¿MUERTO EL PERRO, SE ACABO LA RABIA?
“Quien le da pan a perro ajeno, pierde el pan y pierde al perro”
Juan Domingo Perón
Este
texto, desde sus comienzos, ha sido modificado tantas veces como reflexiones y
retrocesos han surgido a partir de los acontecimientos recientes y públicos
llamada por la Mass Media “Vacunación VIP”. Al respecto, y como prólogo, diré
que todo lo que se pueda llegar a decir (tanto del que suscribe como de
cualquier otro sujeto que ostente algún análisis), son siempre supuestos y
aproximaciones que intentan valerse como lecturas políticas pero que, desde ya,
adolecen de muchísimos elementos intrínsecos para serlo. Y también es menester
decir que probablemente cuando este texto se eche a difundir, ya haya quedado
obsoleto en sus reflexiones por la presteza con la que se desenvuelven los
sucesos.
VERBITSKY
MEDIANTE
Horacio Verbitsky es una de las plumas más influyentes y notables del periodismo argentino de la actualidad. Y tal vez ocupe ese galardón en la palestra de los periodistas más destacados desde de la democracia hasta la actualidad. Incisivo, molesto, prudente con los silencios y más aún con la palabra, nunca pecó de inocente. Esa calidad que nos otorga la infancia, el Perro la perdió en sus advenedizos años juveniles en el periodismo conexo vinculado al Peronismo de Base. Su cercanía a Walsh habilitó una acreditación casi perpetua para ejercer el periodismo desde una posición comercialmente combativa. Estuvo en la fundación del Página12, clavó la primera tapa del 26 de Mayo de 1987, poco más de un mes después de los levantamientos carapintadas. El menemismo y el postmenemismo fueron su década de oro para un periodismo que pegaba, filtraba y movía piezas que surgían desde la estructura de la inteligencia. Los estudiantes de derecho recordamos su nombre tras haber transitado la materia de Derecho Constitucional donde, para explicarnos una de las modalidades del Instituto del Habeas Corpus, se traía a colación el llamado “Fallo Verbitsky”, donde el CELS, cuya dirección ostentaba él, interpuso un Habeas Corpus Correctivo con el fin de instar a la Provincia de Buenos Aires a modificar las condiciones penitenciarias que, por aquel entonces, casi como hoy, eran infrahumanas. La Corte Suprema de Justicia de la Nación accedió a atender el Recurso de Habeas Corpus y condenó a la Provincia de Buenos Aires a arbitrar todos los medios necesarios para disminuir la superpoblación carcelaria y mejorar las condiciones de encierro. Un hecho inaudito para aquel entonces. Sus últimas dos grandes apariciones periodísticas fueron dinamitantes: la primera de ellas, cuando publicó el circuito de extorsión judicial liderado por el Fiscal Carlos Stornelli y cuyo operador era nada más y nada menos que el falso abogado Marcelo D’alessio, cuando quisieron apretar un productor agropecuario con la Causa Cuadernos a punta de filo; y la última de sus apariciones explosivas en el periodismo fue para publicar el listado completo de Personas Físicas y Empresas que más compraron y fugaron dólares durante el proceso de saqueo monetario en el Gobierno de Macri. Probablemente (y asumiendo los riesgos de mis dichos) no encuentre otro periodista con una pluma tan de bisturí e influyente en los últimos 30 años como el Perro.
Sin
embargo, como todo hijo de dios, los claroscuros asoman al temple de la noche y
el alba. Sobre Horacio Verbitsky pesan graves acusaciones que, hasta estos
días, siguen siendo tela para cortar, a pesar de que muchas de ellas no están
acreditadas y otras forman parte de la especulación tipo de una figura de su
envergadura. Sobre él coexisten muchísimos recelos –fundamentalmente por
izquierda- que merecen ser recordados a modos de caracterización
subjetiva: su aparente vinculación con
la Fuerza Aérea en los años de la represión a raíz de la corrección de un
libro, el llamativo financiamiento por la Fundación Ford y por el mismísimo George
Soros, en este caso al CELS, organismo fundado y liderado por Horacio
Verbitsky. Salió misteriosa y prácticamente ileso de la sanguinaria represión
de la última dictadura militar, transitó airoso la turbulenta década de los ’80
donde el nido represivo de las FFAA se trasladó a los Servicios de Inteligencia
y a las policías locales. Desde la ruptura de Lanata con el diario, Verbitsky
pasó a ser durante décadas la voz cantante de la línea editorial del Diario que
hoy dirige Victor Santamaría. O al menos eso inspiraba en la tribuna lectora. Mucho
antes había participado como colaborador en la Revista Hipotenusa, ligada al
entonces Gral. Onganía, en 1967. Desde tiempos inmemoriales, cultivó enemigos
pesados, algunos por izquierda, otros por extrema derecha: Hebe de Bonafini,
Miguel Toma, Juan Grabois, Luis Zamora, Miguel Bonasso, Aníbal Fernandez e
incluso, una versión aún no del todo chequeada, del mismísimo Osvaldo Bayer.
