VEINTISÉIS PROPOSICIONES ACERCA DEL MIRAR*
El pasado primero de junio, en el
marco de las actividades que se desarrollaron por el “Día del
Sociólogo y la Socióloga”, la Facultad de Humanidades, Ciencias Sociales y
de la Salud de la UNSE, otorgó un reconocimiento a la obra sociológica y
trayectoria intelectual Dr. Alberto Tasso, docente e
investigador en la unidad académica. Maestro nuestro que generosamente
comparte y publica en revista Mundar.
En este domingo proponemos leer sus “Veintiseis
proposiciones acerca del mirar”, en palabras de su autor “el texto surgió,
presumo, de la necesidad de unificar en un campo compartido los oficios del
sociólogo, el poeta y el pintor, cuya diversidad por entonces estremecía la
unidad socio- psicológica de la entidad a quien llamaba "yo".
1. La mirada se constituye en el
tiempo. Necesita maceración. Rinde frutos luego de un trabajo prolongado. No es
posible concebir un certero golpe de vista sin ejercicio previo, sin reflexión.
2. El que mira es espejo de lo
mirado, pero sólo uno de los infinitos espejos.
3. Lo mirado no es sólo objeto, sino
también espejo del que mira. Lo mirado se contagia de la forma en que es
mirado, y acaba por decirnos algo del que mira.
4. Mirar equivale a ser mirado.
5. El que mira es un lector en
sentido figurado. Pero su "texto❞ no es arbitrario,
como el de una escritura. El que mira termina haciéndose de un código
(adaptado, copiado o inventado) que le permite clasificar los arreglos de las
cosas que mira.
6. La mirada es un acto social.
Implica una comunicación entre seres o una relación entre seres y cosas. El
lenguaje de esta comunicación o de esta relación son las imágenes y las
interpretaciones de las imágenes. El mirar puede ser unilateral o recíproco,
pero siempre es relacional: no sólo alude a una relación fáctica o posible,
sino que además la crea.
7. El acto de mirar y/o el de ver
implican una inteligencia de las cosas o los seres. Constituyen por lo tanto
uno de los accesos al entendimiento y al conocimiento.
8. El que mira se da por supuesto.
Una mirada completa requiere, sin embargo, verse a sí mismo, saberse. ¿Quién
soy? ¿Qué miro? Etc.
9. Así como hay el problema del que
mira, hay el problema de lo mirado: la cosa, el otro. Parecidos o distintos de
mí, ellos son seres que al ser mirados generan datos sobre sí mismos:
apariencia, forma, color, sustancia, totalidad, posibilidad, corporeidad.
10. Lo imaginario, no menos que lo existente, puede ser abordado mirada. La mente es otro de nuestros varios ojos.

Retrato de Alberto Tasso por Carla Sofia
11. Hay formas de mirar, códigos y
estilos preestablecidos. Los lenguajes y las disciplinas reclaman distintos
modos de producción de la imagen.
12. La retina, la razón y el sentir
se articulan y combinan de diferentes maneras. Hay combinaciones simples y
complejas, homogéneas y heterogéneas. Esas combinaciones trasladan a la
interioridad diferentes percepciones, distintas ecuaciones de paz o de
conflicto para el ánimo.
13. En el acto de mirar hay pre-supuesta
una distancia, un espacio. Puede imaginarse un continuo desde mirar cerca, con,
involucrado y siendo visto, hasta mirar lejos, sin, ajeno, y sin ser visto.
14. El que mira puede controlar esa
distancia o ampliar el registro mediante algún artificio conceptual y técnico.
(Desde las teorías al anteojo de Galileo, la fotografía, o el cine de Lumiere).
El sistema visual y comprensivo es un objeto tan manipulable como una lente,
porque es una lente.
15. Un maestro del conocimiento lo
es, porque se ejercita en el arte de mirar.
16. Existen condicionamientos
sociales y culturales que otorgan al mirar un sentido y una intencionalidad,
producto de cada sociedad y cada tiempo. Podemos reconstruir esas formas de
mirar como lo haría un arqueólogo, describirlos como la haría un novelista, o
prever sus posibilidades como lo haría un narrador de ciencia ficción.
17. Así como hay un fondo
condicionante en el que mira (su cultura, su tiempo), hay un fondo en lo
mirado, respecto del cual se revela y se explica el otro o el objeto: la
situación, el ambiente.
18. Mirar con beneficio requiere
definir un foco y delimitar un "cuadro". Los pintores, los fotógrafos
y los científicos son aquí nuestros maestros.
19. El objetivo último del que mira
es, lo sepa o no, ver lo invisible. La religión, la magia, la ciencia, la
poesía, las artes, tienen ese -acaso único- elemento en común. Dan a lo mirado
un sentido, a la vez que desconfian de él, y lo consideran sólo una vía para un
mirar profundo.
20. El que sabe que mira, el que puede desarrollar un mirar reflexivo, tiene más de dos ojos, pues conoce sus posibilidades y sus límites.

Retrato de Alberto Tasso por Carla Sofia
21. Quien cultiva el mirar desarrolla
una ética y unas reglas acordes. Conocer y respetar esas reglas ayuda -aunque
no garantiza necesariamente- a evitar un mirar deformado o un mirar deformante.
22. La mirada implica goce y, por
definición, sensualidad. También interés, deseo. Entre la subyugación y la
voluntad de dominio, el justo medio es la contemplación. Más allá del temor, el
asombro y el poder, quien contempla es dueño de sí mismo y de las imágenes.
23. El que aprende a mirar puede
captar más completamente el mundo, puede enriquecerse y ser más. El dominio del
mirar implica un ejercicio de disciplina, de autoconocimiento, de ascesis.
24. En el mirar, la asimetría es la
norma, la simetría la excepción.
25. Hay el enigma de lo que nunca fue
mirado. Oculta faz de la luna, replegada sombra del nos/otro que nunca
visitaremos.
26. Mirar entraña riesgos.
(Preguntarle al espía).
Post scriptum
Apenas retocadas desde 1991, estas
proposiciones intentaban cifrar el plan de trabajo de un ensayo sobre el mirar,
aún inconcluso. Inicialmente 25, agregué la última hace unos años para que la
cifra resultante de los dígitos sumados diera 8, número en que se condensa el
poder del que mira. Y justamente, la 26° esboza su contrario, el latente riesgo
del que mira. El texto surgió, presumo, de la necesidad de unificar en un campo
compartido los oficios del sociólogo, el poeta y el pintor, cuya diversidad por
entonces estremecía la unidad socio- psicológica de la entidad a quien llamaba
"yo".
*Texto publicado en Revista Cifra I,
Año 2006