UNA VENTANA INTIMA POR DONDE MIRAR LA CASA
El viernes 9 de mayo, en "Utopia Libros y Cafe" se presento "Orden domestico" el poemario de Sylvina Bach, editado por "Gerania Editoral". Compartimos a continuacion las palabras que pronunció el poeta Juan Avendaño en dicha presentacion.
“La vida ocurre
entre estos cuatro
puntos cardinales:
la infancia,
nuestros padres,
la naturaleza,
este amor tuyo inagotable”.
Lo natural irrumpe
en el espacio construido, se va revelando desde la luz exterior, la casa en su
orden doméstico se encuentra habitada por lo sanguíneo, lo emotivo, lo animal,
en un recorrido por una geografía caprichosa.
Esa misma luz es la
que alumbra los lugares felices, la ideación de una familia, el crecimiento de
un hijo, el lugar habitable y la erradicación de la nostalgia. Pero ¿qué sucede
en esa erradicación? Una nostalgia de esa pérdida se instala. Es la poeta que a
sabiendas de que la poesía abreva en ese río confuso de la memoria y la
nostalgia, mira con tristeza el amanecer, porque en su claridad borra los
cimientos del recuerdo sensible. Es así que a medida que se desentrañan los
poemas, se ve una maduración del yo poético, Sylvina cual nadadora hábil se
sumerge en esas aguas y recorre la vida a través de una casa, de un valle, de
la familia y del amor, de un hijo.
La
poeta dice:
“Dos cosas debes saber del agua:
siempre disimula su potencia,
su superficie hace visible lo
invisible”.
En
este mismo cauce del recuerdo, se figura el agua como un espejo revelador. La
poeta mira correr el tiempo en el agua, la niña que es madre vuelve a la infancia
en la figura de su hijo. En varias oportunidades se representa la dualidad en
el vínculo padre/hija y madre/hijo, y es en ese recurso que el diálogo
prescindiendo del tiempo y del espacio, lograr operar en la fibra sensible de
la poesía.
En
esa emoción encontramos el ligamen paterno, el regreso a la nostalgia, la poeta
evoca al padre, su voz modifica la cadencia, se llena de ternura, los miedos
infundados que pueblan la infancia se transforman en un monstruo superior que
devora los días.
La
poeta estremecida nos dice:
“Quería saber cómo estabas, papá.
Ya nada es eterno como entonces.
Recuerdo las noches de la música,
los eucaliptus, el mar.
Quería saber cómo estabas, papá.
Ser adulta se siente solitario.
Ya no envejezcas.
El tiempo me asusta
como un monstruo en el placard,
y no basta con cerrar los ojos para que se
vaya”
Cuando
se refiere a la casa no sólo se habla de un espacio construido, sino de todos
los lugares en donde transitamos la vida, y es que en la invocación de la casa,
también está presente el hogar, el tiempo, la oscuridad, la luz que transita
por esta construcción que sirve de marco para que la vida suceda. Al decir
casa, decimos también cueva, decimos nido, decimos pájaro, vuelo, aire, cielo,
dios.
La
poeta, cuando la casa se revela nos dice:
“En todas
las casas que habitamos
perdura algo
de aquella
primera
morada propia;
la que
montamos
con mantas y
almohadones
en
la casa de la abuela.”
Creo
que el acierto está en que, como dice el tango, siempre estamos volviendo. En
este caso todos los lugares que habitamos, regresan a ese primer y efímero
refugio que construimos en la infancia, cuando poco sabíamos, pero todo lo
imaginábamos. Luego es un reciclaje perfeccionado del hogar paterno y el
reflejo propio de nuestra historia para contar en ese planeta que llamamos
casa.
Construir
una casa con recuerdos, inventariar el orden de las emociones, unir los lazos
materiales de lo afectivo, con prolijidad, con devoción como quien escribe una
carta para decir aquello que no se puede decir a viva voz, tomándose las manos,
sabiéndonos vulnerables. La poeta nos acerca en un capítulo/poema, lo que quizás
es el momento en que con mayor evidencia se revela lo íntimo del poemario. En
el poema “Carta”, a diferencia de lo que sucede en el resto del poemario, se postergan
las representaciones naturales, las retóricas del lenguaje y sin facilismos, el
disparo poético va directo a la emoción.
Debo decir, que a mi parecer en los poemarios íntimos, se produce una metonimia, cuando la poeta define los elementos que componen el paisaje, las estructuras del hogar construido, antes que describir el escenario, se describe a sí misma, entonces la representación es recíproca. Los lugares que habitamos nos habitan íntimamente, por eso cuando se elige hablar del agua como elemento revelador, o como torrente, se habla también del tiempo que oscila en la historia del gran poema y de los cambios que genera en el poeta como sujeto omnisciente y como personaje central del relato.
El poema como herramienta para captar lo que pasa en la realidad y lo que vislumbramos en lo incierto, nos permite conjeturar sobre el futuro sirviéndonos de las premisas del pasado, de lo aprendido de los padres, de lo repetido a veces sin explicación.
La
poeta se confiesa:
“Nada sabemos del futuro.
Sólo yo escucho
esta voz que se repite
en los espacios donde no
estás.”
Entre
los poemas existe un diálogo, un entramado que se genera como un susurro, hay
versos en donde se habla de la voz, otros donde se refiere al silencio, la
música que circunda el espacio para embellecer el sonido, la naturaleza que
resuena en el rumor del agua que baja por el rio, que cruza un valle y que
llega a estos suelos santiagueños para hoy encontrarse con nosotros.
La
poeta explica:
“Para
quien ha elegido el silencio
la palabra es una herida mortal”
Con ustedes, una querida poeta de nuestro Norte Entero, Sylvina Bach. Disfrutemos de su palabra.