Cada uno dirá lo suyo del periodista, directo de El Cohete a la Luna.
Sin
embargo, Horacio Verbitsky siempre estuvo en el colosal púlpito del periodismo de golpe, como lo bautizara
Adolfo Castelo. Vinculados sus análisis de adhesión y apoyo a los gobiernos de
Néstor y Cristina, cada tanto clavaba una editorial de cachetazo. Siempre
gozaba esta de ser, lo que en el periodismo político llamaban, una
bomba. Así, por nombrar algunas, desató escándalos que salpicaron y
deterioraron la imagen pública del gobierno peronista como de sus aliados: El
Proyecto X, Milani, Bergoglio y Francisco, Berni, etc fueron algunos de
los dardos que el mismo Verbitsky lanzó contra el gobierno de Cristina
Fernández de Kirchner. Los peronistas agolpados alrededor de la figura de CFK
no tardaron en desalentar la figura del escritor y periodista, calificándolo
(nuevamente) como Servicio, un mote
que lo llevaría colgado hasta estas horas y que, muy difícilmente, pueda
sacárselo.
Nunca se destapó a ciencia cierta su pertenencia a los Servicios de Inteligencia. Si tiene vinculación, nunca fue acreditada. No obstante, por su textura periodística, sus nociones de la información y un aura que rodea a su figura, lo que es innegable es que accede a información privilegiada, fresca y de muchísimas densidad. Y eso, para el sospechador serial como yo o como ustedes, proviene indefectiblemente de las orejas de la inteligencia argentina.
LOS
SERVICIOS Y LA POLITICA ARGENTINA
La gobernabilidad, en la República Argentina, desde la vuelta a la democracia hasta aquí, supuso someterse al simposio inclaudicable de los traficantes de información fina. O digámosle, comúnmente, servicios.

La
inteligencia, como ente operador de los avatares de la democracia, es una llave
maestra de la que no se ha privado de hacer uso ninguna fuerza política,
constituyéndose, tal vez, en el territorio de disputa más emblemático de los
gobiernos nacionales, desde Alfonsín hasta Fernández. De hecho, este mismo en
su asunción de mandato, pregonó su entera disposición para acabar con lo que él
dio en llamar “los sótanos de la democracia”.
Sucede
que las cloacas no se acaban cuando se deja de cagar. El proceso de todo
desmantelamiento supone, por empezar, identificar lo que se debe anular, cómo y
a qué costo. La SIDE no ha muerto, no se ha desmantelado. Se habrá mudado de
edificio, operará en la calle, tendrá otras cabezas, ya no tendrá resorte
directo en el Estado pero allí está, intacta. La inteligencia devastadora de
nuestro país, por izquierda y por derecha, con lógica extorsiva y de chantaje,
está inmaculada. Tal vez ya no esté Stiusso, Larcher, Toma, Anzorregui, Yofre o
Icazuriaga. Es probable que el equipo forme de otra manera. Pero seguro estoy
de una cosa: se sigue reportando a los mismos.
Los Servicios se corresponden a una de las
grandes herencias que aún persisten de la última dictadura militar. Y claro, no
nos referimos a la Inteligencia in
abstractum. Todo Estado define sus estrategias y coloca a su inteligencia
en función de ellos. Sucede que en la República Argentina, luego de la
recuperación de la democracia, el entramado de poder se ha visto notablemente
atravesado por la rosca y la información privilegiada. Fundamentalmente la
inteligencia ha operado para la política interna, jamás para las hipótesis
externas o extranjeras. Alianzas, gobernaciones, canjes de deuda, leyes de
impunidad, magnicidios y atentados terroristas. Todos estos episodios han
tenido a los Servicios de Inteligencia de nuestro país como núcleo de acción.
