. Ha bebido sin descanso. Con
el mismo tesón que lo hacía en los suburbios de una Milán, a veces cubierta de
niebla, a veces encrucijada por escombros de la posguerra. En esa ciudad de
geometría inexplicable que supo acogerlo en sus pequeños bares, aún con el poco
dinero que tenía. Allí recalaba para pulverizar el tedio, luego de auxiliar a
su madre en largas jornadas, a donde la labor calificada de los cirujanos italianos
recomponía su rostro abatido por el ácido sulfúrico que el marido le había
arrojado violentamente al cabo de firmar su divorcio. Más tarde, el padre de JBB
decidió quitarse la vida de un tiro en la sien.
Este hecho da comienzo a la
única novela del autor. El mismo es el sustrato donde fecunda el morbo que
revisita la historia incesantemente o le otorga su trascendencia más
amarillista. Es cierto que sin ese dramático acontecimiento esta novela no
existiría, pero también creo que lo aparentemente secundario, es decir, ese
largo transcurrir de JBB más parecido a quien dura en vez de vivir, exhala las
notas precisas de una parte importante de su vida. Esa cercanía impiadosa con
la muerte desencadena en él ese “océano
vacilante y sin horizontes”.
Es suyo el talento con la
que las palabras transmutan el dolor y el desconcierto para hallar sentido
frente a tanta oscuridad. Esa familia de palabras inscriptas en el cuerpo y su
anatomía pertenecen a una gigante metáfora que parece aliviar el trance que padece
su madre.
En una entrevista JBB
sostiene que su trabajo en la novela fue “tomar la distancia necesaria para que
el narrador sobreviva en medio de lo que le está pasando. Esa distancia si se
me hizo necesaria”2. En
esa distancia sobrevuelan las contradicciones con su padre, de quien llega a
considerar rehusar el apellido. Es esa misma distancia la que requiere para
escribir y de esta forma intentar salvarse. ¿Un clamor de paz que le aliviane
la carga de su padre? ¿Una forma de reconciliación?
Luego de desalquilar su
alojamiento, JBB duerme en trenes de larga distancia que cruzan de una punta a
otra la gran bota italiana, para descansar dignamente en cualquier parte. Han
sido largas las conversaciones con su madre, que con mirada inquisitiva maldice
en voz alta <<¿Qué hago con todo esto?>>, mientras sostiene las
fotografías recuperadas de su juventud. La novela bulle en el tiempo, pasado,
presente y futuro dialogan persistentes.
Ahora en esta Ciudad de
Córdoba que adoptó, desde donde vio la luz humildemente, “El Desierto y su Semilla”,
en el doceavo piso de la urbanidad abarrotada, Barón posa la mirada fija en un
retrato, tal vez uno de él mismo, adolescente, leyendo un discurso en el
colegio alemán, antes de que ocurra todo, antes de que el final precipite en
esta vida desenvuelta. En cualquier caso, detiene la marcha, se sienta, bebe el
whisky. Es de noche y ha escrito suficiente.
Referencias:
1 Solapa de la novela, El
Desierto y su Semilla, Jorge Baron Biza. Editorial Eterna Cadencia, 6º Edicion.
Año 2020.
2 https://www.pagina12.com.ar/2001/suple/Libros/01-09/01-09-16/nota1.htm
.Charla que mantuvo para Página/30 en 1999.
*Para
conocer más de la vida de Jorge Baron Biza, recomendamos, Del desierto su semilla. Suicidio y ofrecimiento sacrificial al padre.
Marta Sialle. Editorial UMAS. Año 2020.