UNA NOVELA Y BASTA

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Sábado, 3 de Agosto del 2024

UNA NOVELA Y BASTA

Jorge Barón Biza(JBB) acaba de servirse el ultimo vaso de un whisky que encontró en los recovecos de la biblioteca de su padre. Atardece, y los últimos rastros de sol dejan ver arremolinarse la hojarasca del pequeño balcón. Hace horas deambula entre el comedor, el living y la minúscula oficina abarrotada de libros, donde su padre se resguardaba del mundo que abominaba. No sabe bien qué es lo que busca. La caminata ensimismada intenta desanudarse del pasado, o resolverlo como quien sopesa concienzudo las partes de un rompecabezas. Ha bebido sin descanso. Con el mismo tesón que lo hacía en los suburbios de una Milán, a veces cubierta de niebla, a veces encrucijada por escombros de la posguerra. En esa ciudad de geometría inexplicable que supo acogerlo en sus pequeños bares, aún con el poco dinero que tenía. Allí recalaba para pulverizar el tedio, luego de auxiliar a su madre en largas jornadas, a donde la labor calificada de los cirujanos italianos recomponía su rostro abatido por el ácido sulfúrico que el marido le había arrojado violentamente al cabo de firmar su divorcio. Más tarde, el padre de JBB decidió quitarse la vida de un tiro en la sien.

Este hecho da comienzo a la única novela del autor. El mismo es el sustrato donde fecunda el morbo que revisita la historia incesantemente o le otorga su trascendencia más amarillista. Es cierto que sin ese dramático acontecimiento esta novela no existiría, pero también creo que lo aparentemente secundario, es decir, ese largo transcurrir de JBB más parecido a quien dura en vez de vivir, exhala las notas precisas de una parte importante de su vida. Esa cercanía impiadosa con la muerte desencadena en él ese “océano vacilante y sin horizontes”.

Es suyo el talento con la que las palabras transmutan el dolor y el desconcierto para hallar sentido frente a tanta oscuridad. Esa familia de palabras inscriptas en el cuerpo y su anatomía pertenecen a una gigante metáfora que parece aliviar el trance que padece su madre.

En una entrevista JBB sostiene que su trabajo en la novela fue “tomar la distancia necesaria para que el narrador sobreviva en medio de lo que le está pasando. Esa distancia si se me hizo necesaria”2. En esa distancia sobrevuelan las contradicciones con su padre, de quien llega a considerar rehusar el apellido. Es esa misma distancia la que requiere para escribir y de esta forma intentar salvarse. ¿Un clamor de paz que le aliviane la carga de su padre? ¿Una forma de reconciliación?

Luego de desalquilar su alojamiento, JBB duerme en trenes de larga distancia que cruzan de una punta a otra la gran bota italiana, para descansar dignamente en cualquier parte. Han sido largas las conversaciones con su madre, que con mirada inquisitiva maldice en voz alta <<¿Qué hago con todo esto?>>, mientras sostiene las fotografías recuperadas de su juventud. La novela bulle en el tiempo, pasado, presente y futuro dialogan persistentes.

Ahora en esta Ciudad de Córdoba que adoptó, desde donde vio la luz humildemente, “El Desierto y su Semilla”, en el doceavo piso de la urbanidad abarrotada, Barón posa la mirada fija en un retrato, tal vez uno de él mismo, adolescente, leyendo un discurso en el colegio alemán, antes de que ocurra todo, antes de que el final precipite en esta vida desenvuelta. En cualquier caso, detiene la marcha, se sienta, bebe el whisky. Es de noche y ha escrito suficiente.

Referencias:

1 Solapa de la novela, El Desierto y su Semilla, Jorge Baron Biza. Editorial Eterna Cadencia, 6º Edicion. Año 2020.

2 https://www.pagina12.com.ar/2001/suple/Libros/01-09/01-09-16/nota1.htm .Charla que mantuvo para Página/30 en 1999.

*Para conocer más de la vida de Jorge Baron Biza, recomendamos, Del desierto su semilla. Suicidio y ofrecimiento sacrificial al padre. Marta Sialle. Editorial UMAS. Año 2020.

 



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