Así, claro, las investigaciones judiciales en torno, por ejemplo, a la muerte
de Carlos Menem Jr., el Atentado a la Embajada de Israel y la mutual AMIA, el
megacanje y las comisiones, la Banelco y hasta el mismo suicidio del Fiscal
Alberto Natalio Nisman, están atravesados por este entramado complejo y oscuro
que supone el escenario de la infiltración.
Qué se dice, quién lo dice, cómo lo
dice; quién se reúne con quién, de qué hablan; quién paga mejor esta
información, a quién le sirve tal otra. Los interrogantes con los
que los Servicios operan a diario son infinitos. La circunstancia marca qué
información es la que se desea obtener, cómo, a qué costo y cual se debe
descartar. La política, un espectro que sufre modificaciones vinculadas al
carácter plebiscitario de sus dirigentes, está asociada (obligatoriamente) a
una esfera desconocida, clandestina, sin demasiadas certezas, como lo son los Servicios. Lo hace, básicamente, porque
es un territorio de disputas y como tal, lo que no osas disputar, se lo lleva
el enemigo. Si no escuchas, te escuchan. Y como ellos tienen blando tuyo, es
mejor que vos tengas también de ellos. Esa clave perversa, esa lógica impúdica
y canalla, marca el termómetro y las acciones de la política en todos sus
claustros. La información privilegiada atraviesa transversalmente todos los
esquemas sociales, culturales y de poder. Por supuesto, la que mejor se paga y
mejor se vende es la que se obtiene de aquellos que toman decisiones
trascendentales en el país.
¿Los
servicios son capaces de operar como operó Horacio Verbistky? Sin ningún lugar
a dudas. Dice el poeta, muralista y ensayista Armando de Magdalena al respecto: “Verbitsky siempre fue un personaje discutido tanto por propios como
extraños. Ahora bien, hay algo que no cierra: o es alguien sobrevalorado o es
un servicio, porque no se puede ser el súper investigador periodístico y al
mismo tiempo un boludo que no se da cuenta de las consecuencias que iban a
tener sus declaraciones. Es un tipo de izquierda que ha sido varias veces
distinguido en los EEUU... Y así se puede seguir. No se puede aseverar lo que
se desconoce y en mi caso (como en el de la mayoría de los mortales) no puedo decir
que Verbitsky sea una cosa o la otra. Lo que sí puedo asegurar es que después
de este escándalo ya no está en el lugar que lo tenía”.
Verbistky dinamitó gran parte de su trayectoria profesional y política en un breve diálogo por la Radio El Destape. Así incluso lo asintieron sus propios compañeros del Centro de Estudios Legales y Sociales al referirse que será un “error” que le costará muy caro y que lo pagará, seguramente, por el resto de su carrera. Atrás quedaron los años discutidos, combativos y de vanaglorias condecorativas por grandes fondos lobbystas internacionales. Atrás quedó el periodista que entrevistó, en un año, dos veces al presidente de la nación, que destapó el proceso de fuga de divisas más escandaloso de la historia, nombre por nombre. Las glorias de un periodismo de extrema incidencia parecen apagadas luego de sus declaraciones. Declaraciones que costaron el cargo a quién el presidente calificó como “el mejor de sus ministros”, en referencia a Ginés Gonzalez García. Atrás quedó el bravucón que enfrentaba a Hugo Anzorregui y a Miguel Angel Toma. El que clavaba tapas para la colección en Página 12.

Dicho
esto, no encuentro una explicación lógica, que admita entendimiento, sobre el
“furcio” que cometió Verbistky. Dificilmente sepamos su fue un error grosero o
se prestó, como parte de su retiro periodístico y político, a una de las
operaciones políticas más formidables que se tengan memoria de las últimas
décadas. De ser así, jamás sabremos su costo. Y como no lo vamos a saber a
ciencia cierta nunca, lo único que podemos hacer es caracterizar el escenario,
los actores y las acciones para ver si así, de esa remota manera, con una
imaginación batalladora, podemos aproximar alguna lectura a lo sucedido. Si fue
una operación, por la dirección en la que salieron disparadas las esquirlas,
podríamos aventurarnos a decir que no salió del todo bien. Una cosa sí es segura: en el mundo de la inteligencia nunca se sabe
todo, nunca se da en el centro con el tiro. Y a veces es mejor no saber.
VACUNATORIO
VIP: GINES, EL NEPOTISMO ARGENTINO Y LAS CLAVES DE LAS HORAS TURBULENTAS
“No lo cambio ni loco. Ginés es el mejor
ministro que puede tener Argentina. Es el que más sabe de salud pública”. Así
respaldaba el Presidente de la Nación a Ginés González García el 15 de Marzo de
2020 luego de que su Ministro de Salud, semanas atrás, sufriera un exabrupto
minimizando el riesgo del brote pandémico en nuestro país argumentando que las probabilidades de que el virus llegue a
Argentina eran muy bajas. El 12 de Marzo se confirmaba el primer caso de
Coronavirus en nuestro país y se inauguraba así un registro inacabable de
alrededor de 2,5 millones de contagiados y más de 50 mil muertos hasta estos
días. La eminencia sanitaria que fue y es Ginés González fallaba drásticamente
en sus cálculos y el Sars Cov-2 se instalaba ferozmente en el país derrumbando
las expectativas de reactivación económica y estrujando el sistema sanitario al
máximo. Nada en el mundo volvería a ser igual. Y en nuestro país, mucho menos.
El
viernes 19 próximo pasado, en un somero y relajado diálogo radial, el antes
mencionado Horacio Verbistky contaba que había accedido a aplicarse la vacuna
gracias a su viejo amigo de años
Ginés González García. Una explosión armagedónica de extensiones inimaginables
se sucedería en cuestión de horas. En un hecho lamentable, se habrían inoculado
dosis de la vacuna Sputnik V a una nómina de personalidades absolutamente
ajenas a los Trabajadores de la Salud y Personal Esencial. Se ponía así en
cuestión quiénes accedían clandestinamente a la vacuna y por qué razón.
El
nepotismo con el que accedieron a vacunarse personalidades afines a
funcionarios dejó entrever un germen patógeno y canceroso que sobreabunda en
las interrelaciones argentinas, y en especial en la política como en la función
pública. ¿Cómo fue que de pronto, de la noche a la mañana, los argentinos/as
nos levantamos con altísimos niveles de moralina en nuestro torrente sanguíneo?
¿Es que acaso el Nepotismo o Amiguismo es un vicio absolutamente extraño a
nuestro ácido desoxirribonucleico (ADN)? ¿Qué sucedió en este caso que los
privilegios molestaron más de lo normal?
Ciertamente
el Nepotismo es una forma de construcción de relaciones, fundamentalmente en el
poder. Todos hemos hecho o hacemos uso, de una u otra forma, de relaciones
cercanas a personas influyentes o con poder para poder acceder a tal o cual
prebenda. La cola de un banco, la autorización de una orden médica, una vacante
escolar, una infracción de tránsito, etc son algunos de las circunstancias en
las que a menudo se desenvuelve el favoritismo de amigos o conocidos. Hay un
sistema de reparto de riquezas, de cargos, de poder, de acceso a derechos que
así lo avala. La amistad siempre ha sido un valor trascendental en las
sociedades occidentales y llevada al plano del poder, esta asume un rol de
muchísima mayor entidad: crédito y débito. NO PODEMOS ENTONCES DECIR QUE EL
NEPOTISMO HA TOMADO POR SORPRESA, UNA MAÑANA CUALQUIERA, AL PUEBLO ARGENTINO Y
ESTE SALIO ENARDECIDO A PEDIR SU CADALSO.
Pero
sí podemos decir que este Nepotismo, el que quedó expuesto a raíz del Vacunatorio VIP, ha tenido dos
presupuestos ineludibles para que pudiera darse en las magnitudes repudiables
que se originó. Por un lado, la prestigiosa revista científica The Lancet
publicaba el pasado 2 de Febrero los asombrosos niveles de efectividad de la
vacuna rusa Sputnik V: 91,6%. Una vieja muletilla de la oposición argentina
y de los sectores fascistas se caía. Habían sostenido durante meses y meses la
desconfianza hacia la vacuna del Instituto Gamaleya, aduciendo la falta de
información y el descrédito hacia el Gobierno Ruso. “Que se la pongan primero los políticos para ver si es tan efectiva
como dicen…”, se escuchaba desde muchas plateas mediáticas. Se cerraba
ahora la última puerta que los farabutes de la pseudociencia tenían para
oponerse a esta vacuna. Comenzaba un proceso de valorización y apreciación de
expectativas en torno a la Sputnik desde todos los sectores sociales. Era una
moneda de oro que levantaba su valor a cada segundo. Por otro lado, lo que
sucedió fue que el 10 de Diciembre pasado, el entonces Ministro de Salud de la
Nación, Ginés González García, twiteó que la Argentina estaría en condiciones
de vacunar a 5 millones de personas, sumado a otras 5 millones más en Febrero.
La incesante generación de expectativas incumplidas, dinamitó la confianza
sanitaria de una sociedad golpeada moral, psicológica y económicamente por las
recurrentes restricciones a los brotes de contagio. De prematuro confinamiento
y de prolongada cuarentena, la gente fue erosionando poco a poco su voto de
confianza en la dirección pandémica del gobierno. Más aún del entonces Ministro
González García, quién, pese a sus notables esfuerzos y sus grandes desafíos,
sufría (como nunca antes) de una incontinencia verbal pocas veces vista en un
Ministro. Acreditada la altísima eficacia de la Sputnik V, incumplidas las promesas
del maremoto de vacunas en Enero y Febrero, el anoticiamiento de una vacunación
por contactos políticos concluyó por implosionar el terraplén de hormigón
armado en el que GGG se encontraba parado fruto de su confianza con el
Presidente como de su trayectoria en la especialidad Sanitaria.
El
30 de Diciembre de 2020, en las horas posteriores a la efusiva jornada donde
Argentina legalizaba la Interrupción Voluntaria del Embarazo, el Ministerio de
Salud de la Nación publicaba la Resolución N° 2883/2020 llamado PLAN ESTRATEGICO PARA LA VACUNACION CONTRA
LA COVID-19 EN LA REPUBLICA ARGENTINA. En él se establecían definiciones,
criterios y una agenda programática estimativa para dar inicio al proceso de
inmunización vacunatoria en nuestro país. Allí se delimitó claramente el
escalonamiento de vacunación por criterios sanitarios y estratégicos. Se
comenzaría por Personal de Salud, luego
por el Personal Estratégico (criterio
político), Personas mayores de 70 años,
Personas de 60 a 70 y por último Personas
entre 18 a 59 años priorizando aquellos con comorbilidades.
Sin embargo, la Rectoría del Plan (como lo definió el propio anexo de la Resolución) se quebró en pedazos para dar lugar a los amigos de funcionarios, a las personas con influencia, a los que tenían algún crédito que cobrar o asumirían alguna deuda con tal de vacunarse. La nómina fue imperdonable: no solo por los nombres de deleznables sujetos de la derecha recalcitrante como Eduardo Duhalde y su familia, empresarios multimillonarios y dueños de medios, sino fundamentalmente por la larga lista de dirigentes y funcionarios que abonan en el Frente de Todos. Un Frente de Todos parido y eclosionado a partir de la experiencia devastadora y apocalíptica del macrismo que se sigue pagando hasta estos días. Un espacio político de carácter refundacional para las fuerzas nacionales y populares, un esquema de alianzas nuevo, dejando las miserias y las diferencias en el pasado. Observando la reconstrucción nacional como horizonte único luego del saqueo ininterrumpido de 4 años que supuso la administración anterior. Pero principalmente se constituyó una atmósfera política donde la corrupción y las mezquindades propias no tendrían lugar. El conductor natural de dicho espacio, Alberto Fernández, expresó en innumerable cantidad de ocasiones, desde su asunción hasta estas horas, que se acabaría la Argentina de los vivos, de los pícaros y de los especuladores. La noción que vertía el Presidente era clarísima: no solo había que reconstruir la economía y el tejido social sino que había que fundar nuevos cimientos éticos y morales sobre los que deba asentarse, de ahora en adelante, todo el país, pero principalmente la política. Aquellas palabras que instaban a todo el pueblo, parecían desmoronarse en los últimos días. Tras haber pasado una breve agitación con el Caso Victoria Donda, la verdadera turbulencia llegó con el Caso Vacunatorio VIP. Y Fernández, contradiciendo el criterio adoptado previamente para Donda, esta vez decidió pedirle la renuncia a Ginés González García.

El hombre que había recuperado el Sistema de Salud post-alianza en el 2001, ideador del Plan Remediar, creador del sistema de remedios genéricos que le llevó su enemistad con los grandes laboratorios del país, el diseñador de las políticas públicas sanitarias más transformadoras desde la joven democracia, debía dejar su cargo envuelto en un escándalo sin precedentes. No tendría en su haber una mancha por corrupción o por peculado. Jamás se le pudo endilgar una sociedad comercial con los grandes monstruos de la salud que fueron los laboratorios. Participaba de una vieja idea de Salud Nacional, en un contexto anacrónico con la Salud Provincializada, pero persistía en su intento. Dejaba su cargo con una carta de despedida que quien la leía sentía en sus renglones que se había cometido con él una injusticia. Sin embargo, debía dejar el cargo porque un proyecto político que propone refundar la moral y la ética nacional, luego de décadas de esquemas corrompibles, no podía admitir prebendas ni privilegios, menos aún en un contexto tan desigual como una pandemia. Ginés se iría así con la única deuda saldada de su anterior gestión: la sanción de la Interrupción Voluntaria del Embarazo, un viejo anhelo que siempre decía quería conquistar antes de morir. Y lo hizo. No obstante, la pandemia no dejó relucir su brillo de gestión. Agarró una Secretaría de Salud y la volvió Ministerio, reflotó los presupuestos necesarios para combatir las silenciosas epidemias como Dengue, Sarampión y Meningitis que el macrismo había dejado explotar durante su desgobierno. Mejoró los índices de atención sanitaria, amplió la red de articulación nacional y recuperó los remedios gratis para los jubilados. Dentro de su programa de gestión, volvía a estar la lucha por infestar de remedios genéricos las farmacias para que la gente pueda acceder a ellos. Se le plantó de manos a Pfizer (cuyo accionista primordial es el fondo tenedor de bonos nuestra deuda BlackRock) cuando esta intentó imponer condiciones abusivas y coloniales al país. Probablemente su factura haya venido por ahí. Nadie sale ileso cuando cultiva broncas con monstruos internacionales del mundo de los laboratorios. Sin dudas, merecía una revancha. Pero no se pudo: Ginés tuvo que pagar el precio de los nuevos tiempos. Un tiempo donde no pueden predominar las prerrogativas de poder, no prima el status quo ni la influencia de amistades. Cometió un error que fue primar a algunos conocidos en la lista de vacunados. Conocidos que tarde o temprano recibirían la vacuna, incluso la mayoría de ellos estaban muy próximos por pertenecer a la población de riesgo mayor de 60 años. Sin embargo, pareció ser que encontraron un atajo, se adelantaron algunas semanas a sus turnos y con ayuda del Ministerio de Salud (aún no se pudo precisar si fue Ginés González García o su secretaria, tal como él lo expresa) lograron aplicarse la tan ansiada y cotizada socialmente vacuna contra el Covid19. Al frente quedará Carla Vizzotti, la joven infectóloga argentina que vio el estrellato trayendo el primer lote de vacunas Sputnik al país luego de permanecer casi 2 meses en el gigante siberiano.

Ante
todo esto, la actitud tomada por el Presidente Fernández ha sido aleccionadora.
Con mucho dolor, como lo expresó él
mismo, tuvo que pedirle la renuncia a un Ministro con espalda de Presidente
como Ginés. Y este, en una actitud muy loable, acompañó sin remordimientos la
decisión presidencial en aras de otorgarle salud y transparencia a la gestión.
Los privilegios de la política, hoy son inadmisibles. No podrían serlo más aún
en este contexto de desazón, de crisis y de ruptura de la moral colectiva.
Parecen haberse acabado las épocas donde los familiares de los presidentes
entraban a los blanqueos por decreto o las condonaciones de las deudas
familiares, como sucedió con Macri. No cabe ya la posibilidad de que existan
Nickys Caputos, Marcelos Mindlin o Juan José Aranguren. La patria de las mil
familias ha quedado atrás. El apartamiento de GGG, su aceptación de la
responsabilidad, su carta, hablan de una salud muy optimista en el seno de la
administración. El umbral ético es alto y lo respetamos. Lo público, lo común,
el patrimonio colectivo adquiere otro sentido. Anteriormente, los funcionarios como
Jaime, Caputo, Dietrich, Quintana y el mismísimo Macri, beneficiaban las mieles
familiares y personales sin que ello importe el más remoto avergonzamiento y
estupor social.
Así
que celebro notoriamente la actitud condenatoria social. No somos eso. El Frente
de Todos reviste otro concepto fundacional y persigue otros horizontes. Si en
el camino, alguno de los tripulantes, desorientado, obnubilado, corrompido,
decide cambiar de dirección, se lo bajará inmediatamente del convoy y se lo
apartará del camino. La sociedad pedía a gritos un nuevo contrato social donde
la ética descienda como principio rector y dinamite las relaciones atrofiadas
del poder. Ahora el poder respondió. Le toca a la sociedad interpelarse cuánto
cambió desde entonces para exigir conductas pulcras e impolutas al poder.
El
Gobierno Nacional afronta un alboroto propio de un año electoral. Las
operaciones están a la orden del día. De estas, hay miles. Pero aun
respondiendo reactivamente y a tiempo a estos traspiés, lo que queda, de cara a
un año electoral importantísimo, son deudas programáticas: avanzar contra la
renta concentrada; desmonopolizar los medios y servicios públicos; elevar la
calidad de la salud y educación; frenar el espiral inflacionario mortal que
recae primordialmente sobre los alimentos; recuperar a las millones de personas
que la pandemia arrojó a la pobreza y a los pobres que el Covid empujó hacia la
indigencia; recuperar la soberanía marítima; reformar integralmente la
justicia; federalizar el desarrollo nacional y descentarlizarlo de CABA;
reactivar la derruida industria nacional y recuperar cientos de miles de
puestos de trabajos perdidos durante la gestión Macri y durante la pandemia.
Poco de esto se ha visto reflejado en la gestión de Fernández. La pandemia ha
sido una buena excusa para no avanzar sobre temas trascendentales y de vital
importancia. Si los dirigentes no advierten el enojo de la sociedad a tiempo y
fundamentalmente la desilusión de la propia base militante que esperaba un
proceso de reconfiguración del pobre como sujeto pleno de derechos, el Frente
de Todos no tendrá mucha vida electoral ni política.
Es
importante demostrarle a la gente que el Contrato Electoral firmado en Octubre
de 2019 sigue intacto y con intenciones de ser cumplido. Una pandemia frenó muchísimas
acciones del gobierno que estaban en la gatera. Otras, que debía tomarlas sin
dubitaciones, fueron marcha atrás o flaquearon en el intento. Amén de ello, se
debe insistir en contagiar una percepción esperanzadora. El Covid19 puede
funcionar como una gran limitante durante estos primeros años de gestión pero
es indispensable dotarlo de su carácter provisorio y excepcional: cuando la
ocupación deje de ser el virus, debe ejecutarse el Programa Político sin peros
ni tibiezas, quitando los privilegios que haya que quitar y otorgando los
derechos que hemos dicho, hasta el hartazgo, que venimos a conquistar. Pero en
el mientras tanto, el cuidado intensivo de las acciones de gestión resultan de
vital importancia para no dinamitar la considerable esperanza que aún la gente
deposita en Alberto Fernández. Se esperan cambios, muchos y algunos drásticos.
Esencialmente en los nombres que dan vuelta luego de que la Vicepresidenta, en
el Estadio Unico de la Plata, instara a
los ministros y funcionarios que tengan miedo, a que se busquen otro laburo.
Anteriormente, las mismas palabras fueron esbozadas por ella argumentando que hay funcionarios que no funcionan. Los
intérpretes más finos de Cristina dan cuenta que se requieren cambios en el
área de Justicia, Cancillería y Comercio
Interior: Losardo, Solá y Español, los nominados.
